Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2002/06/06 00:00

El terremoto político

El nombramiento del nuevo ministro del Interior sorprendió, desconcertó e indignó. ¿En que estaba pensando el presidente Uribe?, 51142

El terremoto político

Se pensaba que era imposible que Alvaro Uribe hiciera un nombramiento que desconcertara más que el de Francisco Santos como vicepresidente. Sin embargo con Fernando Londoño Hoyos lo logró. Aunque escoger a Santos era controvertido por su inexperiencia, era comprensible que debido a su prestigio internacional como el líder contra el secuestro podía ser un activo para un presidente con problemas de imagen en el frente de los derechos humanos. Pero comprender qué se propone Uribe con la movida de Londoño Hoyos es, al menos a primera vista, una misión difícil.

El anuncio no sólo causó revuelo por el talante del personaje sino también porque iba con la fusión de dos ministerios, el del Interior y el de Justicia. Y además le sumó otro superministro, Juan Luis Londoño, en otros dos ministerios que se fusionarán: Salud y Trabajo. Con ese par de anuncios el Presidente electo le dejó claro al país que iba dejar huella y que su discurso de cambio radical antipolítico y antiburocrático iba en serio.

Con los últimos nombramientos de la semana que pasó, en Minas y Energía a Luis Ernesto Mejía y en Transporte a Andrés Uriel Gallego Henao, confirmó sus mensajes de que rompería más de una tradición: la del balance regional, pues se lanzó con muchos paisas, incluido Londoño Hoyos, que es caldense, y la del ajedrez político porque Gallego es un técnico de su propio grupo y Mejía un empresario caleño sin cuerda partidista particular.

Con todo y eso era de esperar que Uribe rompiera paradigmas. Como dijo un colaborador de su campaña, el Presidente electo “está haciendo lo que la gente esperaba de él y no lo que dice la lógica del mundo político tradicional colombiano”. Pero otra cosa es jugársela por un verdadero botafuego, un camorrero profesional para algunos, un símbolo de la antipolítica como lo es Londoño Hoyos, en las carteras de Interior y Justicia, cuando más necesita un manejo hábil y conciliador del Congreso para sacar adelante reformas tan espinosas y trascendentales como la pensional, la laboral y la tributaria. ¿Qué hay detrás de la estrategia de Uribe?



¿Por que Londoño Hoyos?

Para empezar, darle estas carteras a Londoño Hoyos fue un mensaje de Uribe, fuerte y tajante, de que no va a ceder en las reformas y quiere sacarlas con la menor concesión a la politiquería. Por eso escogió a una figura ajena al mundo del Congreso y declarado enemigo de las transacciones de corte clientelista. De ahí que los uribistas sostengan que su presidente lo único que está haciendo es cumplir con sus promesas de campaña. “Este país es muy chistoso, dice Luis Guillermo Giraldo, del equipo de la campaña ganadora, porque dice que no a la politiquería, no a los auxilios, y cuando se trata de hacer, todo el mundo se chupa”.

De otra parte, el nuevo gobierno ha calculado que por la trayectoria de jurista que se las sabe todas, Londoño Hoyos tiene mejores posibilidades de sacar adelante la reforma política, que incluye temas tan espinosos como la abolición del Consejo Superior de la Judicatura. “Londoño es un luchador de las causas que se propone y sin importar los roces que tenga las saca adelante”, dijo un directivo de la campaña de Uribe. Se requiere un abogado del talante de Londoño para impulsar una reforma ambiciosa y evitar que se la tumben las cortes, como le sucedió al gobierno Pastrana, dicen quienes apoyaron este nombramiento.

Por último, entre los argumentos en favor de la polémica movida, pesó el hecho de que dada su experiencia en pleitos complejos y controvertidos, él tiene la inteligencia y el liderazgo intelectual para saber qué peleas casar y en qué momento. Aseguran que detrás de su carácter explosivo y emotivo hay un estudioso de los temas de fondo, que es capaz de impulsar y defender en el Congreso “una visión clara para darle un verdadero vuelco a la justicia y a la forma de hacer política que tanto necesita el país”, dijo uno de sus colaboradores.

