Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1997/03/17 00:00

EL TIEMPO DE ENRIQUE

La posición de Enrique Santos Calderón frente al proceso 8.000 lo ha convertido en el columnista favorito del país. Cómo es y qué opina este antiguo 'guerrillero del Chicó' y futuro director de 'El Tiempo'.

EL TIEMPO DE ENRIQUE

A los 51 años, Enrique Santos Calderón es el columnista más leído del país. Así lo reveló hace pocos días una encuesta de la revista Diners. Si bien esto ha sido percibido así por la opinión pública desde hace muchos años, ha adquirido una dimensión particularmente importante a raíz del proceso 8.000. Cuando los futuros historiadores quieran estudiar el escándalo que conmovió al país durante el gobierno de Ernesto Samper, el punto de referencia obligatorio será la columna Contraescape. Muchos creen que si el contenido de esa columna hubiera aparecido en los editoriales del periódico, el gobierno se hubiera caído. Curiosamente, dentro de poco tiempo el escritor de esa columna será el director del periódico. Esto, más que cualquier cosa, ilustra los grandes cambios que se vienen en el periodismo colombiano y de los cuales Enrique Santos será seguramente el mayor protagonista. ¿Quién es este hombre que escribe una columna que algún día fue símbolo de desafío al sistema y hoy es una especie de Biblia para la clase dirigente del país? ¿Cómo es que el miembro de la familia Santos que menos se ha apegado al poder, el intelectual y el 'guerrillero del Chicó', hoy en día tiene la mayor influencia dentro del periódico El Tiempo? Sus primeros años Desde que estudiaba en el colegio Nueva Granada, en Bogotá, Enrique Santos Calderón demostró tener una gran capacidad para influenciar a los demás. Cuando estaba en primaria se ganó el papel de Robin Hood en una comedia estudiantil y desde entonces, según su madre, Clemencia Calderón de Santos, ha sabido asumir siempre la posición de líder. Pocos años más tarde se convirtió en un típico adolescente de los años 50, con chaqueta negra y pinta de Elvis. Tanto así que sus padres decidieron cambiarlo de colegio a los 12 años, preocupados por la excesiva influencia 'gringa' que estaba recibiendo, y lo llevaron al colegio Anglo-Colombiano en tercero de bachillerato. Allí no sólo fue el mejor alumno de su clase, sino que su gusto por los deportes lo llevó a convertirse en capitán del equipo de baloncesto. Allí nació también su pasión por el vallenato y se volvió un excelente bailarín.Además de adelantado en el estudio y el deporte, en el amor no se quedó atras. Gabriel García Márquez, uno de sus amigos más cercanos, asegura que es el hombre con más éxito con las mujeres que haya conocido en su vida. "Digamos que no me iba mal", dijo Enrique Santos al recordar a algunas de sus novias de adolescencia. Pero sus días de donjuán quedaron atrás. Hoy es un marido domesticado, no por falta de energías sino por una atractiva e inteligente mujer, Jacky Urzola, su segunda esposa. Con ella tiene dos hijos, Josefina de 7 años, su única hija, y Enrique Santos Urzola, el cuarto Santos en llevar ese nombre y quien apenas tiene un año de vida.

