Lunes, 27 de febrero de 2017

| 1997/12/15 00:00

EL TIEMPO DEL GRUPO

SEMANA revela intimidades de la compra de El Espectador

EL TIEMPO DEL GRUPO

Todo comenzó hace tres meses cuando el ex ministro de Justicia Carlos Medellín recibió una llamada proveniente de su suegra, Ana María Busquets de Cano. "Quiero informarte que la junta directiva nos ha dicho que hay que vender los bienes del periódico para pagar las deudas". Medellín, que sabía bien de las aulagas del periódico pero que se había mantenido relativamente alejado del problema, preguntó. "¿No hay ninguna otra salida? ¿No hay una opción concreta de capitalización?". La respuesta fue clara y contundente: "No". La llamada de los Cano a Medellín ocurría en un momento difícil para El Espectador. Después de que hacía más de un año se había iniciado el proceso de 'salvamento' del diario, para lo cual se había nombrado a Carlos Gustavo Cano como el timonel de esos nuevos cambios, la verdad es que el proceso de búsqueda de un socio capitalista transcurría más lentamente de lo que las deudas del periódico podían soportar. Sin embargo Cano había conseguido logros importantes: un acuerdo de acreedores que había permitido dejar respirar al periódico por este año, la implementación de un nuevo sistema contable y la decisión de desvincular a cerca de 700 empleados de un total de 1.402, entre quienes estaban por lo menos cuatro miembros de la familia Cano. Y para aumentar la pauta publicitaria se pensó en todo. Se llegó hasta a traer a un gurú del periodismo español de nombre Miguel Angel Bastenier, quien tenía la misión imposible de volver el periódico rentable. De todas formas, y pese a todos estos esfuerzos, el gran problema seguía siendo el colosal lastre financiero del periódico y la incapacidad de conseguir un socio que aportara el capital necesario para disminuir sus altos niveles de apalancamiento. Para ello Carlos Gustavo Cano había contratado a la firma de banca de inversión Incorbank con el objeto de que realizara una valorización del periódico y elaborara una estrategia de acercamiento a Inversionistas potenciales. Sin embargo el tiempo pasaba, la deuda aumentaba como una bola de nieve y los contactos con los posibles interesados no cuajaban. Entra MedellínFue en ese momento en que Medellín recibió la llamada de los Cano. Era obvio que ésta no sólo iba dirigida a ponerlo al tanto de los problemas económicos sino a buscar que él se involucrara mucho más en el asunto. Medellín, que no sabía mucho de negocios ni había estado íntimamente ligado al día día del periódico, no sólo gozaba de la confianza de su familia política sino que se había granjeado un prestigio nacional por su gestión como Ministro de Justicia. Medellín entendió la gravedad del llamado y sólo pidió a los Cano una cosa: que si ellos querían que él asumiera su vocería todos deberían estar de acuerdo. Inmediatamente las cuatro ramas de la familia Cano aceptaron que de ahora en adelante hablarían con un solo libreto y que ese libreto lo escribiría Carlos Medellín. Lo primero que hizo Medellín fue convocar una junta directiva en la cual anunció: "Puede que el periódico esté quebrado, pero para efectos jurídicos 'El Espectador' sigue siendo de los Cano y no de sus acreedores. Por eso, si los Cano quieren quebrarse, es una decisión que sólo ellos deben tomar. Y son ellos, y no otros, los que tienen el derecho de decidir cómo quieren su entierro y si quieren que les manden flores o no". De entrada, el principal escollo era convencer a los Cano de que para salvar el periódico deberían ceder más del 51 por ciento de sus acciones. Medellín tenía que hacerles ver que la venta de una participación minoritaria no sería suficiente para solventar el galopante hueco financiero. La deuda del periódico totalizaba ya más de 30.000 millones de pesos y el patrimonio del mismo era negativo en 9.000 millones, lo cual constituía una causal de disolución. En este escenario era totalmente imposible conseguir un inversionista atractivo sin ceder el control del periódico. Para Medellín el problema era tan difícil como el que se da cuando hay que "encontrarle un marido a una novia vieja, que algún día fue bonita y que piensa que todavía se merece al soltero más codiciado". Por si esto fuera poco, esa novia vieja no se quería casar. Los Cano, apegados a una historia de 110 años y a una trayectoria periodística de cuatro generaciones, se rehusaban a entregar el control del periódico a pesar de que la situación económica era insostenible. En más de una ocasión, cuando Medellín les tocó el tema, los Cano le respondieron que antes que vender estaban dispuestos a liquidar la sociedad. Por eso lo primero que hizo el ex ministro de Justicia fue revisar la valoración que Incorbank había hecho del periódico, que ascendía a 10.000 millones de pesos. Los Cano la consideraron absurda alegando que se trataba de una cuantificación estrictamente técnica que no tenía en cuenta el goodwill del periódico ni el poder que otorga. El problema es que los Cano tenían una percepción del valor del goodwill y del poder que estaba influida por aspectos sentimentales. Uno de los mayores de la familia llegó a insinuar que consideraba que el periódico podía costar 500 millones de dólares. Medellín, más realista, se remitió a las cifras y llegó a un valor de 52.000 millones de pesos. Después de un arduo esfuerzo de convencimiento, finalmente logró que la familia aceptara entregar el control del periódico por una cifra de este orden. Con esta decisión en el bolsillo Medellín hizo lo que todo el mundo esperaba que haría tarde o temprano: llamar a Augusto López.

