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| 6/30/2007 12:00:00 AM

El verdugo

El martes se sabrá si 'Jorge 40' le contará la verdad a la justicia, o si pondrá en marcha una estrategia para encubrir a sus aliados.

Esta semana es una de las más esperadas por las víctimas de los paramilitares para saber cómo y por qué fueron asesinados sus familiares. 'Jorge 40', el hombre que atemorizó a la Costa con sus masacres, el hombre del computador que tiene a más de 20 políticos en la cárcel, el hombre que infiltró el DAS, y el que diseñó una efectiva estrategia para tomarse el poder político regional, declara ante la justicia.

Las más de 10.000 personas que se han declarado víctimas reflejan la dimensión criminal de su maquiavelismo político. 'Jorge 40' está en todos los recodos de la para-política. O casi en todos. En la cuestionada elección de por lo menos cinco congresistas de Cesar -donde dividió el departamento por distritos electorales-, en las candidaturas únicas a alcaldías y gobernaciones -porque a los demás los amenazaba-, en el asesinato selectivo y sistemático de más de 200 sindicalistas y líderes sociales en Atlántico, en el robo descarado a la salud por la vía de las ARS y hasta en el homicidio de los líderes sindicales de la multinacional Drummond, caso que hoy tiene escandalizada a la prensa estadounidense.

La piedra angular de las investigaciones judiciales que tiene con los pelos de punta a media clase política de la Costa, es el famoso computador que se le encontró a uno de sus hombres de confianza: Édgar Fierro Flórez, 'Don Antonio'. En una detallada y escabrosa contabilidad se registraban sobornos, asesinatos selectivos, compra de votos y alianzas y traiciones políticas. Pocas veces en la historia de los escándalos políticos de Colombia la justicia ha tenido un material probatorio tan jugoso. Sin hablar de los centenares de testimonios que después de la aparición de computador, hace 15 meses, han confirmado la sofisticada penetración de las instituciones colombianas por la vía de la intimidación y la compra del poder regional.

Pero en Colombia las cosas nunca son tan fáciles. Ya se vislumbran hábiles capotazos para hacerle el quite a la justicia. 'Don Antonio' ha ido matizando el ímpetu de sus denuncias iniciales. En las semanas posteriores a la de su captura -y con él la del computador-, 'Don Antonio' empezó a destapar la caja de Pandora. Reconoció sobornos a miembros de la Fuerza Pública, el saqueo a la salud, el zarpazo al erario por la vía de los contratos con las alcaldías y la ejecución de casi 600 homicidios, sólo en Barranquilla. Pero últimamente, cuando la justicia esperaba que hablara de los peces gordos de la para-política, su memoria fue menos clara y su timidez más evidente.

El turno es ahora para su gran jefe. Aunque para muchos investigadores 'Jorge 40' seguirá la línea de reconocer delitos de menor calado y salpicará a uno que otro diputado y alcalde sin mayor resonancia, evadirá meterse con los grandes caciques que permitieron consolidar su proyecto político-criminal.

Esta semana, mientras miles de víctimas esperan que les digan la verdad sobre sus familiares, surgen varios interrogantes sobre la etapa decisiva de la para-política cuyo epicentro es 'Jorge 40'. ¿Es la actitud de 'Don Antonio' el reflejo de un pacto tácito de no agresión con importantes políticos afectados por el escándalo? ¿Será capaz 'Jorge 40' de decirle la verdad al país sobre la participación de la clase política en las masacres y el subsiguiente fraude electoral? ¿Está la justicia en condiciones de probar los nexos de los políticos y los paramilitares aun si 'Jorge 40' decide ocultar lo que sabe? ¿Les pondrá la cara el otrora temido jefe paramilitar de la Costa a los miles de víctimas y desplazados que hoy sólo reclaman saber la verdad?

A la desmovilización de 'Jorge 40' hace un año, asistieron importantes empresarios y políticos de toda la Costa. El ex ministro Álvaro Araújo Noguera dio un discurso de efusiva bienvenida a la vida civil para el jefe paramilitar. Hasta el maestro Rafael Escalona estuvo allí para la foto. Una multitud aplaudía a Tovar Pupo como si se tratara de un gran líder espiritual o político. Nadie recordó en esa ocasión que este hombre diseñó una fría estrategia para controlar tres departamentos de la Costa. Y que su legado es gran parte de muerte. Aunque aún hoy algunos lo rodean con la aureola de ser un eficaz combatiente contra la guerrilla, sus acciones lo delatan más bien como un señor de la guerra dispuesto a apretar el gatillo para apropiarse del botín económico y político de la región que decía defender. Para dominar la alta Guajira y los puertos naturales de este departamento, como Portete, cometió varias masacres de indígenas wayuu y generó el más grande desplazamiento forzado que se conozca en esta etnia. Su objetivo era controlar las rutas de la cocaína que van hacia Venezuela, y de paso se apropió del negocio del contrabando de gasolina.

