Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/08/18 00:00

El viacrucis de Jorge Mor

Cómo un exitoso médico perdió sus derechos civiles al ser incluido en la 'Lista Clinton'. La otra cara de la moneda de un efectivo instrumento contra el lavado.

Una tutela interpusieron cuarenta pacientes del cardiólogo Jorge Mor para ser atendidos por él, pese a que su nombre figura en la ‘Lista Clinton’

No todo el mundo conoce a Jorge Mor Dale. Este cardiólogo, de 44 años, llegó a ocupar los más altos cargos dentro de las sociedades científicas y médicas. Su especialidad es el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades cardiovasculares a través de catéteres, que son pequeñas mangueras que entran hasta las arterias del corazón. En el mundo médico este procedimiento se conoce como hemodinamia, y Mor es uno de los mejores intervencionistas en este tratamiento. Por algo fue -hasta marzo pasado- el presidente del Colegio Colombiano de Hemodinamistas, al cual pertenecen los mejores cardiólogos del país. Por esa misma fecha era el jefe de la sección de cardiología intervencionista de la Fundación Santa Fe de Bogotá, en donde operaba un promedio de 60 pacientes al mes y atendía en su consultorio unos 100 pacientes afiliados a las empresas de salud Colmédica, Fesalud y Cafesalud.

Pero su vida le cambió de un momento a otro. Se quedó sin trabajo, los pacientes disminuyeron y comenzó a vivir un verdadero calvario. Su nombre, los de sus padres y los de sus hermanos fueron incluidos en la 'Lista Clinton' señalados por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos de pertenecer a una organización de un narcotraficante al que nunca habían oído mencionar.

Lo primero que perdió después de entrar a la famosa 'lista negra' fue su empleo. La Fundación y las empresas de salud le cancelaron todos los contratos. Después los bancos le cerraron la cuenta corriente, la de ahorros, tuvo que devolver las tarjetas de crédito y junto con su familia desapareció del sistema financiero. "Yo tengo que tener como médico un seguro de responsabilidad civil en caso de que algún paciente entable una demanda por malas prácticas médicas y ninguna aseguradora me expide la póliza". También Mor se vio obligado a renunciar a la presidencia del Colegio Colombiano de Hemodinamia y estuvo dos meses tocando todas las puertas de clínicas y hospitales en busca de trabajo. "Como la gran mayoría de mis pacientes son de Colmédica y los veo desde 1995, yo traté de hablar con el vicepresidente de la empresa. Lo llamé 10 veces a la oficina y al celular, pero jamás me escuchó", le dijo el médico a SEMANA mientras relataba su tragedia.

Pero, en medio de la adversidad, a Mor se le abrieron varias puertas. Paradójicamente fueron sus antiguos alumnos de posgrado quienes le tendieron la mano. Le consiguieron trabajo en Soacha, en Ibagué y en Santa Marta, en donde practica un promedio de 40 intervenciones al mes en tres centros médicos. Luego todas las asociaciones médicas y hasta la misma sección de cardiología de la Fundación Santa Fe le fueron brindando su apoyo. Y ahora, son 40 de sus pacientes, entre los 40 y 80 años de edad, afiliados a Colmédica, quienes interpusieron una tutela para defender los derechos que tienen de que sean atendidos por el cardiólogo Jorge Mor Dale, porque conoce sus síntomas y sus antecedentes médicos. "Hay muchos cardiólogos mejores que yo, pero creo que es más la confianza que me tienen porque los llevo viendo desde hace más de 10 años", dijo Mor, justificando el deseo de sus pacientes de dejar que en sus manos esté el futuro de su corazón .

A la par del viacrucis que ha recorrido el médico Mor en su vida profesional, ha recurrido a todas las instancias para limpiar su nombre y el de su familia. "Esto es como una enfermedad de la que se necesita tiempo para recuperarse", sostuvo Jorge Mor, quien está intentando entrar al corazón del Departamento del Tesoro para que sean excluidos de la temible Lista Clinton. Una lista que ha sido muy efectiva en la lucha contra el lavado de activos en un país leguleyo y donde los artilugios jurídicos impiden que el Estado pueda combatir contundentemente los tentáculos del narcotráfico. Pero el caso del médico Mor es la otra cara de esta lista. Seguramente la cara minoritaria, pero la del ciudadano que pierde todos sus derechos civiles y donde el Estado no puede hacer nada por ayudarlo.

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