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| 10/20/2007 12:00:00 AM

El ‘sueño americano’

Los narcos ya no prefieren una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos. Ahora prefieren la extradición a una cárcel en Colombia.

Aunque no existe tratado de extradición con Estados Unidos, el Departamento de Estado no se puede quejar. Colombia batió el récord en materia de extradiciones a través de la llamada cooperación judicial. La cifra alcanza los 780 colombianos extraditados en los últimos cinco años. La mayoría ya logró arreglar su problema con la justicia estadounidense y ahora vive feliz y tranquila en territorio norteamericano. Para la Casa Blanca es un gran logro. Para los narcos también. Pero Colombia está pagando el precio de quedarse sin la verdad judicial sobre muchos crímenes de la mafia que sólo les interesan a los colombianos. Es tal el desespero de los narcos de irse a rendir cuentas a los estrados norteamericanos, que 105 extraditables del patio 7 de la cárcel de máxima seguridad de Cómbita, Boyacá, presionan su extradición con una huelga de hambre que comenzó la semana pasada. La noticia es insólita y prueba una vez más que la frase acuñada por la mafia en la época del narcoterrorismo "Prefiero una tumba en Colombia que una cárcel en Estados Unidos", ya forma parte del pasado. "Todos quieren irse rápido porque en Colombia la justicia no funciona. Si van allá les dan cuatro años. Acá terminan con 30 años de cárcel", le dijo a SEMANA Francisca Ponce, vocera de 300 familias de extraditables.

Esta noticia era impensable entre los años 80 y 90 cuando, por culpa de la extradición, el país soportó la intimidación y la guerra que le declaró el cartel de Medellín al Estado y a sus instituciones. En el 84 fue asesinado el ex ministro Rodrigo Lara Bonilla. Como consecuencia de su crimen se inició en Colombia la extradición y Hernán Botero Moreno y Carlos Ledher Rivas fueron condenados a cadena perpetua por la justicia norteamericana. Luego vino la presión jurídica. La mafia, con la ayuda de connotados penalistas, logró tumbar la extradición, que estuvo suspendida entre diciembre de 1986 y agosto de 1989. En este último año, Pablo Escobar asesinó al candidato presidencial Luis Carlos Galán y al día siguiente del magnicidio todo el mundo pedía a gritos que se reviviera la extradición.

En los 90, cuando el narcoterrorismo ya era insostenible, las autoridades optaron por negociar directamente con los narcos y se les ofreció no extraditarlos a cambio de su colaboración . En 1991 Pablo Escobar invirtió más de dos millones de dólares para vivir en su propia cárcel, La Catedral, de donde se escapó 13 meses después, con varios de sus lugartenientes.

Luego vendría la presión del gobierno del presidente Bill Clinton para que se volviera a reformar la Constitución. Fue un proceso largo y difícil. En diciembre de 1997 el presidente Ernesto Samper y su ministro Horacio Serpa, hábilmente, consiguieron que el Congreso modificara el artículo, introducido por la constituyente, que prohibía la extradición de nacionales, pero a partir de la fecha de la nueva reforma. Colombia recibió desde Washington las más efusivas felicitaciones, pero la mafia también celebró que sus miembros no podrían ser juzgados por los delitos cometidos antes del 97.

A partir de ahí, la vida de los mafiosos se podría resolver fácilmente. Unos decidieron creer en la justicia colombiana y se sometieron a ella, como los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, Víctor Patiño, Iván Urdinola, Helmer 'Pacho' Herrera, Orlando Henao y Juan Carlos Ramírez, 'Chupeta'. Otros prefirieron ponerle la cara a la justicia norteamericana y se acogieron al programa de 'Resocialización de narcotraficantes', liderado por el fotógrafo Baruch Vega, un informante de la DEA, para negociar directamente con Estados Unidos. Luego de cuatro reuniones en Panamá y de la entrega de parte de su fortuna, fueron juzgados con leves sentencias y hoy gozan de libertad. Paradójicamente, a los primeros les fue mal y a los segundos, muy bien.

La justicia estadounidense hizo un buen negocio. Les ofreció rebajas hasta del 70 por ciento de las condenas si declaraban en contra de los grandes capos que insistían en ir a juicio. Nicolás Bergonzoli, conocido en las AUC como 'Don Julián', quien trabajó primero para el extinto Hélmer 'Pacho' Herrera del cartel de Cali, y luego para Carlos Castaño, fue uno de los beneficiados. Desde cuando se despidió de su grupo, el 24 de agosto de 2000 con una tremenda fiesta en la que estuvieron, entre otros, su novia, una reconocida modelo y los jefes paramilitares, 'Don Berna', Salvatore Mancuso y Vicente Castaño, su vida cambió en Estados Unidos. Pagó una millonaria suma en dólares y estuvo sólo 24 meses en la cárcel de Loreto en Pensilvania. Salió libre y montó una cadena de comidas rápidas.