El novio
La decisión de acudir al Grupo Santo Domingo y no a otros obedeció a varios factores. En primer lugar que, como en todas las fiestas, nadie quería sacar a bailar a la fea del paseo. Sarmiento, quien era el mayor acreedor del periódico, fue abordado en varias ocasiones y pudorosamente declinó. Hubo también contactos con periódicos venezolanos y españoles, pero ninguno cuajó. La única oferta que se recibió fue una liderada por el ex presidente Gaviria y presentada por Gustavo Gaviria González, cuyo monto fue considerado irrisorio por los Cano. Con todos estos antecedentes la novia se había quedado sin parejo. Sólo quedaba el Grupo. Al respecto Medellín afirma: "En el fondo teníamos afinidad con ellos. Había una amistad de dos generaciones entre las familias y más recientemente hemos tenido enemigos en común: los Santos y los López". Más que estas consideraciones personales de amores y odios el hecho es que el Grupo Santo Domingo, a través de sus bancos, venía financiando al periódico de tiempo atrás. Incluso después de la bomba de Pablo Escobar, cuando el futuro de El Espectador parecía cada vez más incierto, Santo Domingo le dio la mano. En un momento dado eran tan grandes las deudas del periódico con los bancos del Grupo que Carlos Lleras Restrepo, Hernán Echavarría y Gustavo Gaviria decidieron intervenir para que el periódico no quedara en sus manos. Organizaron un sindicato de bancos para que no hubiera un solo acreedor principal, de tal suerte que la deuda quedó diluida entre el sector financiero en general. Teniendo en cuenta la suma de las deudas a los bancos de Luis Carlos Sarmiento, éste se convirtió en el mayor acreedor del periódico. Santo Domingo, por su parte, se convirtió en el tercero hasta que decidió venderle Bancoquia al Banco Santander de España. En eso estaban las cosas cuando El Espectador decidió que el novio más buen mozo se llamaba Julio Mario Santo Domingo. Las negociaciones se iniciaron con grandes expectativas. Como muestra de que había interés de las dos partes se hizo una reunión inicial en las oficinas de Bavaria, a la cual asistieron representantes de las cuatro ramas de la familia Cano. En ésta se sentaron las condiciones sine qua non de una posible negociación: por un lado el interés del Grupo Bavaria por obtener el control accionario y, por el otro, la voluntad de los Cano de retener una participación significativa. Tan pronto contactaron a Augusto López lo primero que hizo éste fue anunciar que sólo estaría dispuesto a sentarse a negociar si se firmaba un acuerdo de exclusividad de tal suerte que no hubiera interferencias de terceras ofertas. Aunque el Grupo pidió un término de exclusividad de un mes los Cano sólo accedieron a otorgarle 15 días. Finalmente este plazo se prorrogó por una semana de común acuerdo entre las partes. En ese momento comenzaron las negociaciones en serio. Augusto López le hizo saber a Medellín que antes de hablar de cifras era indispensable llegar a un acuerdo marco sobre cómo sería la gestión futura del diario. Al respecto afirmó a Semana López Valencia: "A partir de este planteamiento se establecieron las bases de un acuerdo de accionistas en el que se plasmó el principio básico de que todas la decisiones se tomarán de común acuerdo entre los socios, y sólo en el caso de que haya posiciones irreconciliables predominará la mayoría". Además agregó que el Grupo iba a respetar las tradiciones de independencia periodística y de liberalismo de la familia Cano. Pese a que la negociación era confidencial logró llegar a oídos de la Casa Editorial El Tiempo. Inmediatamente Luis Fernando Santos llamó a Luis Gabriel Cano y le comunicó el interés de El Tiempo de hacer una oferta por el diario. Posteriormente se supo que la fórmula propuesta era que El Tiempo lideraría a un