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| 7/22/2006 12:00:00 AM

El verdugo del pueblo

SEMANA estuvo en Quinchía, el municipio del Eje Cafetero que celebró con trago y cohetes la muerte de 'Leyton', el guerrillero más sanguinario de la región.

Por primer a vez en los 120 años desde cuando fundaron Quinchía, la muerte de un paisano encendió una fiesta que no dejó remordimientos. Tal explosión de júbilo fue el exorcismo con el que muchos de los 40.000 habitantes de este escarpado municipio al nororiente de Risaralda se sacaron de encima el miedo acumulado durante más de siete años. Ese fue el tiempo en el que alias 'Leyton', un comandante del Ejército Popular de Liberación (EPL) oriundo de la región, los tuvo acorralados. Para algunos lugareños, la felicidad de saberlo en otro mundo es inocultable: "En el infierno o donde sea, pero lejos de nosotros", sentenció la vendedora de yerbas y pomadas milagrosas de la plaza.

Al terminar la misa de las 6 de la mañana del pasado 8 de julio, el rumor de su muerte empezó a recorrer las calles del pueblo. Sólo se detuvo al mediodía, cuando se convirtió en noticia confirmada por las autoridades. Ese sábado a las 3 de la tarde, el mayor Sergio Carreño, director del Gaula del Ejército y responsable de la cacería de 'Leyton' -en un acto inusual y controvertido-, enseñó al guerrillero a decenas de curiosos que se agolparon frente el anfiteatro a donde fue trasladado en helicóptero desde Manizales por pedido de Jorge Uribe, alcalde de Quinchía. "Para los que no creen, así es como terminan los bandidos", fue la arenga que Carreño soltó mientras exhibía el cadáver. En ese instante sonaron los primeros voladores que dieron paso a la celebración.

Aunque no fue una verbena, el ambiente era festivo y relajado. "Llamo pa'avisarle que ya puede volver al pueblo, pues acaban de matar al bandido que lo tenía seco, además, pa'que me dé permiso de tomarme una botella de guaro a su salud", fue el mensaje de voz que le dejó el administrador de una de las cantinas del pueblo a su jefe en el celular y que conserva como prueba de la emoción del momento. Cada cual buscó su manera de expresar la alegría y la tranquilidad que les trajo la noticia. Incluso hay quienes guardan como recuerdo la foto del difunto, que tomaron con sus celulares.

Con su muerte se enterraron también varios mitos que se habían construido en torno a él. "Decían que tenía pacto con el diablo y no le entraban las balas, que era brujo y se convertía en animal para escaparse", comentó un líder cívico de Quinchía. También sirvió, en parte, para quitarse de encima el estigma de ser una zona que apoyaba a la guerrilla.

La estela de terror y muerte que dejó Berlaín de Jesús Chiquito Becerra, alias 'Leyton', se comenzó a escribir en 1999, cuando salió de la cárcel luego de pagar una condena por extorsión y se vinculó al EPL. Tenía 20 años pero muy pronto daría a conocer su instinto sanguinario, "mató de un tiro a la primera mujer que secuestró mientras hablaba con su esposo por teléfono y le exigía el rescate", recuerda Bernardo Isaza, ex personero del pueblo.

Al año siguiente, luego de asesinar a su antiguo jefe, asumió el mando del grupo guerrillero en la zona y extendió su campo de acción a una vasta zona del Eje Cafetero que comprende, además de Quinchía, los municipios de Guática y Mistrató en Risaralda, así como Anserma y Riosucio en Caldas. 'Leyton' tiene el récord de haber secuestrado a 29 personas y asesinado a otras 13 en los últimos cinco años, según datos del Gaula del Ejército. Entre sus golpes más sonados se cuenta el reciente plagio de Juan Carlos Lizcano, hijo del ex congresista Óscar Tulio Lizcano.

Su capacidad criminal no conoció límites. En 2002, para evitar ser capturado, asesinó a su propia hermana, según dicen, porque pensó que iba a delatarlo para ganarse la recompensa, ya que hablaba mucho por teléfono. Igual suerte corrió una de sus primas, a la que asesinó en septiembre de 2005 porque frente a su casa se estacionaba con frecuencia una camioneta con los vidrios oscuros. Después se supo que era un carro de la secretaría de Salud departamental, donde ella trabajaba. Su fama sanguinaria llegó a su punto máximo cuando descubrió un comando de cinco guerrilleros de las Farc que iban a matarlo. Los degolló y colgó sus cabezas donde la gente pudiera verlas. El miedo se regó por veredas y trochas. De ahí que no es difícil entender que su nombre alcanzara connotaciones de mito.

Más allá de los límites de Quinchía hubo recelo ante la noticia de su muerte. Los habitantes de algunos corregimientos en los que la presencia del Estado es mínima, donde 'Leyton' y sus hombres se habían encargado de establecer un principio de orden terrorista de acuerdo con su retorcido criterio. Un orden que, a pesar de su connotación sangrienta, algunos añoran.

Los ancianos tampoco celebraron. En su memoria permanece el recuerdo del 'Capitán Venganza', un sanguinario bandido que en la época de la violencia partidista, tuvo a Quinchía bajo su azote. Creen que en esta región la sangre corre en un ciclo que no termina nunca. "A rey muerto, rey puesto", contestan cuando se les pregunta si creen que el peligro pasó.
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