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| 3/10/2012 12:00:00 AM

El valor del gesto

El viaje del presidente Juan Manuel Santos a La Habana fue oportuno y bien manejado, pero no despejó todos los nubarrones que se ciernen sobre la Cumbre de las Américas.

El sorpresivo viaje del presidente Santos a La Habana fue lógico y útil. La química que surge de un encuentro personal atenúa las diferencias, con el valor añadido de que en esta ocasión tenía en un mismo espacio a Raúl Castro y a Hugo Chávez. Se daba por descontado que este último debería mostrarse agradecido porque es imposible salir a insultar a alguien cuando se tiene el gesto de visitarlo en su lecho de enfermo.

Sin embargo, no despejó todos los nubarrones que se ciernen sobre la Cumbre de las Américas que se realizará en Cartagena los días 14 y 15 de abril. Aunque el miércoles, durante la visita, Castro le manifestó a Santos en tono cordial que no era su intención "crear un problema, ni para la Cumbre ni para Colombia", al día siguiente, a través de su canciller, Bruno Rodríguez, levantó la voz y expresó que Cuba nunca pidió asistir porque, entre otras cosas, su gobierno tiene la convicción de que "estas cumbres solo sirven para que Estados Unidos ejerza su dominación" sobre los países del área.

Chávez, por su parte, también le dijo a Santos que le "gustaría estar presente en Cartagena" aunque esto dependía de la mejoría de su estado de salud. Después, desde el Palacio de Miraflores, en Caracas, el Gobierno Bolivariano emitió una declaración en la que Venezuela le ratificaba a Colombia "la posición histórica de rechazar la exclusión de Cuba de este tipo de Cumbres, llamadas de las Américas" y "la necesidad de celebrar un debate para que el continente logre que se levante el bloqueo de Estados Unidos" contra la Isla. Por si fuera poco, se informaba que la presencia estaba condicionada a la decisión que tomará en bloque la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (Alba).

Así las cosas, al valor del gesto de visitarlos, Castro y Chávez le respondieron en persona con cortesía aunque después subieran el tono en los partes oficiales. Esto no significa necesariamente que Chávez y sus camaradas del Alba vayan a estar ausentes de la cumbre. Incluso es probable que hasta el reticente Rafael Correa se haga de rogar hasta último momento pero al final asista. Lo cual tiene sus matices. Porque este tipo de encuentros deben cumplirse con un rigor milimétrico, no solo por el número de asistentes -34 Jefes de Estado y de gobierno- y el estrecho margen de tiempo -dos días-, sino porque se trata de hacerse una foto oficial en la que todos se muestren sonrientes. En la filigrana y los asuntos de fondo se viene trabajando desde hace casi dos años con las comisiones de cada país.

Y sin estar Cuba -como ha sido tradición en los últimos años- puede volver a ser protagonista del evento. "Rafael Correa tendrá una excusa perfecta para lanzar sus arengas contra el Imperio frente a las cámaras y amplificado por pantallas gigantes", dice Sandra Borda Guzmán, profesora de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de los Andes. Santos, que busca erigirse como una voz con liderazgo en la región, no tiene interés alguno en mortificarle el rato a Barack Obama, quien además ha dicho que "le encantaría" quedarse a dormir en Cartagena porque sabe de la "hospitalidad de sus gentes".

¿Qué puede hacer Colombia? La Cancillería seguramente se empleará a fondo para aplazar el problema de la Isla. Es decir, dirá en Cartagena que es importante promover la discusión sobre la presencia de Cuba en otros foros y que deseará verla sentada en la mesa en la próxima cumbre, que se realizará en Panamá. Pero dirá que, por ahora, hay otros temas muy urgentes. En este sentido, le cayó como anillo al dedo el anuncio del Departamento de Estado sobre la disposición de Estados Unidos de discutir en la Cumbre de las Américas la posibilidad de legalizar las drogas. Y aunque en La Heroica no se va a cambiar la política antidroga, Colombia tiene toda la autoridad para exigir que se hable sobre el impacto para el continente de la lucha contra el narcotráfico. No solo los países centroamericanos quieren hablar de vías distintas a la represión, sino que el presidente Santos no ha ocultado su interés en liderar este polémico pero necesario debate en la región. Es un tema complejo porque es seguro que ninguno de los diez países del Alba querrá ponerse a pelear con Santos. Así, al final él y su canciller podrán volver a respirar tranquilos.
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