Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/03/13 00:00

El soldado herido

Este es el drama del soldado Josué Daniel Calvo, herido desde hace 11 meses cuando fue secuestrado en medio de un combate. Podría ser liberado junto con el sargento Pablo Emilio Moncayo en estos dias, si todo sale bien.

Nadie sabe a ciencia cierta qué tan grave está el soldado Josué Daniel Calvo. Hace 11 meses las Farc lo secuestraron cuando cayó herido en un combate. Ahora los guerrilleros dicen que lo cargan en una hamaca por la selva

Un escueto comunicado de las Farc tiene en vilo a la familia del soldado Josué Daniel Calvo. En una línea dicen que el joven militar tiene que ser cargado en hamaca todo el tiempo, en medio de fuertes combates.

La preocupación no es menor. Josué Calvo fue secuestrado por el frente 27 de las Farc el 20 de abril del año pasado durante un combate. El batallón de contraguerrilla al que pertenecía se internó en la zona montañosa de El Encanto, en Vista Hermosa, Meta, tras las huellas de por lo menos 200 guerrilleros que habían estado merodeando el área en esos días. Calvo iba a la vanguardia de la patrulla y, según han relatado algunos de sus compañeros, muy adelantado, cuando los soldados se dieron cuenta de que había caído en una emboscada. Hubo disparos y todos retrocedieron. Pero Calvo ya no estaba con ellos. Hubo confusión. Mientras sus superiores lo daban por desaparecido y pensaban que él pudo haberse guarecido en algún lado de la selva, otros de sus compañeros dicen que cayó herido de inmediato, y que no pudo echar para atrás como los otros.

Los guerrilleros lo arrastraron y se lo llevaron. Días después, los militares encontraron su cantimplora y su toalla y se dieron a su búsqueda, inútilmente.

Ahí empezó el calvario de la familia. Durante varias semanas buscaron información sobre su paradero. Las Fuerzas Armadas lo daban por desaparecido, pero no podían confirmar que estuviera secuestrado, pues no habían encontrado rastros de sangre donde ocurrió el combate. Sólo dos meses después, en junio, las Farc admitieron que el soldado estaba en su poder, que estaba herido y que sería liberado. Su padre, don Luis, salió por todos los medios radiante de optimismo ante la inminente liberación. Pero el tiempo pasó y se interpuso una cadena de obstáculos políticos más larga que las anteriores.

Aunque hace tres semanas la liberación parecía inminente, las elecciones se convirtieron en un nuevo rifirrafe entre el gobierno y la senadora Piedad Córdoba. Quedó claro que sólo se garantizarían las condiciones después de este domingo. Pero cada día se hace eterno para la familia, especialmente después de que los insurgentes admitieron que Calvo está tan enfermo, que no puede moverse por sus propios medios.

Calvo es un joven de 23 años que desde hacía cuatro había ingresado lleno de ilusiones al Ejército. Vivía en un corregimiento de El Tambo, Cauca, con su papá y su hermana, y el sustento de la familia se derivaba de una pequeña tienda. El muchacho culminó la primaria y desde muy pequeño soñaba con entrar al Ejército. Lo logró cuando llegó a la mayoría de edad y fue admitido como soldado profesional. Primero estuvo combatiendo en Putumayo, y luego en Meta. Solía decirles a sus familiares que estaba haciendo méritos para ser enviado al Sinaí, una misión que los militares consideran un gran premio a sus carreras.

Justamente por la incorporación de Josué Daniel al Ejército su familia tuvo que desplazarse de El Tambo, pues la guerrilla comenzó a desconfiar de ellos. A la incertidumbre del destierro se sumó la de una liberación varias veces aplazada, que se podría concretar esta semana.

La senadora Piedad Córdoba anunció que ya tiene en su poder las coordenadas que les serán entregadas a los pilotos brasileños en pleno vuelo. También ha dicho que el operativo se hará en dos partes: una primera para traer a la libertad a Calvo, quien muy probablemente no está muy lejos de donde cayó herido en combate; y otra para traer al cabo Pablo Emilio Moncayo y el cadáver del capitán Guevara. Ambos, se presume, están entre Guaviare y Vichada.

En principio, no hay razón para más aplazamientos y todas las condiciones están dadas para que estos humildes hombres vuelvan a sus casas. A Moncayo lo tiene a las puertas de la libertad la solitaria campaña que emprendió su padre para lograr su liberación. A Calvo, su condición de soldado raso y también seguramente sus heridas.

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