Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1986/02/17 00:00

EL VOTO DE LAS RESERVAS

Con el llamado de cinco mil reservistas y el mantenimiento en filas de veinte mil reclutas, el gobierno promete seguridad en las elecciones.

EL VOTO DE LAS RESERVAS

Al despacho del general Enrique Varón Valencia, jefe de Reclutamiento y Movilización del Ejército, están llegando en estos días generales y otros altos oficiales en retiro a ponerse a la orden para lo que haga falta. A nivel de tropa, en cambio, la reacción ha sido menos entusiasta ante el anuncio de que los reservistas serán llamados a filas para aumentar en unos veinticinco mil hombres el pie de fuerza del Ejército y garantizar así el desarrollo pacífico del proceso electoral. Terminado su año de servicio militar obligatorio, y apenas reincorporándose a la vida civil, muchos jóvenes temen ver nuevamente interrumpidos sus estudios o perder su trabajo, que en las actuales circunstancias no es fácil de recuperar.
Las reacciones a la medida anunciada por el gobierno son, pues, encontradas. Y tamhién hay sectores que, sin sentirse directamente afectados, consideran este masivo llamamiento a filas como un preocupante síntoma de militarización del país que viene a sumarse a otros: la casi duplicación del presupuesto de defensa (de 25 mil millones en 1985 a 45 mil millones para 1986), el anuncio reciente hecho por el general Vega Uribe de la posibilidad de un servicio militar remunerado para mejorar el nivel de preparación de las Fuerzas Militares y de paso ayudar a paliar el desempleo la creación de una "fuerza de élite" de soldados profesionales, la multiplicación de cursos para oficiales de reserva entre ejecutivos y altos funcionarios. Y además el de todos modos considerable, aunque paulatino, aumento del pie de fuerza que se ha registrado en los últimos años: entre 1979 y 1985 la Policía ha pasado de 50 mil a 75 mil hombres; el Ejército de 60 mil a 95 mil, la Armada de 9 mil a 22 mil; la Fuerza Aérea de 6.500 a 28 mil. Con el llamamiento de veinticinco mil hombres más de un golpe, el Ejército aumentará ahora sus efectivos en un notable 34.0 por ciento. Como dice a SEMANA el historiador Alvaro Tirado Mejía, "médidas como ésta sólo deberían ser tomadas en casos excepcionales, especialmente de amenazas de guerra del exterior. Lo grave de recurrir a este tipo de mecanismos es que podrían volverse como el estado de sitio que es una medida de excepción, pero a la cual se recurre permanentemente".
El llamamiento de las reservas, en efecto, tiene muy pocos precedentes históricos en Colombia. Una tal "movilización de tropas", como la designan técnicamente los militares sólo se había visto en casos de guerra externa o gravísima conmoción interna y así la define la ley 1ª de 1945 en su artículo 3°: "Para fines de guerra o de cualquier otra emergencia nacional". Así se hizo en gran escala en 1932, durante la guerra con el Perú, cuando fueron llamados reservistas con muchos años de retiro, incluso veteranos de la Guerra de los Mil Días librada treinta años antes, como el general Vásquez Cobo, quien fue nombrado jefe de la expedición al Amazonas. En 1944, cuando el presidente López Pumarejo fue "amarrado" en Pasto por militares golpistas, se llamaron las reservas, pero en mucho menor número. En el 48 se movilizaron unos cinco mil reservistas con motivo de la intensa violencia que imperaba en Santander, y luego otra vez a raíz de la conmocion del nueve de abril de ese año, con Bogotá incendiada.
Condiciones de un dramatismo comparable no se presentan ahora, sin embargo. Según dijo a SEMANA Jaime Castro, ministro de Gobierno, "el problema no es que estemos ante una grave perturbación del orden público. Lo que sucede es que la ciudadanía exige cada vez mayor seguridad. En lo que se refiere a las elecciones, si antes un puesto de votación podía estar custodiado por dos agentes, de cualquiera de las fuerzas, en la actualidad se requieren cinco". El ministro Castro dice también que se han exagerado las cifras en juego: "De las reservas no se requerirán más de cinco mil efectivos, que van a ser reclutados de los últimos contingentes que han prestado el servicio. Los restantes vendrán de los que lo están haciendo todavia: los que debian licenciarse en diciembre pasado y a los cuales se les extendió el período de servicio, lo cual está previsto en la ley". Según cálculos de fuentes militares consultadas por SEMANA, el contingente de diciembre, sumado al que debía licenciarse en abril próximo y al cual también le será prolongado el servicio, totaliza 20 mil hombres, que se completarían con los cinco mil de la reserva mencionados por el ministro de Gobierno.
El general Varón Valencia señala que, en todo caso, la cifra no ha sido aún fijada por el gobierno. Un decreto presidencial debe fijarla, así como el tiempo de servicio que prestarán los movilizados, las regiones del territorio y las guarniciones a las cuales serán adscritos. Sólo entonces se iniciará su reclutamiento y se les impartirá una "re-instrucción". Añade el general que la ley prevé que el empleador está obligado a guardar el puesto de trabajo de los llamados a filas y devolvérselo cuando terminen el servicio.
Tampoco se conoce todavía el costo de la movilización. La incorporación a filas de un recluta cuesta, de entrada, 20 mil pesos, representados por tres uniformes completos, desde las botas hasta las insignias. Esto no incluye el fusil, que cuesta 300 mil pesos (aunque los militares consultados por SEMANA dijeron que el Ejército cuenta con fusiles suficientes), ni los cartuchos, a 60 pesos la unidad. El mantenimiento diario de un recluta (comida y alojamiento) suma 500 pesos, es decir, 15 mil mensuales. De manera que incorporar a cinco mil nuevos y mantener en filas a veinte mil más durante unos seis meses, hasta que pasen las elecciones, le puede salir costando al presupuesto de defensa unos dos mil quinientos millones de pesos. Dice el general Varón: "Será necesaria una apropiación presupuestal extraordinaria".

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