Sexo, drogas y rock&roll

Todos los padres de las familias pudientes en los años 60 querían que sus hijos fueran abogados o economistas. La preferencia de Enrique Santos Castillo era que su hijo estudiara derecho y en la Universidad del Rosario. Pero a Enrique hijo el Rosario le parecía "un colegio terrible y jesuítico", por lo que se decidió por filosofía en la Universidad de los Andes. Una vez en la facultad, ingresó _a los 19 años y simultáneamente con Daniel Samper_ a trabajar en El Tiempo haciendo traducciones y pequeñas crónicas. A Daniel lo había conocido a los cinco años, cuando fueron compañeros de colegio en el Gimnasio Moderno. Daniel Samper recuerda que "el primero de mayo de 1964 ingresamos a El Tiempo, e hicimos la Página Universitaria, una sección que pretendía reflejar el mundo militante de la universidad colombiana, donde tuvimos contribuciones como la de Camilo Torres". Fue a través de este contacto con el mundo convulsionado de los años 60 como conoció el marxismo. La Universidad de los Andes estaba totalmente al margen del movimiento estudiantil en aquel entonces, y Enrique decidió, junto con otros compañeros, emprender una de sus primeras travesuras irreverentes. Fundó el periódico Ariete, en el cual denunciaba a la universidad de los Andes como "una universidad elitista al margen de la realidad del país". Fueron tantos los ataques a los profesores y directivos que Enrique y sus compañeros terminaron en la oficina del rector y el periódico solo circuló dos números. En 1967 se graduó Suma Cum Laude de la universidad. Pasó a ser jefe de la sección internacional en El Tiempo. Conoció a Luis Carlos Galán, y junto con Daniel Samper conformaron la tripleta que habría de marcar el relevo generacional que inevitablemente iba a tener el periódico de su tío abuelo Eduardo Santos. Enrique tenía ganas de meterse de lleno al periodismo, pero era consciente de que le faltaba estudiar y estructurarse más. Por eso partió hacia Alemania con una beca para estudiar ciencias políticas. Fue entonces cuando tuvo contacto con los movimientos estudiantiles e ideológicos que plagaban a Europa en los años 68 y 69. En esa época, en Munich, conoció a quien sería su primera esposa, María Teresa Rubino, una estudiante italiana. Se casaron cuando él tenía 23 años y de ese matrimonio son sus hijos Alejandro y Julián. Durante su estadía en Alemania se inició un fuerte distanciamiento entre Santos Calderón y su padre por su afinidad con la izquierda. Enrique Santos Castillo se ha caracterizado siempre por sus posiciones políticas de derecha, y no quería una oveja roja en la familia. Fue allí donde se puso a prueba hasta qué punto llegaba el compromiso del joven Enrique con sus ideales. El era el consentido del doctor Eduardo Santos, dueño absoluto de El Tiempo, quien por no tener hijos tenía diseñado dejar el control del periódico a sus sobrinos. Originalmente le habría dejado a Enrique en su primer testamento un 25 por ciento de las acciones del periódico. Pero los escritos que enviaba desde Alemania comenzaron a perturbar al tío Eduardo. Según el actual director del periódico, Hernando Santos, a éste le mortificó particularmente una crónica elogiando a los curas que fumaban marihuana. Por la cercana amistad del doctor Eduardo Santos con monseñor Emilio de Brigard, esa fue la gota que derramó el vaso, provocando que se rehiciera el testamento. La participación de Santos Calderon pasó de un 25 por ciento a un 3 por ciento. A precios de hoy, semejante pérdida equivaldría a muchos millones de dólares. Hoy Enrique Santos asegura que no se arrepiente. Respirando profundamente y con una sonrisa a medias, dice que es el costo de tener principios en la vida. En todo caso su estilo de vida hoy es relativamente austero y se parece más al de un periodista bien pago que al dueño de un conglomerado en comunicaciones.

