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| 12/14/2012 12:00:00 AM

El teatro San Jorge, una joya en peligro

El teatro San Jorge es un bien de interés patrimonial y uno de los principales exponentes del art déco en Bogotá. Desde hace varias décadas, sin embargo, se cae a pedazos. ¿Cuál es su estado y en qué situación se encuentra su barrio?

Hay razones por las que el teatro San Jorge es uno de los secretos mejor guardados de Bogotá. Pocos saben dónde queda, menos incluso quieren ir, y los que llegan quieren regresar cuanto antes. Es lo que en la jerga local se conoce como un 'atracadero'.
 
"¿Que dónde queda el San Jorge...?", nos contesta un joven empleado de una ferretería en la Caracas con Jiménez. "Yo creo que eso queda como por la Séptima, allá en Las Nieves". De hecho, la respuesta de los menores de cuarenta años que es invariable: 'Ni idea'. Sin embargo, ahí queda, a un par de pasos: en la carrera 15 número 13-63.
 
"Pero ya está caído, eso a duras penas queda la fachada", replica un rubicundo vendedor de lotería ubicado sobre la avenida Jiménez. "Solo tiene que bajar hasta la carrera Quince y ahí lo ve en la esquina".
 
Y en efecto, bajando por la Jiménez, al doblar a la derecha aparece el San Jorge, con su inconfundible fachada azul cobalto. A medida que el visitante se acerca, se revelan sus planos y volúmenes, de los que sobresalen dos torres, una más alta que la otra, que rompen una simetría de otro modo perfecta.
 
Es una de las mejores obras de su autor, el arquitecto Alberto Manrique Martín, quien diseñó otros edificios emblemáticos de la avenida Jiménez, conocida en la primera mitad del siglo como "la puerta de Bogotá".
 
Los protagonistas de la fachada son tres altorrelieves que se distribuyen armoniosamente en el cuerpo central del edificio. Hay uno vertical en el centro, que representa a San Jorge, y otro par horizontal, con figuras femeninas muy estilizadas, marcadas por las obras del expresionismo alemán de principios del siglo XX.
 
En una nota publicada en El Tiempo del 7 de diciembre de 1938, se afirma premonitoriamente que "la sola fachada dice lo que es". El interior, de hecho, fue arrasado en 1999 por un inversionista que quería poner una fábrica de papel o una chatarrería.
 
Los vecinos del San Jorge
 
"Por acá vienen muchos curiosos a preguntar, entre ellos coleccionistas de arte", comenta la señora Betty de Ortiz desde la puerta de su ferretería La Construcción, situada frente al teatro. "Y lo que más atención les llama son los altorrelieves...". Su marido, don Pacho, se une a la conversación y nos cuenta que "en sus inicios el San Jorge era lo mejor en guarachas, con silletería reclinable y salón de té".

La señora Ortiz agrega que la cuadra frente a su negocio albergaba, además del teatro, las instalaciones de la emisora la Nueva Granada, que contaba con una célebre orquesta musical. Era un lugar de prestigio, donde se parqueaban los primeros autos de la ciudad.
 
El San Jorge, agrega, era el sitio ideal para dejar a los hijos cuando llegaban del colegio. "Los mandaba uno a ver películas mexicanas toda la tarde, con María Félix, Pedro Infante o Cantinflas". Y mirando hacia la calzada subraya que a principios de los sesenta uno podía caminar tranquilo, sin importar que fuera de noche. Su hijo, que ha escuchado la conversación desde la distancia, es ya un señor hecho y derecho que guarda silencio.
 
Ernesto Medina, también vecino del teatro y a su vez propietario de una ferretería, confirma el pasado 'mexicano' del lugar. Tras aclarar que conoció las instalaciones en 1972, cuando aún se proyectaba 'cine serio', agrega que durante ese periodo el propietario era Cine México. Hacia finales del siglo pasado, dice Medina, se comenzó a pasar cine "rotativo... y de esos", es decir porno.
 
