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| 9/3/1984 12:00:00 AM

EL SOL A LAS ESPALDAS

Preocupante panorama nacional al cumplirse el segundo año de gobierno

A Belisario Betancur le llegó la hora del sol a las espaldas. El adagio coloquial, según el cual las cosas son más difíciles para cualquier Presidente cuando completa su segundo año de gobierno, se está convirtiendo en realidad. Ni siquiera el mito de la popularidad de Betancur pudo esta vez romper la tradición. El 7 de agosto de 1984, el actual mandatario no era ya el superhombre que había sido hasta hace pocas semanas, sino un Presidente más enfrentado a las inevitables realidades que el rito del gobierno entraña para cualquier mortal. Meses atrás, aún se podía decir que el Presidente iba bien y el gobierno, regular. Ahora, independientemente de cómo le esté yendo a Betancur, es indiscutible que al gobierno le está yendo muy mal. Si alguna duda quedaba de esto, el Presidente mismo la disipó hace 15 días cuando, palabras más, palabras menos, afirmó ante gremios y sindicatos que el país estaba quebrado.
Las cifras no podían ser más aterradoras. El déficit, que al iniciarse el gobierno de Betancur apenas rondaba los 20 mil millones de pesos, aumentó a 70 mil millones al finalizar el año pasado y puede fácilmente llegar a 140 mil millones al terminar 1984. Las reservas internacionales fueron cayendo en forma alarmante de más de 5 mil millones en 1982 a apenas 4 mil millones en el 83, para quedar, según las proyecciones más optimistas, en unos mil 800 millones de pesos cuando finalice el 84. El desempleo también muestra índices no lejanos a la catástrofe: 9.5% en junio de 1982, 11.5% en junio del 83 y más del 14% en junio de este año, con el agravante de que, por primera vez en mucho tiempo, se registró entre marzo del 83 y marzo del 84 una disminución real del total de empleos en el país. El Producto Interno Bruto que había mostrado un crecimiento de 2.3% en 1981, fue sólo de O.9% en el 82, de 0.8% en el 83 y para este año parece difícil que, aunque se han dado algunos indicios de reactivación, sobrepase el 1.4%. Entre tanto el peso ha acelerado su ritmo de devaluación: el dólar estaba en 64 pesos en julio del 82, llegó a 78 en julio del 83 y estuvo por encima de 102 pesos en julio de este año. Entre julio del 82 y julio del 83, el índice de devaluación fue del 22% y en ese mismo lapso entre 83 y 84, aumentó a un 30%. Sólo la inflación parece ser un buen índice, ya que descendió del 24% en julio de 1982, al 22% en julio del año siguiente, hasta llegar a un 15% hacia julio del 84. Sin embargo, algunos observadores no descartan que durante el segundo semestre de este año, la tendencia se invierta a causa de la emisión anunciada y de la eventualidad de nuevos impuestos.
Curiosamente, no obstante este panorama, se sigue haciendo una diferencia entre el prestigio del Presidente y el de su gobierno. Aun cuando en la clase empresarial e importantes sectores de la clase política el antibelisarismo alcance niveles de desprecio, entre el pueblo raso Betancur todavía "aguanta". Los anticipados fracasos de sus promesas electorales aún no le están siendo cobrados por las clases populares. De las 400 mil viviendas sin cuota inicial ofrecidas, ya es un hecho que difícilmente se llegará a la mitad. La universidad a distancia, que muchos no entendían cuando aún no existía, sigue siendo una incógnita, ahora que se supone que existe. Y la promesa categórica de no aumentar impuestos, parcialmente incumplida con el IVA, pasaría a ser definitivamente violada de cumplirse lo anunciado por el nuevo ministro de Hacienda.
El grueso del electorado, sin embargo, es siempre escéptico frente a las ofertas de campaña presidencial y en cierta forma las perdona benignamente como "pecadillos" electorales. La popularidad de los Presidentes en Colombia no se mide tanto con base en sus ejecutorias, sino más bien con base en la imagen que se tenga de su personalidad y, en este sentido, Betancur ha jugado bien sus cartas. A nivel popular, son muchos los que no le atribuyen personalmente la culpa de lo que está sucediendo en el país, creyendo que obedece a circunstancias ajenas a su control. Sin duda alguna, lo ayuda una identidad de clase. Mucha gente se consuela pensando que el Presidente es un hombre sencillo, "alguien como uno", que si bien no puede solucionar los problemas, por lo menos entiende lo que sienten sus gobernados al respecto. Cuando les llega la hora del sol a las espaldas, los Presidentes comienzan a ser percibidos como enemigos. Betancur, con más problemas que la mayoría de sus antecesores y una pérdida relativa de popularidad, sigue siendo considerado como un Presidente amigo.
Pero, amigo o no amigo, ¿cuál es el grado de responsabilidad de Betancur en lo que está sucediendo en Colombia? En esto, es necesario diferenciar dos grandes áreas: el orden público y la situación económica. En cuanto al primero, la responsabilidad del Presidente es total. Al llegar al poder, Betancur cambió en forma radical las reglas del juego que existían entre el sistema y los enemigos del mismo, asumiendo automáticamente los riesgos que esto conllevaba. De la mano dura y el no reconocimiento pasó a la mano tendida legitimizando a los subversivos de otrora. La evolución, buena o mala, de los eventos de orden público del último año pueden ser atribuídos a este viraje.
En lo que se refiere a la situación económica, su responsabilidad es parcial. Algo hay de heredado y algo de circunstancias internacionales. Pero como muchos críticos han venido demostrando en estos días, el gobierno está lejos de salir inmaculado de un examen de su política económica. La acusación no es solamente la de crear falsas expectativas, como se decía antes, sino más bien la de una imprevisión que raya en la irresponsabilidad.
Desde un principio, el gobierno hizo sus cálculos con base en una expectativa de reactivación que no se cumplió y que, a primera vista, ya no se cumplirá durante la vigencia de la actual administración. No obstante algunas excepciones como los indicios de retorno a la normalidad en el Magdalena Medio, los procesos de reactivación de los distintos sectores de la economía son muy lentos y están determinados en gran parte por factores sicológicos que pesan en las decisiones de los inversionistas. A este respecto, las palabras diálogo, apertura democrática y Belisario Betancur, son sinónimos de inseguridad. De ahí que, no obstante que la evolución de los factores económicos pueda llegar a ser favorable, las grandes decisiones en materia de inversión sólo serán tomadas cuando el actual Presidente abandone el Palacio de Nariño. Cualquiera de sus posibles sucesores, Barco, Gómez, etc., producirían el cambio de actitud necesario para generar el impulso que requiere cualquier reactivación económica.
Todo esto permite anticipar que el gobierno de Belisario Betancur Cuartas, juzgado bajo los parámetros de un cuatrienio presidencial ordinario, puede llegar a ser un fracaso. El Presidente, al jugársela toda en su carta de la paz, se ha sometido necesariamente a ser medido en una dimensión histórica superior. Si ésta no funciona, el fracaso será total. Si resulta, cualquier cosa que haya hecho mal o que haya dejado de hacer será completamente insignificante comparada con la magnitud de lo logrado. Para él, lo que está en juego ahora es todo o nada: no se trata de dejar un balance favorable tangible de su mandato, sino de sentar las bases de una sociedad con mejores perspectivas para las próximas generaciones.--
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