Sin embargo, tirios y troyanos reconocen que es una apuesta muy arriesgada. Los críticos señalan que es el alto perfil con que Londoño ha manejado sus negocios jurídicos, llevándolos al extremo de convertirlos en cruzadas políticas, lo que le ha acarreado tantos detractores. De ahí que haberlo nombrado puede causar el efecto contrario al buscado por Uribe y terminar frenando sus proyectos de cambio.



Los ‘peros’

Los millonarios pleitos en contra del Estado son precisamente lo que ha levantado ampolla en varios círculos políticos y sociales. No es muy presentable que un jurista como Londoño, que ha ganado jugosos honorarios como abogado en pleitos contra la Nación, en un abrir y cerrar de ojos esté como ministro defendiendo los intereses de la misma. En varios de los millonarios y controvertidos pleitos que mojaron prensa en los últimos años Londoño Hoyos era el abogado de las multinacionales.

Ese fue el caso del escándalo de TermoRío, en el cual un tribunal de arbitramento falló a favor de la multinacional Sithe Energies Inc. en contra de la Electrificadora del Atlántico. Debido a que tanto la adjudicación a TermoRío como el manejo que le dio la Superintendencia de Servicios Públicos al caso estuvieron rodeados de irregularidades, el Estado apeló y aún no se han pagado los 60 millones de dólares del fallo. Como abogado de TermoRío, Londoño ha exigido que la Nación le pague lo que le debe a la multinacional e inclusive llegó a alegar que si no se hacía el pago la renovación del Atpa podría estar en peligro.

Londoño ha apoderado empresas extranjeras contra el Estado en otros contratos polémicos, como el de los mexicanos del ICA contra el IDU en Bogotá y el del consorcio Hispano Alemán contra el metro de Medellín.

“El del metro de Medellín es apenas uno de los casos más sonados en los que el doctor Londoño Hoyos ha defendido muy dudosos reclamos de contratistas internacionales que, con la conocida táctica de pretensiones exorbitantes que buscan dirimir en tribunales de arbitramento, han buscado esquivar sus responsabilidades por incumplimiento de los contratos a su cargo y obtener jugosas ganancias a costa del erario público”, dijo el editorial de El Mundo de Medellín al otro día del nombramiento.

“Se necesita un ministro que no tenga en los debates parlamentarios tantos talones de Aquiles”, dijo Rodrigo Rivera, liberal oficialista.

Políticamente el nombramiento de Londoño cayó como un baldado de agua fría. En los corrillos todos estaban esperando a alguien de primera línea en el manejo político. Algunos hablaban sotto voce del senador Juan Martín Caicedo Ferrer, otros de Luis Guillermo Giraldo y hasta se barajaba la posibilidad de Jaime Castro, tres nombres con bastante resonancia en el Congreso. Se esperaba que dada la importancia de los proyectos que tiene que pasar el gobierno se iba a nombrar a alguien que se moviera como pez en el agua en el Capitolio. Esa era la lógica lineal de la política. La escogencia de Londoño Hoyos muestra que la lógica de Uribe es muy distinta. Y por eso la clase política recibió con bastante preocupación el nombramiento.

En primer lugar, porque revive el proceso 8.000. Londoño Hoyos fue el abogado de Fernando Botero y su estrategia fue tratar de demostrar que Serpa y Samper sí sabían del ingreso de dineros del narcotráfico a la campaña presidencial de 1994. Para un observador consultado por SEMANA “el nombramiento de Londoño es tan ofensivo para Serpa y Samper como si Serpa hubiera quedado presidente y hubiera nombrado a Fernando Garavito de ministro”. Por lo tanto hay bastante descontento en la bancada de liberales oficialistas, que en su mayoría son serpistas y no pueden ver con buenos ojos el nombramiento de alguien que, con razón o sin ella, trató de meter preso a su jefe político.