Atreverse a pensar

Enrique Santos Calderón volvió al país en 1969 e ingresó a El Tiempo como subjefe de redacción, pero la relación con su padre se hizo cada vez más complicada dentro del periódico. "Eso fue muy difícil, porque estuvo al borde de irse a la guerrilla", dijo su padre a Semana. Muchas de las personas allegadas a él coinciden en que en un momento dado el compromiso de Santos Calderón con las causas políticas de los años 60, lo llevó a jugar con la idea de que no había alternativa viable diferente de irse al monte. Finalmente no llegó tan lejos, pero las diferencias ideológicas lo llevaron a renunciar al cargo que ocupaba en el periódico y lanzarse, junto con Gabriel García Márquez, Orlando Fals Borda, Jorge Villegas, Bernardo García, Jorge Restrepo, Hernando Corral y Diego Arango, entre otros, a la aventura de fundar la revista Alternativa. "Yo conocí a Enrique en 1971 en Barranquilla", dice Gabo. "Fue después de que me dieron el premio Rómulo Gallegos. Me lo presentó Alvaro Cepeda Samudio. El estaba muy sorprendido porque yo había donado 25.000 dólares al MAS (Movimiento Al Socialismo), que él consideraba un movimiento revisionista. A Enrique en ese entonces Fidel Castro le parecía un reformista liberal moderado. Ni hablar de Felipe González, que era un godito pendejo. Estaba barbudo, peludo, parecía un sobreviviente hippie, proguerrilla y prosexo libre. Andaba con la goma de fundar Alternativa pero no se decidía. Enrique era un trompadachín, baile al que llegaba lo desbarataba a puños. Un día llegó al bar 'Tout va bien' en la séptima con avenida Chile en Bogotá y se le acercó a un tipo chiquito que estaba sentado y acababa de pedir un Alka Seltzer. Cuando se lo trajeron, Enrique esperó a que se disolviera, y sin decir nada lo agarró y se lo tomó. El tipo ni lo miró, y pidió otro Alka Seltzer. Cuando se lo trajeron Enrique trató de cogerlo otra vez. El chiquito se paró y le dió una paliza tremenda. Esa noche se dió cuenta que su vida no iba para ningún lado y decidió fundar Alternativa". Enrique confirmó la historia, haciendo la precisión de que "el tipo no era tan chiquito; medía como dos metros".
En aquel entonces la izquierda colombiana estaba fragmentada en gran número de pequeños grupos sin ningún lenguaje masivo. De allí surgió la idea de crear una publicación que unificara a la izquierda y llevara su mensaje al público en general. Apareció en febrero de 1974 con 10.000 ejemplares, y fue un éxito. Se agotaron por completo los primeros tres números y el cuarto tuvo un tiraje de 45.000 ejemplares. Las peleas internas explotaron en la edición número 18, y la revista que pregonaba la unidad se dividió en dos: Alternativa (a secas) y Alternativa del Pueblo, liderada por Orlando Fals Borda y Carlos Duplat. La división se produjo por diferencias ideológicas en el enfoque, ya que Alternativa del Pueblo era más cercana a la lucha armada. El lema de Alternativa era "atreverse a pensar es comenzar a luchar". El de Alternativa del Pueblo era "atreverse a luchar es comenzar a pensar". La Alternativa de Fals Borda desapareció después de tan solo siete números, y García Márquez y Santos Calderón consolidaron la de ellos.

Profesión peligro

Alrededor de 1976 comenzó a complicarse la situación para quienes participaban en la revista. Al principio fueron saboteos en la distribución, porque los canales comerciales estaban controlados por el Grupo Grancolombiano, poco cercano a la ideología de izquierda. Cuando la revista empezó a denunciar los nexos entre militares y mafia la situación empeoró. Un artefacto explosivo voló una de las paredes de la casa donde se editaba la revista en noviembre de ese año. El 6 de diciembre el turno fue para la familia de Santos Calderón. Una bomba estalló en la puerta del garaje de su casa a la una de la mañana, cuando él y su esposa llegaban del trabajo. Para sus amigos, como Antonio Caballero, Enrique estuvo de verdad metido en cosas muy peligrosas. En eso está de acuerdo García Márquez: "A mí me despertaron en México para avisarme lo de la bomba en la casa, y me vine inmediatamente para Colombia. Le dije que acabara con la revista. La reacción de Enrique y los demás periodistas fue 'se murió del susto este viejo. Entonces le dije que no le daba un centavo más para la revista". Pero quienes lo conocen saben que detener a Enrique no es tarea fácil. Para superar ese nuevo contratiempo, decidió vender a su tío Hernando Santos una tercera parte de una acción de las tres que tenía para cubrir los gastos de la publicación y seguir adelante. Con ese dinero compró una máquina impresora. "Eso me sorpendió mucho. Un Santos puede aguantar que lo maten, pero no que lo arruinen. Me pareció heroico y me quedé con él", dijo Gabo a SEMANA.

