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| 7/29/1991 12:00:00 AM

EL ULTIMO GALANISTA

Parejo renuncia diciendo lo que muchos piensan y pocos dicen.

LAS PEORES CRITICAS CONtra la política del Gobierno que desembocó en la entrega de Pablo Escobar no vinieron del Washington Post ni del New York Times ni de Bob Martínez ni del embajador de Estados Unidos en Bogotá, Thomas MacNamara. Paradójicamente vinieron del propio seno del Gobierno de César Gaviria: de Enrique Parejo González, embajador de Colombia en Suiza. La semana pasada el ex ministro de justicia se vino lanza en ristre contra la política de Gaviria en materia de narcoterrorismo. Era ya la segunda vez que lo hacía pues antes de la entrega había enviado una carta pública señalando que el Gobierno estaba cediendo en esa lucha.
Ahora enumeraba, una a una, todas la concesiones que a su juicio se habían hecho desde la expedición del decreto 2047 hasta el ingreso de Pablo Escobar a la cárcel.
Llegaba a la conclusión de que se habían quebrantado principios fundamentales del derecho y de la justicia, como el de la igualdad ante la ley.
La columna periodística del embajador no sólo disonaba con el ambiente del momento sino que creaba un problema diplomático y político de primer orden. Como embajador, era inaceptable que se fuera lanza en ristre contra lo que el Gobierno considera uno de sus más grandes logros. Como ex ministro de Justicia que firmó extradiciones. el fantasma de Low Murtra hacía imposible pedirle la renuncia.
Sobre todo al canciller Luis Fernando Jaramillo, a quien le habían echado toda el agua sucia por ese episodio. El Gobierno, contra la pared, no tuvo más alternativa que guardar silencio inicialmente, ante lo que prácticamente era una provocación. Tres días duró esta incómoda situación hasta que el canciller recibió la renuncia de su embajador pero fechada un día antes de la publicación del escrito.
Jaramillo le dio respuesta con una ambigua carta que, palabras más, palabras menos, decía que por las amenazas contra su vida le permitirían seguir en el cargo pero que tuviera la amabilidad de no seguir escribiendo artículos en contra del Gobierno. La carta era incoherente pero la verdad es que no se podía escribir nada diferente. Hábilmente, Parejo reviró en una segunda carta abierta, poniendo de presente que las preocupaciones sobre su seguridad eran un reconocimiento implícito de que
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