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| 10/8/2011 12:00:00 AM

El sucesor

Con solo 35 años, Alejandro Santo Domingo Dávila queda al mando del imperio que dejó su padre.

Al frente del Grupo Santo Domingo queda el joven Alejandro Santo Domingo Dávila. Es la tercera generación de una familia que ha marcado la historia empresarial de este país. Hijo de Julio Mario Santo Domingo Pumarejo, el industrial que creó el mayor emporio empresarial del país, y nieto de Mario Santo Domingo, pionero de la aviación comercial colombiana.

A sus 35 años, Alejandro Santo Domingo maneja un portafolio de inversiones que, solo en cerveza, se acerca a los 9.000 millones de dólares. Él mismo participó en la operación de fusión de Bavaria -eje del grupo- con SABMiller, en 2005, por medio de la cual la familia Santo Domingo se quedó con el 15,1 por ciento de la compañía anglosudafricana, convirtiéndose así en el segundo accionista de la segunda cervecería más grande del mundo.

Pero este es solo uno de los negocios que ahora están bajo la dirección de Alejandro. En el portafolio de inversión de esta nueva era del grupo están empresas de entretenimiento y de medios de comunicación, como Caracol Televisión, El Espectador, Cromos y Cine Colombia. En el sector de los servicios de logística, posee uno de los operadores más grandes del país. En la agroindustria, inversiones en la Orinoquia, el nuevo polo de desarrollo agropecuario de Colombia. En el negocio urbanístico e inmobiliario está desarrollando grandes proyectos en Bogotá y otras ciudades. También hay inversiones en energía, transporte y biocombustibles. Y muchas más fuera del país en hotelería y energía, entre otras.

Bajo su nueva visión de los negocios, el grupo ha empezado a cambiar de mentalidad y ha girado hacia un fondo de capital privado con el que se adquieren compañías, se maduran y se venden. Quienes han seguido de cerca la historia de este conglomerado empresarial creen que el Grupo Santo Domingo ha dado un giro radical al pasar de las manos de Julio Mario a las de su hijo.

Pese al gigantesco portafolio de inversiones globales que compone hoy esta organización, el grupo está lejos de ser el emporio industrial nacional que creó Julio Mario Santo Domingo y que en algún momento de los años ochenta y noventa llegó a tener cerca de 140 empresas. Entre ellas, Bavaria, Avianca, Caracol Radio, Sofasa, Presto, Orbitel.

Alejandro es un empresario para los tiempos actuales. Si su padre fue un verdadero jugador de póker en el mundo industrial, arriesgado, audaz y astuto para hacer negocios y comprar empresas, Alejandro es un agudo banquero de inversión, racional, analítico y financista que se detiene en cada detalle.

En una entrevista que le dio a esta revista hace unos meses, Alejandro señaló que, como su padre, le gusta apostar duro y tomar riesgos. "De mi padre aprendí, entre muchas otras cosas, la importancia de enfocarme en la caja y la liquidez que generan los negocios. A ser prudente con el apalancamiento y a tomar riesgos midiendo las implicaciones de los mismos", dijo.

Estudió Historia en la Universidad de Harvard y como banquero se formó en Nueva York, al lado de la barranquillera Violy McCausland, una de las banqueras de inversión más reconocidas de América Latina. Fue directamente Julio Mario quien le pidió un entrenamiento para su hijo, y allí estuvo casi cinco años.

Estos primeros años de aprendizaje fueron enriquecedores. Con apenas 23 años, a Alejandro le tocó ser testigo, cuando trabajaba en Nueva York de la mano de Violy, de las más importantes fusiones y adquisiciones de América Latina. Era la época de oro de la economía mundial y los negocios en la región brotaban todos los días. Violy dice que Alejandro mostró desde el primer momento no solo habilidades para los negocios, sino, sobre todo, carácter, que es a veces más importante. En aquellos años de entrenamiento, Alejandro se destacó por su disciplina e iniciativa.

Desde que asumió las riendas del grupo, a su lado ha estado su primo hermano Carlos Alejandro Pérez Dávila, otro reconocido banquero de inversión con quien comparte realmente la administración del portafolio de inversiones que hoy es el Grupo Santo Domingo. También cuenta con el apoyo de su primo, Felipe Pérez Dávila.

Muchas de las personas que estuvieron más cerca de Julio Mario Santo Domingo en el pasado, hoy afirman que se está cumpliendo el deseo que siempre albergó el industrial: que su hijo Alejandro tomara las riendas del grupo. Queda la incógnita de saber si hubiera querido que el emporio industrial se transformara tan rápidamente en un grupo financiero.

Alejandro es hijo del segundo matrimonio de Julio Mario, con Beatrice Dávila (de quien era familiar lejano). Su hermano, Andrés Santo Domingo Dávila, se inclinó por las artes y la música y se ha destacado en este campo, pero está lejos del mundo de los negocios. Hay que decir que Alejandro heredó la otra pasión de Julio Mario Santo Domingo: el arte. Es un gran coleccionista y aficionado a la música -especialmente al jazz- y conocedor a fondo de literatura y cine.

Su hermano mayor, Julio Mario Santo Domingo Braga, quien falleció hace poco, a los 51 años de edad, era hijo del primer matrimonio de su padre, con la aristócrata brasileña Edyala Braga. Julio Mario Jr. se hizo banquero de inversión y tenía su propia firma en Nueva York.

El joven Alejandro heredó de su padre la habilidad para los negocios y también su talante para moverse cómodamente en el mundo del poder y el jet set internacional. Es uno de los solteros más cotizados de Nueva York y, según la revista Vanity Fair, uno de los hombres mejor vestidos.

Sin duda, el nieto de Mario Santo Domingo, el hombre más rico de Barraquilla; y el hijo de Julio Mario, uno de los multimillonarios del orbe, es un hombre del que hablarán por muchos años en el mundo de los grandes negocios. No solo porque sin duda va a multiplicar la fortuna que hereda de su padre, sino por el legado que dejará su vena filantrópica.
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