Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1997/11/10 00:00

EL TIEMPO SI SE DETIENE

Tres grandes negocios del periódico de los Santos, la televisión, la larga distancia y la compra de 'El Espectador', se cancelan o se suspenden. ¿Qué pasó?

EL TIEMPO SI SE DETIENE

No es una coincidencia que el lema del periódico sea 'El Tiempo no se detiene'. Desde que Luis Fernando, el segundo de los hijos de Enrique papá y sobrino de Hernando Santos, el actual director, asumió la gerencia de la empresa, El Tiempo se comprometió con un ambicioso proceso de diversificación que tenía un claro sentido: aprovechar la enorme estructura empresarial y el grado de competencia informativa del periódico para explorar otras maneras de 'recoger y empacar la información'. Todo ello sobre la base de proteger la estructura informativa del periódico, bajo la convicción de que el medio impreso tiene todavía mucha vida útil en el planeta. Mientras esta vida útil no se vea amenazada, escenario que no se presentará, según los expertos, antes de 20 años, El Tiempo tiene pensado copiar otros patrones de publicaciones en el mundo que exploran aventuras comerciales compatibles con el oficio de informar, que sean rentables y que los monten en el tren del futuro.Por eso El Tiempo no se detuvo. En los últimos 10 años se ha comprometido en empresas como la impresión comercial, el Círculo de Lectores, TV Cable, el trunking digital, las multirrevistas y, su más reciente aventura, Tower Records, una jugosa licencia para la venta del mayor repertorio de CD, y otros productos como revistas internacionales y videos que se hayan ofrecido en el país. Sin embargo ninguna etapa sería tan crucial para la transformación de las dimensiones de El Tiempo como la que había emprendido en la actualidad. Tres proyectos de gigantesca magnitud venían cocinándose en el horno: la entrada al negocio de la larga distancia, la participación en un canal privado de televisión y la compra de su archirrival, el periódico El Espectador. Por diferentes motivos los lanzamientos de estos tres exocets comerciales, o se han cancelado, o están momentáneamente suspendidos.
La television
Que El Tiempo quisiera incursionar en televisión no debe sorprenderle a nadie. Utilizar la sólida infraestructura noticiosa de la publicación en asociación con un canal privado, era una idea más obvia que ambiciosa. Para ello Luis Fernando Santos exploró varias alternativas, hasta encontrar la más apropiada: una sociedad con el Grupo Ardila Lülle, propietario de RCN, como socio mayoritario, y con la programadora RTI, que participaría con El Tiempo en la sociedad como socios minoritarios. De acuerdo con la legislación vigente en el momento de pactar la asociación, que establecía topes máximos para la propiedad del canal, se determinó que los porcentajes serían así: 30 por ciento para RCN, 20 por ciento para El Tiempo, 20 por ciento para RTI, y el 30 por ciento restante para un eventual socio internacional. Este esquema accionario garantizaba que no hubiera un control excesivamente mayoritario de ningún grupo y que El Tiempo, con un porcentaje equilibrado frente a sus socios, pudiera cumplir su ambición de manejar la parte informativa del canal, dejándole a RCN y a RTI la producción de su fuerte televisivo, que es la programación de entretenimiento. Para tal efecto se decidió que el nombre de la sociedad sería TRR (El Tiempo, RCN y RTI) y que para bautizar el canal se buscaría un nombre llamativo, que no le diera prelación a ninguno de los tres socios, para evitar una eventual disputa, porque todos se consideraban lo suficientemente prestigiosos como para aportar 'su marca' como sello del canal.Sin embargo, en diciembre del año pasado, el Congreso aprobó la famosa ley que no sólo revocó la programación general, incluyendo los noticieros, sino que tumbó el tope del 30 por ciento que podía tener un solo propietario en los canales privados. RCN resolvió entonces elevar su participación accionaria en el canal al 51 por ciento, lo que fue aceptado por los demás socios sobre la base, por parte del periódico, de que siguiera respetándose su liderazgo en el manejo de la información del canal, con un derecho de veto del socio mayoritario.Pero sucedió entonces algo bastante lógico. Que RCN quiso imponer su nombre en el canal, por la razón de que el otro canal privado más factible llevará el nombre de su mayor rival: Caracol. Los dos grupos económicos se han convertido en marcas gemelas y rivales en la radio y en la programación comercial. Gossaín vs Arizmendi, Las Juanas vs Prisioneros del amor. Samuel Duque vs Mabel García y dos marcas cara a cara: RCN vs Caracol. En este escenario, que el Grupo Ardila Lülle no impusiera su nombre comercial sonaba raro. Pero El Tiempo ya no consideró prudente, bajo este nuevo esquema, permanecer en la sociedad. Y fue entonces cuando comenzaron a suceder cosas. Samuel Duque, gerente de la programadora de televisión de RCN, fue retirado de su cargo después de 22 años de vinculación con la empresa por diferencias de criterio con Carlos Ardila sobre la viabilidad de un canal privado en las actuales circunstancias económicas del país, y por haber sido el negociador del liderazgo informativo de El Tiempo cuando Ardila tenía apenas el 30 por ciento del canal.Pero también hay otro episodio: frente a la salida de El Tiempo, RTI no se quedó quieta. En una hábil jugada comercial, sus socios 'partieron cobijas', de manera que una parte de ellos, concretamente Patricio Wills, la viuda y los hijos del socio fundador, Fernando Gómez Agudelo, se quedarán en la televisión mixta, mientras que otro de los socios, Fernando Restrepo, permanecerá en la sociedad para el canal privado con el Grupo Ardila. Como socio internacional se ha pensado en Mike Solomon, quien tratando de pasar inadvertido, llegó la semana pasada a Bogotá y se hospedó en el discreto Hotel Victoria