Sentando cabeza

La situación económica de la revista se hizo insostenible. Estaba perdiendo mucha plata y tanto García Márquez como Santos ponían cada vez mas dinero de su bolsillo para sostenerla. Los demás no ponían plata, pero tampoco cobraban su sueldo. Se dio un fuerte distanciamiento con la izquierda porque la publicación empezó a cuestionar las prácticas de secuestro de la guerrilla, los fusilamientos y el culto a las armas por encima de las ideas. La revista se acabó en abril de 1980. Enrique vendió a El Tiempo la máquina impresora que había comprado y se fue como corresponsal del periódico a París. Allí comenzó un período de reflexión y se dedicó de lleno a la formación de sus hijos. A pesar de los distanciamientos con su padre, la relación con él fue distante pero jovial y ni siquiera en los peores momentos de Alternativa degeneró en un rompimiento de la familia. Santos Calderón volvió en 1982 como director de la edición dominical, coeditor de Lecturas Dominicales y siguió con Contraescape, ininterrumpida desde 1971. Allí cayó bajo el encanto belisarista junto con Daniel Samper, en su primer acercamiento con el poder presidencial. Organizaban largas tertulias en días de semana con generosas tandas de whisky y jamón serrano que recibía Belisario de Felipe González. Allí tuvo también su primer acercamiento con la actividad pública, al ser parte de la Comisión de Paz de Belisario. Hoy en día se arrepiente de ello, y considera que ese episodio le permitió reafirmar su creencia de que periodismo y política no deben mezclarse.
De ahí en adelante su vida ha sido su columna. Con un cigarrillo Kool permanentemente en su boca y un vaso de Coca Cola de dieta en la mano, escribe dos veces por semana. Escribe, interpreta y analiza. El éxito de Contraescape es difícil de explicar, si se tiene en cuenta que los columnistas de opinión con más taquilla por lo general son los que asumen posiciones radicales. La columna de Enrique es por lo general más un análisis que una opinión y tiene más argumentos que adjetivos. Contraescape se ha convertido en una especie de focus group individual en donde confluyen múltiples opiniones. Su columna nunca es apasionada. Pero no son pocas las pasiones que suscita. Ni los problemas que trae. Haciendo referencia a la etapa del narcoterrorismo, por ejemplo, Santos dice: "Me sentía maniatado por la intimidación, y me tocó salir del país dos veces". Fue la dura época que comenzó con la muerte de Rodrigo Lara. La siguieron los asesinatos de Guillermo Cano y de Luis Carlos Galán y los atentados terroristas del cartel de Medellín, que llegaron a su fin con la muerte de Pablo Escobar en 1993. Pero cuando parecía que ningún tema iba a sacudir más al país, apareció en el horizonte un nuevo desafío: el proceso 8.000.
El tema lo golpeó con fuerza un par de semanas antes de que se le dictara orden de captura a Santiago Medina. Este, que había sido director de Aló Casa, publicación de El Tiempo, y tesorero de la campaña samperista, se acercó a Enrique Santos y le contó todos los detalles sobre la financiación de la campaña de Ernesto Samper por parte de los hermanos Rodríguez Orejuela. En aquel entonces Medina estaba muy confiado porque pensaba que si decía públicamente lo que sabía, Samper no duraba un minuto en la Presidencia. Santos, quien como observador del país conocía bien la infiltración de los dineros calientes en la política colombiana hasta cierto nivel, nunca pensó que el fenómeno pudiera extenderse a la órbita presidencial. De ser así, la gravedad de ese hecho solo permitía llegar a una conclusión: 'apague y vámonos'. De allí en adelante el tema se volvió su nueva bandera. De 206 columnas escritas desde que se inició el escándalo, 80 están dedicadas al proceso 8.000, es decir, un 40 por ciento. "A veces con el tema de Samper y del 8.000 me pregunto si estoy siendo monotemático, si estoy fatigando a los lectores volviendo tanto sobre un tema", dice. Pero en eso parece estar muy equivocado, ya que la encuesta de la revista Diners que lo ubica en el primer lugar entre los periodistas del país, así como un sondeo radial realizado por el programa La FM el pasado 3 de febrero, demuestran que los lectores lo respaldan. Puede haber sido monotemático, pero era lo que el país quería y según muchos lo que Colombia necesitaba.
