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| 9/22/2007 12:00:00 AM

El soldado holandés

Tanja Nijmeijer, la joven holandesa que terminó de guerrillera de las Farc, no es la única ciudadana de su país involucrada en la guerra en Colombia.

Durante las últimas semanas el caso de la joven holandesa que terminó en las filas de la guerrilla ha dado mucho de qué hablar en Colombia y en Holanda. En su país natal, así como en buena parte de Europa, el tema de Tanja Nijmeijer ha ocupado en repetidas oportunidades los titulares de prensa. Apartes del diario personal de la muchacha, que fue encontrado hace dos meses por el Ejército colombiano cuando atacó el campamento en donde se encontraba, han sido reproducidos en diversos medios en ambos países. La vivencias narradas por la guerrillera, que ingresó a las Farc en 2002, han producido todo tipo de reacciones. En su país y en Colombia no muchos entienden cómo una joven que tenía todas las oportunidades optó voluntariamente por involucrarse en una guerra ajena y militar en un grupo terrorista como las Farc. Lo que pocos saben es que Tanja no es la única ciudadana de Holanda metida en el conflicto colombiano.

Unos meses antes de que la holandesa decidiera meterse con las Farc, otro compatriota suyo ya había tomado la decisión de empuñar las armas. Pero, a diferencia de ella, lo hizo para defender el Estado desde las filas del Ejército. El nombre de este holandés es David Böhn. La historia de cómo resultó metido en la guerra colombiana es tan sorprendente como la de Tanja.

Böhn es hijo de un marino mercante holandés, quien en sus múltiples viajes conoció a una mujer de Buga, Valle, con quien se casó. Aunque David nació en Colombia en 1980, poco antes de los tres años partió con su familia rumbo a Rotterdam, Holanda. Estudió todo el bachillerato en Haarlem, Holanda. Para entonces ya hablaba con fluidez español, holandés e italiano.

Cuando su familia estaba segura de que David iba a aceptar algunas de las becas que ya tenía para estudiar en universidades de La Haya o de Utrecht, el joven los sorprendió con la noticia que había tomado la decisión de regresar a Colombia para "poner su grano de arena" en la búsqueda de la paz de la tierra de su mamá, Margarita.

La forma de hacerlo era enrolándose en el Ejército. Y así lo hizo. A finales de 2001 se alistó como soldado regular en el Batallón Nariño de Barranquilla. Los oficiales a su cargo se dieron cuenta de que hablaba varios idiomas y lo enviaron al Batallón Colombia en el Sinaí, en donde fue condecorado. Cuando regresó de prestar su servicio recibió la baja reglamentaria, pero Böhn no quería dejar el Ejército y sentía que no había hecho lo que realmente quería. Nuevamente se enlistó, pero esta vez como soldado voluntario. Después del reentrenamiento, fue asignado a una unidad en el sur de Bolívar. A los cinco meses ingresó a las Fuerzas Especiales del Ejército, una unidad de elite en la que recibió formación de comando y de paracaidista. Sus compañeros lo bautizaron como el 'Gringo' porque se le enredan algunas palabras en español.

Böhn siempre estuvo en zonas de guerra. Tuvo decenas de enfrentamientos con la guerrilla, pero contó con la suerte de nunca salir herido. Como si se tratara de una ironía del destino, algunas de las regiones y los frentes de las Farc contra los que combatió fueron los mismos en los que estaba su compatriota, la guerrillera Tanja. En abril del año pasado, y después de haber permanecido seis años en el Ejército, Böhn se retiró de la milicia. Sus antiguos compañeros de armas y el Ejército le perdieron el rastro desde entonces. Sólo saben que con el mismo anonimato con el que combatió partió rumbo a Holanda. Allá posiblemente se enteró por las noticias de que otra compatriota suya, Tanja, estaba al mismo tiempo en la misma guerra que él. Pero ella estaba del lado equivocado.
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