Jueves, 2 de octubre de 2014

| 2008/08/09 00:00

El testamento de Carlos Castaño

SEMANA tuvo acceso a los archivos secretos del asesinado jefe paramilitar. Revelan, entre otras cosas, quién mató a Álvaro Gómez y quién secuestró al hermano del ex presidente Gaviria.

Carlos Castaño predijo cómo el narcotráfico acabaría con las auc Foto: Verdadabierta.

En septiembre de 2002, Carlos Castaño era la cabeza visible de las Autodefensas Unidas de Colombia. Un grupo armado que, según las cuentas del propio Castaño, gastaba 5,7 millones de dólares mensuales en su sostenimiento y tenía 12.000 hombres en armas. Una agrupación que se financiaba con el narcotráfico (el 70 por ciento de sus ingresos), con robo de combustible a Ecopetrol, las extorsiones y los secuestros (262 solamente en 2001). En síntesis, era una de las organizaciones criminales más poderosas en la historia del país. Pero Carlos Castaño, el hombre que se convirtió en el símbolo de la lucha anti-guerrillera, no estaba tranquilo, sino atormentado. Esto se deduce de los miles de cartas y correos electrónicos hallados en la USB de Castaño que fue entregada a los fiscales de justicia y paz por Éver Velosa, alias 'H. H.', otrora mano derecha de Carlos y de su hermano Vicente.

Un documento en particular llama la atención. Está fechado en agosto de 2002 y dirigido a Richard Boulton, un empresario venezolano que fue secuestrado y que fue liberado en julio de ese año solamente después de unas intensas gestiones de Castaño. En el correo, el jefe paramilitar le informa a Boulton quién fue el autor intelectual de su plagio y cuál era el objetivo del mismo. Pero no se queda allí: dice sin titubeos que ese mismo hombre es el responsable del asesinato del ex candidato presidencial y dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado, y del secuestro de Juan Carlos Gaviria, hermano del ex presidente liberal y ex secretario general de la Organización de Estados Americanos. Según Carlos Castaño, reconocido fundador de las autodefensas y de los Pepes -la alianza de narcotraficantes y paramilitares que persiguió a Pablo Escobar- y un hombre que conocía como pocos el bajo mundo de Colombia, esos crímenes se realizaron bajo las órdenes del coronel de la Policía Danilo González (ver artículo siguiente).

La denuncia de Castaño incluso iba más allá: dijo que González encabezaba un grupo de narcotraficantes, paramilitares, guerrilleros y policías corruptos que buscaban convertir a Colombia en Birmania: un país dominado por el crimen. El coronel González trabajó durante años con Wílber Varela, el recientemente muerto capo del cartel de Norte de Valle. Muchos colombianos lo conocen hoy más con su nombre coronel Ramiro Gutiérrez, de la telenovela El cartel de los sapos. González fue asesinado en marzo de 2004.

En los documentos, que datan de 2001 a finales de 2003 -cinco meses antes de su muerte-, también quedan al descubierto los infructuosos esfuerzos de Castaño de desnarcotizar a las autodefensas. En escrito tras escrito, Castaño plasmó los riesgos que significaba para las AUC dejarse controlar por los narcotraficantes. Dijo que si no renunciaban a las drogas ilícitas, no sólo perdería 'legitimidad' su lucha, sino que todos podrían terminar extraditados.

Sus advertencias no sólo fueron ignoradas, sino que generaron un gran malestar entre la dirigencia paramilitar. Sus relaciones se empezaron a resquebrajar y poco a poco se fue quedando solo. En realidad, según se desprende de los correos y las cartas, Carlos Castaño nunca fue tan fuerte como parecía. Su poder emanaba del de su hermano Vicente, el verdadero jefe de los paramilitares. Como él mismo lo dijo en una de sus comunicaciones a los otros comandantes, "sin Vicente no hay AUC" (ver artículo 'Con esos amigos…').

Castaño sabía que las cosas iban a terminar mal. Por eso preparó su testamento en febrero de 2003, cuando se multiplicaban las divergencias entre los paramilitares, y se preocupó tanto por el bienestar de sus hijos -tanto los que vivían en Estados Unidos como su hija que nació con una grave enfermedad-. Porque Carlos Castaño, quien ordenó la muerte de miles de personas y creó una máquina de muerte, era también un hombre de familia. Al igual que Pablo Escobar.
 

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