Algunos críticos suyos aseguran que su manejo del tema fue equilibrado hasta el día que habló Fernando Botero. En ese momento él escribió una columna titulada 'Debe irse', en la cual pedía la renuncia del Presidente. Como ésta no se produjo, Santos asumió como cruzada personal esa causa y durante algunas semanas su capacidad analítica pareció ser reemplazada por una obsesión. Planteada en esos términos, la no caída de Samper parecía una derrota. Gabo comentó a SEMANA: "Para lo que más le sirvió el proceso 8.000 fue para darse cuenta que hay que calmarse más cuando se inicia una campaña de esas. Hay que ganar poco a poco la opinión. Yo le he dicho, 'si no hubieras insistido tú tanto, ya hubiera renunciado". Los anteriores eventos llevaron a Enrique Santos a tener ciertas dudas. Muchos medios de comunicación consideraban que habían cumplido con su deber informando al país. Si el Congreso exoneraba al Presidente, era cosa juzgada y nada más se podía hacer. Muchos colombianos querían mirar hacia adelante y no hacia atrás. Insistir sobre el tema exponía a acusaciones de antipatriotismo o de respirar por la herida. Todas estas consideraciones las hizo Santos Calderón. Finalmente decidió que lo que había sucedido en Colombia en 1994 era demasiado grave para considerarlo una etapa superada. Haciendo caso omiso a las críticas, decidió no bajar la guardia. Lo acampañaron en esa posición algunas pocas voces, como Julio Sánchez y QAP. Hoy, ocho meses después de la absolución del Presidente, pocos piensan que éste va a caer. Pero no hay ninguna duda que ha sido sano para el país y para el periodismo que el tema no se haya enterrado. Aunque ha sido valerosa su posición frente a la crisis, no le ha salido gratis. Le ha costado tener fricciones y diferencias de apreciación dentro del periódico con el director Hernando Santos, quien considera que la edición de los domingos ha sido "demasiado sicaria contra Samper", según dijo a SEMANA Santos Calderón. Hernando Santos piensa que si se cae este presidente, por ser el periódico una institución, se cae encima de El Tiempo. "Esa es una posición un tanto exagerada de Hernando. Deberíamos librarnos más de la influencia del gobierno, porque casi todos los demás en el periódico han sido críticos con Samper", dice Enrique Santos Castillo, editor del diario y hermano de Hernando. En términos personales, también le ha costado el enfriamiento de su amistad con Daniel Samper, su colega y compañero de causas pasadas. Existe la posibilidad de que su posición frente al proceso 8.000 le acabe costando más que distanciamientos personales. Tanto en círculos políticos como en el mundo de los medios de comunicación se especula sobre la posibilidad de que, en el marco de la nueva ley de televisión, el noticiero QAP sea sacado del aire o desmejorado en su horario. Santos, con el 30 por ciento, es el mayor accionista del espacio noticioso, del cual también son socios Gabriel García Márquez, las Marías (María Elvira Samper y María Isabel Rueda), Julio Andrés Camacho y Benjamín Villegas. El noticiero se ha convertido en el blanco de la clase política y de los defensores del gobierno que se sienten maltratados. Al respecto, se le ha criticado a Enrique Santos haber utilizado varias veces su columna en el periódico El Tiempo para arremeter contra la ley de televisión y sus promotores en lo que sus censores califican como un interés económico personal. El responde que sería absurdo no poder protestar por una ley que viola la libertad de prensa por el solo hecho de ser accionista.
Ganada o perdida la batalla del proceso 8.000, no será la última para Enrique Santos Calderón. Dentro de poco será, junto con su primo Rafael Santos, director de El Tiempo. El asegura, sin embargo, que no ocupará ese cargo por más de cinco años. Piensa después retirarse a Cartagena y sentarse a escribir sobre sus experiencias. Pocos le creen, pues la dirección de El Tiempo ha mantenido su influencia por no ser un cargo de duración presidencial. Es un cargo que todos consideran uno de los tres más importantes de Colombia, y no son pocos los que ven riesgos en la administración de un poder tan grande. Sin embargo, aun un crítico permanente de cualquier expresión de poder como Antonio Caballero reconoce una condición especial en Enrique Santos: "Me parece mal el exceso de poder, pero aceptando que es inevitable, prefiero que lo tenga Enrique a que lo tengan otros". Y así será.

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