Otra etnia que sintió el rigor de su odio fue la de los kankuamos de la Sierra Nevada. El centenar de muertes que ordenó el jefe paramilitar ha llevado a considerar este como un verdadero genocidio.

En La Guajira, Magdalena, Cesar y Atlántico se apropió del jugoso botín de la salud de los más pobres. No sólo penetró y se apropió de varias ARS, sino que a todas las existentes les cobró un impuesto por cada persona afiliada al sistema. No satisfecho, se apropió de la burocracia de varios hospitales. El caso más aberrante ocurrió en Atlántico, en el Hospital de Soledad, donde según la justicia, la gente de 'Jorge 40' se apropió del presupuesto, a costa de la salud de una población marginal y necesitada. En Cesar varios directores de centros de salud fueron asesinados por no someterse a sus reglas extorsivas.

Pero el dinero de la salud era apenas uno de sus rubros. El narcotráfico ha sido su mayor fuente de riqueza, y también de asesinatos. Hace cuatro años, un cargamento de tres toneladas de cocaína de su grupo cayó en manos de la Policía. 'Jorge 40' envió a 'Don Antonio' -que es un ex oficial del Ejército- con un voluminoso fajo de billetes con los que logró corromper a una parte importante de la Policía. Desde entonces, muchos miembros de la Fuerza Pública quedaron atrapados en su red. Gracias a ese vínculo, los paras obtuvieron información de inteligencia para exterminar a sindicalistas y líderes sociales de Barranquilla, y parte de Magdalena.

Curiosamente, las matanzas de 'Jorge 40' han ocurrido en territorios donde hay en curso grandes negocios o empresas. La zona del país donde más fosas comunes existen, después de Putumayo, es la zona de Ciénaga y Fundación. Allí la Fiscalía ha detectado más de 300 tumbas clandestinas, rodeadas de lo que fuera una próspera industria bananera, donde además tuvo participación la controvertida multinacional Chiquita Brands. También resulta curioso el exterminio de líderes políticos y sociales en los alrededores de la Isla de Salamanca y donde se construye Puerto Palermo. En Magdalena 'Jorge 40' dejó con fuerza su huella de muerte. Eso lo saben bien en Nueva Venecia, un humilde caserío de pescadores de la ciénaga grande donde mataron a cerca de 40 personas. Las víctimas dicen que los paramilitares parecían cazadores de patos: disparaban al que asomara la cabeza. Según ha establecido la justicia, los paramilitares contaban con el respaldo de importantes ganaderos de ese departamento.

En estas regiones, congresistas como Jorge Luis Caballero, Luis Eduardo Vives, José Gamarra y Alfonso Campo Escobar se hicieron a votaciones de hasta el 90 por ciento en lugares duramente golpeados por la mano de Tovar Pupo.

Pero si por la droga 'Jorge 40' fue capaz de cometer los peores crímenes, no hizo menos por apropiarse de las tierras ajenas. Pueblo por pueblo, puso a los notarios de su lado. Quienes no se le sumaron, como Héctor Miranda Quimbayo, en Pailitas, fueron asesinados. Con algunos notarios logró legalizar traspasos de miles de hectáreas. La tierra ha sido una de sus grandes ambiciones. Curiosamente, los políticos considerados de su cuerda manejan las instituciones nacionales y locales encargadas del tema.

Para garantizarse la impunidad, 'Jorge 40' fue prolífico en asesinatos de fiscales y jueces. Tanto es así, que se le acusa de haber desaparecido toda una comisión de investigadores judiciales de quienes no quedó ni rastro.

Por todo lo anterior, el número de víctimas de 'Jorge 40' es enorme. Tan grande y extenso como fueron sus crímenes. Algo que deberían recordar quienes hasta hace poco lo aplaudían o quienes aún hoy consideran un pecado venial haber recurrido a su poder criminal para obtener una curul.
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