Miércoles, 18 de enero de 2017

| 1988/12/12 00:00

EL ULTIMO VUELO

Recién llegado de Medellín, es asesinado en el aeropuerto de Bogotá primo de Pablo Escobar.

EL ULTIMO VUELO

Dentro del estrés que produce estar en un aeropuerto, afanados con el retraso en los vuelos, con el problema de conseguir cupo, el de entregar las maletas en el mostrador y el susto que a la mayoría le produce montarse en un avión, lo único que le faltaba a los pasajeros que se encontraban en el Puente Aéreo de Bogotá al mediodía del pasado jueves 10, era una balacera.
El asunto no tuvo nada que envidiarle a un episodio de una novela de Mario Puzo. Acababan de dar las 12 del día cuando un hombre, que recién había llegado en un vuelo procedente de Medellín, entró a la Librería Nacional para comprar los periódicos de la fecha. Mientras tanto, sentado en una de las sillas de espera, su chofer-guardaespaldas lo esperaba afuera del establecimiento. El hombre de los periódicos, un ganadero paisa de nombre Gustavo de Jesús Escobar Fernández, salió de la librería cuando, en fracción de segundos, se armó la de Troya. Escobar se disponía a tomar su automóvil en el momento en que se le acercó un hombre de unos 35 años, de 1.75 metros de estatura, que sacó una pistola calibre 7.65 y comenzó a dispararle. El pánico se tomó las instalaciones del terminal aéreo y los presentes debieron lanzarse al piso para evitar ser alcanzados por las balas.
De manera inmediata, Escobar cayó al suelo mientras su atacante trataba de ganar una de las salidas para huír del sitio. Al parecer, con lo que no contaba el asesino era con la presencia del guardaespaldas que esperaba en el pasillo, quien reaccionó a tiempo para desenfundar su arma y disparar contra el agresor. Nadie entendía qué había pasado. Mientras el asesino moría ahí mismo, Escobar Fernández era trasladado a la Clínica San Pedro Claver, a la que llegó sin vida. Pero el saldo trágico no terminó ahí. La joven de 20 años, María Flórez Gutiérrez, quien se encontraba en el Puente, resultó herida por los disparos y su estado de salud era grave al cierre de esta edición.
Los primeros datos conocidos no dejaron en claro los móviles del atentado. Según documentos encontrados en sus ropas, fuera de sus actividades como ganadero, Gustavo de Jesús Escobar se desempeñaba como asesor jurídico del Congreso de la República, aunque esta versión fue desmentida por voceros de esa institución. Las cosas tomaron otro giro en horas de la noche, cuando el noticiero de televisión 24 Horas informó que Escobar Fernández era primo de Pablo Escobar Gaviria, lo que hace suponer que el hecho se inscribe dentro de la serie de matanzas de la llamada "guerra de carteles" .
En cuanto al agresor, ni los móviles reales del asesinato ni la identidad del asesino se conocían al final de la semana. Lo único cierto es que, así como ocurre en la guerra antiguerrillas, en la lucha entre carteles son los civiles quienes están comenzando también a caer en el fuego cruzado. Desde que se inició esta serie de vendettas, transeúntes inocentes o clientes indefensos han sido las mayores víctimas. Basta recordar lo ocurrido en el mes de agosto en Medellín, al ser incendiada una sucursal de la cadena de droguerías Drogas La Rebaja. Y son esos riesgos que comienzan a correr los civiles, los que están cuestionando la idea que había hecho carrera, según la cual en esa guerra entre mafias no hay bala perdida. Todo lo contrario, lo que hay son muchas balas perdidas buscando el cuerpo de algún civil inocente.

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