Al igual que Bergonzoli, otros poderosos narcos se le escaparon en 1999 a la llamada 'Operación Milenio' y a espaldas del gobierno colombiano arreglaron sus problemas con Estados Unidos: el extinto Julio Fierro; Orlando Sánchez Cristancho, quien hoy disfruta de un criadero de caballos en Florida; Carlos Ramón Zapata y su cuñado Juan Gabriel Usuga, a quienes les rebajaron sus condenas por cooperación y hoy están libres. Y sus otros aliados, capturados en la redada de 'Milenio', también llegaron a un acuerdo con la justicia. Varios testificaron en contra de Fabio Ochoa Vásquez, extraditado en esa operación policial y gracias a su testimonio gozan hoy de la libertad. Pero ahora se viene a saber que el jefe de la organización, Alejandro Bernal Madrigal, a quien le prometieron el oro y el moro para atestiguar en contra de Ochoa, está arrepentido porque la justicia norteamericana le incumplió por su delación. "Él dice que los fiscales lo adiestraron para atestiguar en contra de Fabio y que le habían prometido visas para él y su familia, devolverle los bienes confiscados, y una condena mínima. Dice que juró en vano y fuera de eso le incumplieron, lo que lo tiene muy contrariado", dijo la hermana de Fabio, Marta Nieves Ochoa.

Pero aunque a algunos les va mal, a la mayoría le va bien. José Castrillón Henao, quien manejó durante años el negocio de la coca por Buenaventura, fue extraditado en 1998 y en 2002 ya estaba libre, a pesar de los asesinatos que cometió en la costa Pacífica. El hombre de confianza de los hermanos Mejía Múnera, 'Los Mellizos', Félix Chitiva, un poderoso narco que acusaban de enviar 10 toneladas de cocaína a Estados Unidos, delató a sus jefes y les entregó a las autoridades el sitio de ubicación de 35 millones de dólares que los capos tenían escondidos en un apartamento al norte de Bogotá, y le rebajaron su condena a cinco años. Y el último de los mejores negocios fue el de William Rodríguez Abadía, hijo de Miguel Rodríguez Orejuela. El acuerdo de cooperación contempló varios beneficios como la concesión de visas para su esposa y sus hijos y un compromiso de dejar en paz a su numerosa familia.

Pero a la par que unos cumplen 'el sueño americano', los grandes capos entraron en pánico y su gran pesadilla es por la negociación que vienen adelantando sus hombres de confianza. A Diego Montoya Sánchez, 'Don Diego' le preocupa que sus lugartenientes Carlos Robayo, alias 'Guacamayo', Jhony Cano, su sobrino Carlos Felipe Toro, y su hermano Juan Carlos, extraditados a Estados Unidos, decidieron negociar con la justicia de ese país, a la que le están contando todo lo que saben del capo a cambio de una mejor vida.

Y es que no deja de sorprender que grandes capos de la droga logren un acuerdo favorable. Víctor Patiño Fómeque lo ha demostrado. Con su confesión no sólo hundió al congresista Vicente Blel, investigado por la para-política de quien dijo que era su testaferro y su socio en el narcotráfico y lavado de dinero, sino que confirmó lo que era un secreto a voces: la 'vaca' de la mafia para tumbar la extradición. "Los extraditables saben que las condiciones en Colombia son muy difíciles. Acá les va mejor. Han entendido que el tiempo que están en su país es perdido, mientras que en Estados Unidos pueden solucionar su situación jurídica y volver a vivir", le dijo a SEMANA desde Miami, Humberto Domínguez, el abogado del capo.Y así lo han entendido los narcos. Resolver los problemas con la justicia norteamericana es la mejor solución. Eso lo tienen muy claro los expertos penalistas, quienes saben que con sus clientes nunca va a existir una negociación con Colombia sin la aprobación del gobierno de Estados Unidos. Los abogados los convencen de que en Colombia todo cambia como el clima. Por eso capos como Diego Montoya, Juan Carlos Ramírez Abadía y Hernando Gómez Bustamante, lo que quieren es contar todo, pero a la justicia estadounidense. "Es una paradoja porque la extradición lo que pretendía era castigar de manera más severa a los narcos en el exterior, porque se suponía que internamente era más improbable hacerlo", sostiene el analista Alfredo Rangel.

Y así como los narcos, los paramilitares también han dejado entrever la posibilidad de arreglar de una vez por todas su situación en Estados Unidos. "Hay una coyuntura que propicia la desbandada: en el proceso de paz no hay claridad sobre lo que se había acordado con los desmovilizados. Las aproximaciones a las Cortes norteamericanas obedecen más a acercamientos de carácter exploratorio para ver si es conveniente resolver su situación jurídica", le dijo a SEMANA Michaell Pineda, uno de los abogados de Diego Fernando Murillo, 'Don Berna'. El caso de 'Simón Trinidad' es otro claro ejemplo. La justicia norteamericana quiso juzgarlo por narcotráfico y fracasó. Los siete ex guerrilleros desmovilizados que sirvieron como testigos fueron entrenados seis meses para rendir su testimonio, pero el juicio fue un fracaso.

Además de que los extraditables se han dado cuenta de que los juicios pueden fracasar o que la colaboración es un buen negocio, se sienten más seguros en las cárceles norteamericanas. Y tienen razón. El Estado no les puede garantizar su seguridad. Por algo, convirtieron dos fragatas de la Armada Nacional en establecimientos carcelarios en donde están dos pesos pesados: el ex paramilitar Carlos Mario Jiménez, 'Macaco', y Diego Montoya, 'Don Diego', de donde saldrán directo para Estados Unidos. Y como si fuera poco, un interno de la cárcel de Cómbita, Boyacá, fue asesinado a puñaladas la semana pasada. Por eso algunos creen que lo mejor es partir lo más pronto hacia territorio norteamericano. Porque hasta la cárcel en Estados Unidos se puede negociar con la aplicación del Derecho Penal Alternativo, es decir, que con un grillete o con un chip, se puede cumplir la pena en relativa libertad. Mientras que aquí en Colombia, los pueden matar en las cárceles así éstas sean de máxima seguridad.
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