Después de dejar de pasar funciones hace unos veinte años, comentan por separado ambos vecinos, el inmueble mantuvo cierta actividad porque en la planta baja de su torre más alta se instaló una tienda —"una cigarrería" dice ella—, donde en la actualidad hay un celador apostado, quien declara que pasa todos los días por ahí sin nunca mirar el teatro.
 
A finales de los noventa el edificio perdió parte su interior, cuando Cine México se lo vendió a un particular que lo arrasó para montar una industria sin relación alguna con el séptimo arte. "La multa por dañar el teatro fue tan superior al precio pagado, que el señor dejó la cosa así, y no volvió a hacer nada", recuerda Medina. Entonces el inmueble entró en seria decadencia.
 
En 2010, los Ortiz y otros comerciantes pusieron en el atrio del teatro una reja para que los habitantes de la calle no hicieran allí sus necesidades. Esa medida y los guardas privados, sin embargo, poco han podido hacer para que el lugar no corra el riesgo de convertirse en tierra de nadie.
 
¿Qué sigue?
 
La cuadra del San Jorge es peligrosa porque roban. Pero más al norte la cosa empeora. "Allí viven los ladrones", afirma la señora Ortiz, una opinión que confirman otros varios comerciantes de la zona. Aida Acero de Servipinturas J y L recomienda por ejemplo a los clientes que quieran dirigirse hacia el norte subir a la avenida Caracas, aunque deban realizar una vuelta mucho más larga,
 
"Eso sí, de ningún modo los puede coger la noche por el sector", agrega la señora Acero. Y en efecto la caída de la tarde se siente en detalles como los rostros que se endurecen, la llegada del olor a fruta madura del bazuco, las cortinas de hierro que caen con estruendo, o las sombras que densifican por un alumbrado público exiguo.
 
El San Jorge, cuya fachada da al poniente, pierde entonces sus detalles y se convierte en una mole oscura. El reducto comercial que se ha formado frente al teatro parece fundirse en la decadencia generalizada de su barrio.
 
Aunque la localidad de Los Mártires fue uno de los sectores más tradicionales de la capital, hoy, según datos del Observatorio de Seguridad de la Cámara de Comercio, triplica la tasa de homicidios de Bogotá. Las ollas del Bronx y de Cinco Huecos se encuentran además a tres cuadras, cruzando la avenida Jiménez.
 
"Hay zonas del barrio donde ni la policía se atreve a entrar", explica el arquitecto Mauricio Villamil, adscrito al Centro de Documentación del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural. Con base en su investigación sobre este territorio, que se ubica en los predios de la antigua hacienda La Favorita, Villamil explica que la historia del teatro está íntimamente ligada con la de Estación de La Sabana, que junto a la avenida Jiménez constituyó la puerta de entrada a la ciudad en la primera mitad del siglo XX.
 
"Por la estación llegaba todo, como las películas que se pasaban en el San Jorge, pero también el cemento con el que fueron construidos sus muros". Con la paulatina decadencia de la Estación, sin embargo, el sector se vino abajo, y con él el San Jorge.
 
A diferencia de los teatros de Las Nieves, el margen de maniobra de este edificio azul fue menor, pues este estaba destinado a la incipiente burguesía que se desarrollaba en el lugar que en su momento tuvo visos de 'zona rosa'. Cuando se construyeron la Caracas y la Décima a mediados de siglo, explica Villamil, la zona quedó literalmente aislada del resto del centro.
 
En la actualidad, el gobierno distrital tiene previsto desarrollar en el sector el Proyecto Plan de Renovación de La Sabana, que implica una profunda intervención en el barrio. Algunas de sus construcciones más emblemáticas se conservarán, entre ellas el San Jorge.
 
¿Resistirá la emblemática fachada hasta que la Alcaldía decida meterle la mano? Si bien algunos de los vecinos del lugar son conscientes del valor del edificio, hay que tener presente que el aislamiento del lugar ya permitió que perdiera su interior. Así se frustró cualquier posibilidad de "conservación integral", como lo pretende la ficha de valoración del bien. La misma que reconoce que su estado de conservación es "malo".




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