Regia, con tan mala suerte que fue 'pichoneado' por el director de La FM, Julio Sánchez Cristo. Interrogado por éste en la radio sobre su interés en la televisión, Solomon lo negó rotundamente. Se sabe, sin embargo, que el acuerdo con Restrepo se mantendrá en secreto hasta que no se concrete de manera definitiva.Solomon es un curioso personaje. Comenzó su carrera en Colombia con un maletín en la Costa Atlántica. En él llevaba copias de cine de cuarta categoría que vendía a los teatros de mala muerte. Fue tan exitoso que montó luego en Estados Unidos la compañía Lorimar Studios, productora, nada menos, que de la exitosa serie de televisión Dallas. Luego se convirtió en presidente de la Warner Brothers International, compañía de la que salió con una prima millonaria a montar Solomon Broadcasting, una empresa que pretende realizar inversiones en canales y estaciones de televisión en América Latina. Que este hombre, propietario de una mansión en Beverly Hills que vale más de 20 millones de dólares, asegurara que su visita en Colombia se debe al interés de explorar compradores para su material, sería equivalente a encontrarse con el presidente de Bavaria, Augusto López, de maletín en una calle de Caracas, buscando compradores para latas de cerveza. Por eso a finales de la semana pasada era claro que el nuevo canal de Ardila Lülle estará compuesto por la mitad de RTI y muy posiblemente por el tigre Solomon, una competencia poderosa para el canal privado de Caracol. Por lo pronto, en materia de televisión, El Tiempo advierte que no cuelga la toalla. Planea la construcción de estudios y tiene pensado convertirse en productor de programación, previendo que los canales privados no darán abasto para generarse su propia producción.'El espectador'Otro proyecto de El Tiempo es la compra de su archirrival, El Espectador. Este tradicional periódico ha venido afrontando problemas económicos desde hace tiempos, fruto, según los expertos, de una desacertada administración. Según Luis Fernando Santos, la existencia de la competencia para El Tiempo es fundamental. "Pensamos con preocupación que la desaparición de 'El Espectador' se nos devolvería en credibilidad", le dijo a SEMANA. Por eso, cuando comenzó a circular la versión de que los Cano habían decidido vender, Santos tomó el teléfono, llamó a don Luis Gabriel Cano y le informó sobre el interés de El Tiempo en comprar a su competencia. Aunque el único contacto ha sido esa llamada y el balón quedó en el campo de los Cano, sin que hasta el momento se haya producido una respuesta, la propuesta llegó en el momento en el que se supo que el Grupo Santo Domingo era el comprador más opcionado de El Espectador. Que El Tiempo quiera comprar su competencia para protegerla es una visión romántica de las cosas. Para algunos observadores el interés de los Santos podría radicar en evitar que el Grupo Santo Domingo compre El Espectador y lo convierta en una competencia fuerte, que hoy por hoy no es. El problema más grave de El Espectador no solo radica en los 30.000 millones de pesos de su deuda, sino en una carga prestacional gigantesca. La única manera de salir de ese agujero es con una pauta asegurada que solo el Grupo Santo Domingo puede garantizar. Si El Tiempo llegara a concretar su oferta de compra tendría dos caminos: o cerrar del todo su competencia, o dejar el manejo en manos de los Cano, lo que garantizaría por lo menos que no sería más fuerte de lo que ya es hoy. Otro de los interesados fue el Sindicato Antioqueño, que alcanzó a hacer una oferta, pero que la retiró por considerar que la compra de un medio de comunicación no le convenía a su imagen. El ideal, para El Tiempo, sería armar un grupo con otras tres o cuatro empresas que garanticen que el precio del negocio no sea desmesurado para el periódico. Sin embargo no es muy factible que el Grupo Santo Domingo se deje quitar El Espectador: con radio, televisión y revistas, lo único que le falta al Grupo es un periódico para completar su ambicioso proyecto en el campo de las comunicaciones en Colombia.
La larga distancia
El último de los grandes proyectos de El Tiempo era la larga distancia. Como antecedente el diario había intentado incursionar en el negocio del celular, bajo la convicción de que las telecomunicaciones eran apenas un complemento natural para diversificar la información. Luego de perder la subasta del celular por menos del medio por ciento, El Tiempo le puso los ojos a la larga distancia, y para ello encontró un grupo atractivo: una sociedad con Luis Carlos Sarmiento, MCI, Bell Canada y la Empresa de Teléfonos de Bogotá. Aunque el porcentaje no era amplio se le garantizaba a El Tiempo una digna participación en la junta directiva y en la toma de decisiones. Pero entonces el gerente de Telecom en la época, Julio Molano, firmó una convención colectiva con el sindicato que pospuso indefinidamente el proceso de privatización de la larga distancia.Ante el cambio de condiciones del negocio, los grupos que estaban preparados para disputarse la larga distancia comenzaron a disolverse. A eso se sumó que el tope del 25 por ciento que imponía la ley anterior para evitar los monopolios, como en el caso de la televisión, se eliminó y a socios como la Empresa de Teléfonos de Bogotá se les abrieron los ojos y exigieron aumentar su participación accionaria. Ante la decisión de que participar en la larga distancia no es un objetivo estratégicamente crítico para El Tiempo, el periódico se ha retirado de la propuesta, aunque asegura que está todavía observando el escenario en busca de una puerta abierta.Con estas decisiones Luis Fernando Santos, que no se caracteriza precisamente por ser un improvisador, está tomándose el futuro con tranquilidad, sin afanes y sin carreras. Para él, El Tiempo, a pesar de su eslogan, a veces sí tiene que detenerse.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.