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| 7/12/2014 6:00:00 PM

El veterano Roberto Gerlein

El 20 de julio asumirá como senador por décima segunda vez Roberto Gerlein.

El cierre de campaña al Senado de Roberto Gerlein Echeverría fue un acontecimiento musical que congregó a tres de los mejores grupos del momento en la costa: Martín Elías, hijo del recientemente fallecido Diomedes Díaz; Checo Acosta, hijo del popular Alci Acosta y Mister Black, el intérprete de ‘Serrucho’, la pegajosa canción que arrasó en los carnavales de Barranquilla y se ha extendido como plaga por todo el país.

Quienes estuvieron afirman que para poder entrar al concierto debían portar una boleta con varios desprendibles: el primero para ingresar a la cancha, el segundo para reclamar una botella de licor, el tercero para una bandeja de chicharrones y uno más para reclamar 10.000 pesos para el taxi.

Una semana después, el 9 de marzo, hubo una votación sorprendente para una ciudad tradicionalmente liberal como Barranquilla: los conservadores arrasaron y de ellos, los mejores guarismos fueron para Gerlein, quien con ellos sacó la quinta mayor votación del país. Al terminarse este periodo parlamentario se habrán cumplido 50 años desde su ingreso al Congreso, récord que no tiene antecedentes en la historia. Su carrera en ese recinto solo fue interrumpida en 1975 cuando se posesionó como gobernador del Atlántico y en 1982 cuando Belisario Betancur lo nombró ministro de Desarrollo.

En Colombia no es común que un político dure tantos años en el parlamento. Un personaje como Víctor Renán Barco, que por su larga duración fue considerado decano del Congreso, apenas alcanzó a estar 40 años. En Estados Unidos donde es más común este tipo de matusalenes de la política, solo ha habido seis congresistas que se han mantenido medio siglo o más.

Más allá de registrar el récord, eso significa que Roberto Gerlein ha sido testigo de primera fila de toda la historia de Colombia en el último medio siglo. Desde la controvertida elección de Misael Pastrana contra Rojas Pinilla en 1970 hasta el proceso 8.000, la parapolítica y los falsos positivos recientemente.

Lleva política en la sangre. Su abuelo fue gobernador del estado de Bolívar en el siglo XIX. A pesar de ser parte de la aristocracia barranquillera y de la cómoda vida del Country Club de esa ciudad, Gerlein ha sido un trabajador político infatigable en su condición de general del ala alvarista del Partido Conservador.

Le ha tocado ver pasar desde el Capitolio a 12 presidentes de la República, y no importa si son rojos o azules, casi siempre Gerlein se ha sentado en la bancada del gobierno.

Por eso no es casualidad que diga que el único gobierno que no le ha gustado en todos estos años es el de Virgilio Barco, según él por sectarismo liberal. Ese gobierno, precisamente, fue el único en que le tocó estar por fuera del computador de Palacio, donde se reparte la hoy denominada mermelada, pues como se recordará Barco impuso un esquema de gobierno-oposición para acabar con las coaliciones bipartidistas que habían sido el legado del Frente Nacional.

A diferencia de muchos congresistas de su partido, Gerlein es auténticamente un conservador de pura cepa. Tradición, familia y propiedad son sus causas. La legalización de las drogas o del aborto y el matrimonio de los gays no son lo suyo. Su radicalismo ideológico combinado con su grandilocuente acento costeño lo han convertido en una institución de la política colombiana.

Hace poco le preguntaron a Gerlein la diferencia entre la política cuando él comenzó y ahora, y en su estilo directo de siempre dijo: “El factor dinero no jugaba tanto papel en el proceso electoral como hoy”. El senador es un operador político profesional que ha logrado adaptarse tanto a la vieja Colombia como a la nueva.

Sus buenos resultados en las urnas son atribuidos en parte a lo que se conoce como ‘zonificación de electores’, técnica en la que Gerlein es considerado un experto por sus contradictores. Esta consiste en que la campaña ‘recluta’ votantes y les hace inscribir sus cédulas en determinadas mesas de votación, muchas veces lejos de sus residencias, para poder tener un mejor control de quién vota y quién no.

Pero la política contemporánea no solo depende de la mecánica sino de la chequera y la familia Gerlein cuenta con una poderosa. Si bien Roberto no es un hombre de negocios sino de servicio público, su hermano Julio es uno de los grandes contratistas de la costa a través de su firma Valores y Contratos. Las mismas décadas que el político lleva dedicado a conseguir votos, el empresario lleva dedicado a las obras públicas con contratos con el departamento.

A partir de los años noventa, con el surgimiento de las concesiones y el fortalecimiento de las asociaciones público privadas, los hermanos del senador Gerlein adquirieron acciones en la Sociedad Portuaria de Barranquilla, entregada en concesión tras la quiebra de Colpuertos. También han sido accionistas de la Triple A, sociedad que se encargó de operar el acueducto, el alcantarillado y la recolección de basuras en Barranquilla, tras la quiebra también de las Empresas Públicas de la ciudad, que habían estado en manos de los políticos locales. Los Gerlein, después de un tiempo, vendieron su participación en ambas sociedades.

El empresario y contratista ha ido construyendo una enorme capacidad para participar en obras públicas locales, regionales y nacionales. Participó en la obra de Termoflores, la más importante termoeléctrica construida después del apagón de 1992. Es socio de concesiones viales claves, el corredor de acceso rápido al puerto de Cartagena, el de Ciénaga – Barranquilla, una vía de 45 kilómetros con dos peajes, y del consorcio que construye el Corredor Portuario, que con una inversión de 150.000 millones de pesos, es una de las vías más importantes para Barranquilla.

Gerlein, el hermano, también es socio de una de las concesiones más cuestionadas en la ciudad, la de la Malla Vial, que se queda con el 83 por ciento del recaudo de la sobretasa a la gasolina, un impuesto indirecto que pagan los propietarios de vehículos para el mantenimiento de las vías. Los críticos sostienen que solo el 30 por ciento de la malla vial está en buen estado.

¿Qué tanto puede haber ayudado el Gerlein político al Gerlein empresario para conseguir los contratos con el Estado? ¿Qué tanto habrá ayudado el Gerlein contratista al Gerlein senador para hacerse elegir una y otra vez en el Senado? ¿Qué tanto de todos esos recursos habrá necesitado el senador para sacar en marzo pasado la sorprendente cifra de 127.004 votos?

La verdad es que al ser Julio Gerlein propietario de una de las firmas de construcción más tradicionales de la costa, su idoneidad para ejecutar los contratos no está en tela de juicio. Nadie duda que contribuye económicamente a las campañas de su hermano, pero al tratarse de un asunto privado de familia y no de recursos públicos el tema da para chismes, pero de ahí no pasa.

Al senador Roberto Gerlein le ha tocado responder en varias oportunidades que los congresistas responden por sus opiniones ante los proyectos del gobierno, que él no tiene nada que ver con los consorcios y concesionarios y que le pregunten a los representantes legales de esas firmas.

Puede que el conglomerado Gerlein haya crecido al ritmo en que el senador ha consolidado su poder político, pero Roberto Gerlein sigue llevando una vida austera. Hoy, como hace 50 años, este senador de verbo fluido y convicciones anticuadas, alterna los discursos del Congreso con los sermones de la misa a la cual ha asistido religiosamente durante los casi 80 años que cumplirá cuando llegue a su fin el periodo parlamentario que se iniciará el próximo 20 de julio.
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