Además esta designación parece borrar con el codo los esfuerzos de unidad que el Presidente electo ha venido haciendo en sus encuentros con los ex presidentes y los representantes del derrotado oficialismo liberal. A fin de cuentas los 30 senadores serpistas habían acordado mantener a Horacio Serpa como interlocutor del partido frente al nuevo gobierno de Uribe. El mensaje a la bancada oficialista no podía ser peor y amenaza con enrarecer las relaciones entre el Ejecutivo y la minoría más importante del Parlamento. Evidentemente Londoño Hoyos, por su origen político y su estilo personal, no es el hombre indicado para ambientar un regreso de los disidentes a las toldas del liberalismo.

Por otro lado, a pesar del amplio mandato popular que Uribe sacó de las elecciones, el nuevo gobierno necesita de las mayorías parlamentarias para la aprobación de importantes medidas, como las reformas política y pensional, las herramientas para recortar la burocracia, las leyes de seguridad y antiterrorismo y la reforma tributaria. Y es allí donde radica una de las críticas más fuertes a su nombramiento: una actitud de confrontación e intransigencia del nuevo ministro podría poner en peligro la aprobación de estas reformas. Es el dilema entre una nueva era en la ética pública que puede terminar en la congelación de las relaciones, como le sucedió a Antanas Mockus con el Concejo —con nefastos efectos para Bogotá— y un efectivo manejo de la realpolitik que puede facilitar la gobernabilidad. No es una decisión fácil cuando el país atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia.

En varios sectores parlamentarios la designación de Londoño Hoyos es interpretada como un guiño del Presidente electo a la revocatoria del Congreso dada su fama de antipolítico. No obstante, el nuevo ministro del Interior no es amigo de esta medida. Más aún, hace 11 años se manifestó contrario a la revocatoria, que en ese entonces se realizó en medio de la discusión de la Constitución de 1991.

De la estrategia política de Uribe y Londoño en los primeros meses del nuevo Congreso depende que las iniciativas tengan un trámite pacífico. Sin embargo no hay que olvidar que el uribismo sigue siendo la mayoría parlamentaria y, sea quien sea el presidente del Congreso, Londoño Hoyos dará la línea.



¿Que viene?

La reforma política no es el único reto que asumirá el nuevo ministro del Interior y de Justicia. Desde la campaña Londoño Hoyos asesoró al presidente Uribe en temas de seguridad. Más aún, también hizo presencia en el homenaje de desagravio al general Rito Alejo del Río. Es un hombre de mano dura frente al orden público, por lo que se espera que participe activamente en la aprobación del estatuto antiterrorista en el Congreso.

Además el futuro ministro Londoño Hoyos tiene la misión de desarrollar una política carcelaria y penitenciaria dura. En esta materia su experiencia jurídica y académica es innegable y se ha dedicado a fondo a estudiar la administración de justicia. Es una tarea en la que tiene todas las herramientas para salir adelante en un tema en la que otros ministros de Justicia han fracasado.

Por lo polémico de su nombramiento los numerosos enemigos que se ha ganado en su carrera litigante y los pleitos pendientes, no se puede descartar que la tormenta política que su nombre ha generado no lo deje siquiera posesionar. Sin embargo, si lo hace y Uribe se da la pela respaldándolo, el nuevo gobierno empezará a gastarse una gran porción del amplio capital político con el que salió elegido. No sería la primera vez que el Presidente electo case una pelea contra viento y marea y salga airoso. De lo que no hay que dudar es que Uribe cuenta hoy con el suficiente poder y margen de maniobra para imponer este nombramiento.



El ministro

de la seguridad social

Otro de los nombramientos de la semana pasada es el de Juan Luis Londoño de la Cuesta como cabeza de los ministerios de Salud y Trabajo y Seguridad Social. La designación de este economista antioqueño de 44 años refleja no sólo el acercamiento del Presidente electo a los antiguos colaboradores de la candidata Noemí Sanín —Londoño era su jefe de debate— sino el interés de Alvaro Uribe en los temas de seguridad social. Más aún, la prioridad del nuevo ministro será que la fusión de ambas carteras produzca un nuevo Ministerio de Seguridad Social que articule todas las políticas del sector.

