Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2000/08/14 00:00

El verdadero Astèrix

José Bové, el campesino francés que encarna la lucha mundial contra la globalización y la influencia norteamericana, estuvo en Colombia.

El verdadero Astèrix

Millones de Para los colombianos fue uno más de los 10 miembros de la Misión Internacional Campesina que, durante una semana, visitó el país para conocer de primera mano el problema del desplazamiento interno y los efectos de los megaproyectos económicos en la sociedad. Para los campesinos de la zona de Lárzac, en el sur de Francia, es un héroe local aunque buena parte de la opinión pública de ese país lo considera un ídolo nacional. Una especie de Astèrix, el irreductible galo de las caricaturas que lucha contra la dominación del Imperio Romano con la ayuda de una poción mágica. Para las compañías multinacionales y los organismos multilaterales, como la Organización Mundial del Comercio (OMC), es una piedra en el zapato. Para los medios de comunicación, que lo convirtieron en una leyenda mundial, es el emblema de la lucha de los nuevos movimientos sociales contra la globalización. Para otros es un Quijote moderno, un utópico soñador empeñado en combatir contra molinos de viento. La hazaña que lo convirtió en héroe mundial: destruir un McDonald’s en una pequeña localidad de Francia.

¿Quién es este personaje novelesco, de mediana estatura, fornido, ojos azules, mostacho y manos cuadradas y endurecidas por el trabajo? Se presenta y se le conoce como José Bové, aunque cuando nació en 1953 sus padres lo bautizaron Joseph. Creció en Talance, cerca de Burdeos, pero vive en Montredon desde 1974. Bové es pastor: tiene 550 ovejas, algunas vacas y unos cuantos cerdos. Vive de lo que cultiva y de la leche de sus ovejas, que le vende a los productores de queso roquefort de la región. La historia de esta región y la de Bové están ligadas. Allí descubrió y desarrolló las dos vocaciones —la de campesino y la de rebelde— que lo hicieron desistir de su idea de ser profesor de filosofía y hoy lo tienen convertido en uno de los primeros héroes mediáticos del siglo XXI.



Rebelde con causa

A los 21 años José Bové se negó a prestar servicio militar y tampoco aceptó el servicio civil que le ofrecían a cambio. Mientras se encontraba escondido en un granja, cerca de Burdeos, se enteró de la existencia de un campo abandonado en Lárzac. Los campesinos querían ocuparlo para evitar que el ejército lo usara como campo de tiro. Bové se fue, junto con su compañera Alice, a apoyarlos y allá se quedó. “Es un lugar de alta resistencia, tuvimos que luchar muy duro contra el Estado francés y el ejército que quería quitarnos nuestras tierras para ampliar un campo de entrenamiento”, recuerda Bové mientras enciende la pipa que siempre lo acompaña. Con Alice y otros amigos se apropió de una granja abandonada sin ningún servicio. Bajo la luz de lámparas de petróleo leían las obras de impulsores de la no violencia como Gandhi o Martin Luther King, anarquistas como Mijail Bakunin o Joseph Proudhon, escritores contraculturales como Jack Kerouac o filósofos como Ralph Waldo Emerson.

En 1976, al frente de un grupo de 103 campesinos, fue encarcelado tres semanas por invadir instalaciones militares. En 1981 los militares se retiraron de Lárzac, tal y como se lo había prometido a Bové su amigo François Mitterrand. Acabado el problema, el pastor y su familia se convirtieron en arrendatarios de la propiedad.

Luego de este triunfo, durante la década de los 80, Bové se dedicó al sindicalismo agrario. “De estas luchas surgió el primer sindicato para los campesinos y los trabajadores y en el 87 se unieron todos los sindicatos para fundar la Confédération Paysanne (CP). Yo fui uno de los primeros dirigentes de este sindicato campesino”, dice Bové, sentado bajo un cuadro que muestra a un campesino colombiano arando la tierra, en un apartamento de las Torres del Parque en Bogotá.



Sindicalismo agrícola

Las luchas que emprendió Bové con la Confédération Paysanne lo pusieron en la senda que lo llevó a erigirse en diciembre pasado, frente al Palacio de Congresos de Seattle con un queso roquefort en la mano, en la figura de las manifestaciones contra la OMC. “En 1980 comenzamos una lucha muy dura para que no se utilizaran hormonas en la crianza de los animales. Se unieron a nosotros los consumidores de carne y logramos que en 1987 la Comunidad Europea prohibiera toda utilización de hormonas en la carne. Fue el momento en que Estados Unidos se puso en contra de Europa por negarse a importar su carne con hormonas”, recuerda Bové.

