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| 3/14/2009 12:00:00 AM

¡El uribismo a la carga!

A diferencia de hace cuatro años, cuando Uribe sacó a sus escuderos para dar la batalla por la reelección, ahora los manda a armar un poderoso partido para el Congreso. ¿Cuál es la estrategia?

Hasta ahora los uribistas más devotos, incluido el mismo Presidente, han estado convencidos de que la mejor fórmula de mantener su proyecto de Estado es que el propio Álvaro Uribe se quede por lo menos cuatro años más en la Casa de Nariño. Y a eso les siguen apostando todos sus escuderos.

Pero esta semana el primer mandatario destapó las cartas de una nueva estrategia, que si bien no quiere decir que descarte la reelección, sí puede servir como 'plan B' para garantizar la permanencia de su régimen en caso de que al final de este año, y después de todos los trámites que faltan, el Presidente no obtenga el visto bueno jurídico para lanzarse a una nueva reelección.

El gobierno se ha puesto en la tarea de armar un nuevo partido político. La orden está clara: hay que tomarse el Congreso; y la meta es ambiciosa: que el nuevo partido uribista logre elegir 60 senadores y 120 representantes a la Cámara. Con el control del Congreso, Uribe podría dormir tranquilo, pues cualquiera sea el que lo reemplace en la Casa de Nariño ante cualquier intento de salirse de la cartilla fijada tendría que enfrentarse con una aplanadora uribista, ya no prestada sino propia, en el Legislativo.

Pero también es cierto que con reelección o sin reelección de por medio es obvio que un mandatario tan popular como Uribe aspire a crear su propio partido. Como bien lo resume un congresista: "Un partido poderoso le sirve a Uribe de retaguardia en caso de que sea ex Presidente o de vanguardia si se mantiene como Presidente". Si logra su cometido se convertiría además en el primer gobernante en la historia del país en conquistar una mayoría parlamentaria con un partido creado a su imagen y semejanza.

No fueron casuales las dos fotografías tomadas esta semana en el corredor de salida de la Casa de Nariño, que luego los voceros oficiales se encargaron de convertir en noticia. El presidente Uribe hizo algo que no había hecho en sus seis años de gobierno: salió hasta la puerta del Palacio Presidencial a despedir a dos de sus más leales escuderos. El miércoles, a su ministro de Medio Ambiente, Juan Lozano, y el jueves, a su comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, les dio su bendición política con frases calcadas: que se fueran para "ayudar a elegir un Congreso de excelencia", les dijo.

Con ese gesto el primer mandatario anuncia que él es el mariscal de campo detrás de las tropas que tienen como misión tomarse el Congreso.

Hay una gran coincidencia y una gran diferencia entre esto y lo que ocurrió cuatro años atrás. En ese entonces, en vísperas de las elecciones, Uribe también se despojó de fichas cotizadas de su guardia pretoriana, como Fabio Echeverri y Ricardo Galán. Pero la diferencia es que esta vez desintegra su sanedrín no para que le armen desde afuera su campaña para la reelección, sino para que se dediquen a la campaña del Congreso.

El cambio de énfasis no puede ser interpretado como que ahora Uribe le tiene más fe al Congreso que a la reelección. Pecaría de iluso quien así lo considere. Al fin de cuentas, en ambos casos se trata de conseguir la misma materia prima, votos uribistas, y mientras más se recojan con la mirada puesta en el Congreso, mucho mejor para Uribe en caso de que se llegue al referendo y a la reelección misma.

Caballos de Troya

Es muy claro el interés de la Casa de Nariño en que la estrategia les salga bien. Uribe no sólo mandó a la batalla a uno de sus escuderos más aguerridos, el comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo, el mismo al que le tenía prohibido renunciar a su cargo, sino al ministro Juan Lozano, que no tenía entre sus planes retirarse del gobierno, tras una reunión de tres horas le dejó claro que lo necesitaba era en el Congreso.

En cuanto a la salida de José Obdulio Gaviria, que también se concretó esta semana, es significativa por lo que éste simbolizaba de puertas para afuera en el sanedrín de Palacio, pero varias de las fuentes consultadas para este artículo consideran que él no se ha integrado a la estrategia y va por su cuenta. A diferencia de lo que ocurrió con Restrepo y Lozano, el presidente Uribe no salió hasta la puerta a darle a José Obdulio la bendición.

Por ahora todos tienen clara la guía de instrucciones del Presidente: él quiere que sea un solo partido, con nuevas caras en el tarjetón como lo hicieron hace cuatro años al inaugurar el partido de La U con Gina Parody y Marta Lucía Ramírez, y que sea pluralista, para lo cual están tratando de tentar a dos congresistas del Polo.

Tal vez la tarea más difícil es lograr acomodar a todos en un solo partido. La idea de la Casa de Nariño era hacer uno nuevo, que se llamaría Primero Colombia, para arrancar de cero, con el sello de Uribe y sin tener que cargar con un nombre contaminado por la para-política. Pero los caciques de La U, que están del lado del ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, se niegan a romper filas. Esta semana lo dejaron claro al proponer otros candidatos distintos a Luis Carlos Restrepo para la presidencia del partido. Al final puede que el ex comisionado sea nombrado en ese cargo, pero ellos querían dejar sentado que si bien siguen siendo uribistas, el que lleva las riendas es Juan Manuel Santos y no el sanedrín de la Casa de Nariño.

Lo más probable entonces es que La U se mantenga, que recoja a muchos de los pequeños partidos uribistas en vías de extinción, y que de manera simultánea se forme un nuevo partido uribista, para recoger a quienes no se sientan cómodos en La U.

Si llega a cuajar la fórmula, se pueden convertir en una prueba ácida para otros partidos. En el caso del Liberal, por ejemplo, Rodrigo Rivera ha mostrado grandes simpatías por Uribe y asegura que en esa misma tónica están los 34 congresistas que firmaron un comunicado de apoyo a la seguridad democrática en la más reciente cumbre liberal. Y en Cambio Radical, el representante Roy Barreras ha hecho cuentas de que por lo menos 20 congresistas de su partido se inclinarían por el uribismo en caso de ser obligados a elegir.

En los dos casos ninguno de ellos descarta que puedan tomarse sus respectivas agrupaciones. Y sobre esa hipótesis Rivera terminaría siendo el jefe del Partido Liberal y Juan Lozano de Cambio Radical. Pero eso, por ahora, no pasa de ser un simple ejercicio mental, si se tiene en cuenta que a cargo de esos partidos están dos pesos pesados de la política, César Gaviria y Germán Vargas, que no se van a dejar sacar del camino. Y en términos ideológicos y de disciplina partidista, el escenario más probable es que al final del día los uribistas terminen deslizándose a La U o al nuevo partido.

De todas maneras, el aroma de golpe de estado en los partidos se siente. Tanto es así, que el jueves Germán Vargas Lleras advirtió: "Si de lo que se trata es de ir a conspirar a la reunión es mejor que no vayan", dijo refiriéndose a la asistencia de los congresistas Nancy Patricia Gutiérrez y Roy Barreras en la cumbre de Cambio Radical que se llevaba a cabo al cierre de esta edición. "Pueden irse en el momento que quieran. Lo que no resistimos es caballos de Troya dentro del partido", añadió.

Este apenas es el primer capítulo de una historia sobre estrategias políticas que será presentada por entregas al país hasta el próximo marzo, exactamente un año, cuando sea elegido el nuevo Congreso y se sepa si en definitiva el uribismo logró ganar una vez más la partida.
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