grupo de empresas periodísticas y otras, como la Fundación Social, Corona y el Sindicato Antioqueño, cada una de las cuales tendría una participación minoritaria en el periódico con el objeto de garantizar la supervivencia del mismo y el control editorial de la familia Cano. Pero la oferta no despegó por dos razones. En primer lugar, ya había un acuerdo de exclusividad y los Cano no tenían interés en escuchar ofertas diferentes a las de Santo Domingo. Y, en segundo término, porque el grupo de rescate se desintegró cuando el Sindicato Antioqueño manifestó que no se le medía a la operación. A estas alturas sólo los Santos y Hernán Echavarría estaban dispuestos a meterse la mano al dril por la causa.
El matrimonio
A pesar de que las cosas parecían ir por buen camino, tanto para los Cano como para el Grupo, el gran obstáculo radicaba en que no se habían podido poner de acuerdo sobre el valor del periódico. Medellín, para comenzar la negociación, decidió pedirle a Augusto López el doble de lo que había dado su valoración de 52.000 millones de pesos. López Valencia consideró que esta cifra era astronómica y muy cordialmente le hizo saber cuál sería su mejor oferta y que por la cifra que querían los Cano no habría negocio. Ante esta directa y clara reacción de López, Medellín, desconcertado, lo único que hizo fue despedirse y salir pues en ese momento los Cano no tenían un plan B. Sin embargo poco a poco los Cano comenzaron a bajar sus expectativas de precio a dimensiones más reales. Finalmente, y presionados por la desesperada situación económica del diario, aceptaron la cifra que había ofrecido inicialmente el Grupo. Bajo este acuerdo Bavaria adquirirá un 70 por ciento de las acciones de El Espectador por un valor que, aunque está sujeto al proceso de debida diligencia, podría llegar a una cifra cercana a los 20.000 millones de pesos. Además de esto, el acuerdo comprende una capitalización por 25.000 millones de pesos que realizarán ambos socios de acuerdo con sus respectivas participaciones. En otras palabras, los Cano tendrán que desembolsar 7.500 millones de lo que reciban por la compra de sus acciones. Esta capitalización resolvería el problema de endeudamiento del periódico y le permitirá hacer las inversiones que necesita para crecer. Al cierre de esta edición no se sabía cuál de las dos partes estaba más feliz. La familia Cano no sólo se había salvado de la quiebra personal sino que se pudo quedar con el 30 por ciento del periódico que, con el Grupo a la cabeza, tiene un buen porvenir. Por su parte Julio Mario Santo Domingo registraba un grado de felicidad que no se le veía desde el día en que ganó la subasta de las licencias para la telefonía celular. Para Bavaria la compra de El Espectador cierra el círculo de su estrategia en el sector de los medios. Ahora, además de su presencia en radio, revistas, televisión, cable y DirecTV, había obtenido el control del diario de mayor tradición en el país. En medio de las celebraciones Augusto López, hablando sobre el futuro de El Espectador, manifestó a SEMANA: "En el Grupo, ser segundo en cualquier negocio, es una derrota. y estamos dispuestos a metérsela toda" y agrega, "yo creo que es sano que la propiedad de los medios esté en manos de los empresarios. Esto permite que haya ascensos por mérito y que la gente buena pueda llegar a la cima. Esta movilidad no existe en las empresas familiares". No todo el mundo en Colombia, sin embargo, compartía la felicidad de los protagonistas del negocio. Para unos no dejaba de ser paradójico que un periódico que asumió el papel de adalid de la lucha contra el poder de los grupos económicos en la década de los 70 acabará en las manos del grupo más poderoso que ha habido en la historia de Colombia.

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