Hoy la CP aglutina el 19 por ciento de los votos campesinos de Francia, un porcentaje pequeño compensado por la resonancia que ha alcanzado la organización por sus vistosas acciones. En 1988, por ejemplo, Bové aró los Campos de Marte, en París, para protestar por una medida sobre la tierra cultivable que había tomado desde Bruselas la autoridad comunitaria. En los 90 el pastor de Lárzac internacionalizó su lucha y comenzó a apuntar su cayado contra la globalización económica. “Fue en los años 92 y 93 que empezamos una verdadera lucha para que la agricultura no fuera integrada en el comercio mundial, en los acuerdos del GATT, dice. Empezamos luchando contra la política europea. Luego reflexionamos con campesinos de otros países de América Latina, de Estados Unidos y de Asia, y creamos la Confederación de Vía Campesina, que logró reunir 10.000 manifestantes en Ginebra”. La Confederación Vía Campesina es una poderosa organización no gubernamental que vela por la seguridad alimentaria de los países y por la vida digna de los campesinos.

Está década también fue testigo de cómo el ‘pacifismo activo’ que pregona Bové lo llevó una y otra vez tras las rejas. En 1995 fue condenado en Tahití por integrar la tripulación de uno de los barcos de Greenpeace que intentó impedir los ensayos nucleares franceses en el atolón de Mururoa. Un año después fue condenado por destruir cultivos transgénicos. En enero de 1998, con otros 120 miembros de la CP, ingresó en un almacén de la compañía Novartis. Allí mezclaron cinco toneladas de maíz transgénico con maíz natural, las mojaron y así las volvieron inservibles. A Bové le fue impuesta una pena de ocho meses.



Catapulta global

El año pasado Estados Unidos, por cuenta de que la Comunidad Europea se negaba a importar carne de ese país con hormonas, impuso altas sobretasas aduaneras para varios productos europeos de exportación. Entre éstos estaba el queso roquefort. Los miembros de la CP no se quedaron manicruzados, según Bové. “Fuimos a ver al ministro de Agricultura para ver qué recursos era posible utilizar para oponerse a esta medida porque con un incremento de tasas de ciento por ciento era imposible para nosotros vender queso en el mercado norteamericano”. Como el gobierno no les dio ninguna respuesta decidieron realizar una acción que tuviera repercusiones mundiales y atacara en forma simbólica a las multinacionales.

En agosto de 1999 decidieron intervenir un local que McDonald’s estaba construyendo en la localidad de Millau. La versión de Bové es muy diferente a la de las autoridades francesas. Según él, “la decisión fue ir a las obras y no romper, pero sí desmontar, los elementos del McDonald’s y llevarlos a la prefectura de la ciudad para dejar un testimonio”. Cinco días después la justicia francesa intervino y detuvo a los cinco manifestantes principales. La fotografía de Bové esposado le dio la vuelta al mundo.

Tres semanas después fue liberado con una fianza de 180.000 dólares. “Mucha gente intervino mandando plata para los compañeros, especialmente campesinos y ciudadanos estadounidenses que pagaron para que pudiéramos salir. Fue la prueba de que nosotros no atacamos al pueblo norteamericano sino al sistema de las multinacionales”, dice. El juicio a Bové se realizó a finales del pasado mes de junio. El fiscal del caso solicitó 10 meses de cárcel, de los cuales por lo menos uno deberá pasarlo a la sombra.



La lucha sigue

Después del triunfo de su discurso en la Cumbre del Milenio en Seattle y en la reunión del Foro Económico de Davos (Suiza), Bové pasó la semana pasada por Colombia como miembro de la Misión Campesina Internacional. Aquí visitó el territorio de los u’wa, probó el tamal y se fue convencido de que Colombia es “el reflejo de lo que sería el mundo si se aplicaran sin freno las reglas de la Organización Mundial del Comercio”. En septiembre Bové y sus amigos se encontrarán en una cumbre en Praga para analizar la situación de los antiguos países del bloque Este. También habrá una asamblea campesina que, según Bové, “vamos a aprovechar para mejorar nuestras relaciones con otras organizaciones campesinas y crear un observatorio mundial de la globalización que queremos instalar en Ginebra”.

Esto quiere decir que el nuevo Astèrix, seguirá en su lucha contra lo que llama “el complot del silencio” y los efectos de la globalización. Por lo pronto sus 550 ovejas, su queso roquefort y el vino de Sauternes con que siempre lo acompaña tendrán que seguir esperando.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.