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| 8/2/2008 12:00:00 AM

El trompo de poner

Con sus críticas al banco central, el presidente quiere buscar un culpable a la desaceleración de la economía.

El miércoles pasado, el gerente del Banco de la República, José Darío Uribe, realizó una de las intervenciones más contundentes que se recuerden en el Congreso de la República de parte de la autoridad económica. Jota, como se le conoce en los círculos académicos, defendió con la técnica propia de su cargo, pero con mucha vehemencia, cada una de las actuaciones que recientemente ha tomado el Emisor en materia de tasas de interés.

Para un buen entendedor, pocas palabras bastan. Su intervención fue una clara respuesta a las fuertes críticas que le hizo el presidente Álvaro Uribe a la junta directiva del Emisor por su decisión de subir las tasas. Decirle al Banco de la República que debe actuar con el oído puesto en la opinión pública, y responsabilizarlo de afectar el crecimiento económico al subir los intereses, no cayó bien entre los codirectores, que sintieron que Uribe se pasó de la raya y los echó al agua injustamente.

Las declaraciones del Jefe del Estado también sonaron desproporcionadas entre muchos economistas del país. Rudolf Hommes, quien fue uno de sus más fieles colaboradores, consideró que Uribe se sobrepasó esta vez. Para otro ex ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, la tesis del primer mandatario de pedirle al Banco que escuche al pueblo para tomar sus decisiones es totalmente equivocada. Las razones son de Perogrullo. Si se le preguntara a la gente si quiere que le suban las tasas de interés, obviamente diría que no.

Con su política de incremento de tasas, la Junta está haciendo bien su tarea, al evitar que la inflación siga creciendo en Colombia. En estricto sentido, está pensando en el pueblo al controlar una disparada de los precios que castiga con mayor severidad a los más pobres.

Todo el mundo entiende la preo-cupación del presidente Uribe, pues como mandatario quiere que la economía marche bien, que haya empleo y bienestar para todos. Pero eso no justifica la exagerada reacción del fin de semana pasado. Mientras en muchos países los presidentes han respaldado esta semana a sus bancos centrales, como en Chile, Perú y Brasil, acá Uribe lo incrimina. Su primer ministro de Hacienda, Roberto Junguito, lo excusó diciendo que el Presidente respeta la junta, pero que muchas veces en los consejos comunitarios el momento le impide reflexionar con claridad.

No es un secreto que hoy el lado más débil del gobierno es la economía. Los expertos piensan que como van las cosas, ésta le podría hacer pasar un mal momento en una eventual reelección presidencial. La economía será el gran factor diferenciador en una próxima carrera a la Presidencia, pronostican analistas. La preocupación de algunos críticos del gobierno es que si la situación económica se deteriora aun más, Uribe buscará a quién echarle la culpa. Y allí está el Banco como el trompo de poner.

Para los analistas, lo realmente grave es que se llegue a poner en riesgo la independencia del Banco. Uribe tiene la posibilidad a comienzos del próximo año de cambiar dos codirectores, y con eso toda la junta terminaría siendo elegida por este gobierno. Hasta ahora, por fortuna, el Emisor ha actuado con autonomía. Pese a las peticiones de Uribe para que no se incrementen las tasas, la junta las ha subido en más de 15 ocasiones en el último año y medio.

Este rifirrafe entre la autoridad monetaria y el gobierno no es nuevo. Hace seis años Uribe, en la noche de su primera elección, le solicitó al Banco de la República cambiar su cartilla para ayudar en la lucha contra el desempleo y la pobreza. Con esa petición, que sorprendió en su momento, se presagiaba que las relaciones entre el gobierno y el Emisor no serían fáciles. Se cumplieron a la letra esos pronósticos.
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