Londoño es un experto en el tema. Desde sus épocas universitarias ha estado estudiando el asunto de la distribución del ingreso, fue secretario técnico de la Misión Chenery y como subdirector de Planeación Nacional colaboró en el diseño del plan de desarrollo de la administración Gaviria. En ese mismo gobierno ocupó la cartera de Salud, en la cual impulsó la Ley 100 de seguridad social, creó el Sisbén y desarrolló una exitosa campaña de promoción de uso del condón. De ese apoyo a las políticas contra el virus del sida le quedó el apodo de ‘Condoño’.

Al terminar el cuatrienio de César Gaviria trabajó en el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Regresó al país y ocupó la dirección de la revista económica Dinero. Volvió a la política como gerente y coordinador programático de la campaña presidencial de Noemí Sanín. Sólo ocho días después de las elecciones Uribe lo designó como el encargado de las políticas de salud y empleo.

No es la primera vez que el Presidente electo y el nuevo ministro trabajan juntos en política social. Como ministro de Salud Londoño tuvo en el entonces senador Uribe un apoyo parlamentario conciliador e imaginativo en el difícil trámite de la Ley 100 en 1993. Además, en su paso por la gobernación de Antioquia, el nuevo mandatario brindó servicios de salud subsidiada a 1.200.000 antioqueños pobres y fortaleció el Sistema Seccional de Salud del departamento.

El tema de la seguridad social es de los favoritos de Uribe. Por tal razón escogió a quien diseñó durante un año las propuestas de campaña de uno de sus contendores en la carrera hacia la Presidencia. En más de un escenario el entonces candidato presidencial reconoció la seriedad y la pertinencia de los programas de Sanín en materia de generación de empleo y de ampliación de la cobertura. Para Londoño las prioridades del nuevo ministerio fusionado son claras: “Necesitamos elevar el empleo y el trabajo en la agenda del nuevo gobierno para superar el manejo desarticulado de las políticas de la actual administración”.

En cuestión de metas de salud el nuevo ministro no duda en comprometerse: vacunación infantil al ciento por ciento en un año; atención del ciento por ciento de los partos en dos años y aumentar las coberturas del régimen contributivo de 12 millones de colombianos a 25 millones y del régimen subsidiado de nueve millones a 15 millones.

No obstante muchos se preguntan sobre la conveniencia de fusionar dos entidades que están encargadas de dos de las problemáticas sociales más complejas y vitales del país: la salud y el trabajo. Para Carlos Rodríguez, representante de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la nueva entidad “es la muestra del bajo perfil que tendrá el trabajo en el nuevo gobierno y del grado poco social y neoliberal del gabinete”. Lo cierto es que brindar acceso a salud para más de 40 millones de colombianos y reducir los tres millones de desempleados parece una tarea titánica para un solo hombre, por más experto que sea y más apoyo que tenga del nuevo presidente.

La respuesta del nuevo ministro está en la integralidad de la seguridad social. “El tema no es sólo crear empleo sino seguridad laboral mediante una revolución del acceso”, afirma Londoño. Así, una reforma laboral no se reduce a la flexibilidad de salarios pues incluye seguros de desempleo, nuevos contratos para empleos más estables y unas instituciones de seguridad social integradas que no dupliquen funciones y respondan a una sola política.

Londoño de la Cuesta tiene dos meses para pulir los detalles de este nuevo ministerio de Salud y Trabajo, que será “una red de protección social”. Mientras tanto los sindicatos deberán ajustarse a este cambio de perfil y estilo con respecto al ministro saliente de Trabajo Angelino Garzón. Como van las cosas no será el único cambio al que tendrán que acomodarse los actores políticos colombianos, por tantos años acostumbrados a la tesis de que todo cambie para que todo siga igual.

Así como hay toda una escuela de ‘lopólogos’ para tratar de descifrar qué quiere decir el ex presidente López cada vez que se pronuncia, ya comienzan a aparecer los ‘uribólogos’ con el desafío de entender su nueva manera de gobernar.

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