Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1998/06/15 00:00

El voto de López

El ex presidente anuncia voto por Noemí en la primera vuelta y por Serpa en la segunda.

El voto de López

Semana: ¿Por qué decidió hablar ahora?
Alfonso Lopez Michelsen: Me propongo ausentarme del país la próxima semana, pero tengo el propósito de estar de regreso para el día de la primera vuelta de las elecciones. Se trata de una designación para asistir al Foro Euro-Andino que tendrá lugar en la ciudad de Londres. No quería que esta ausencia mía fuera interpretada como un deseo de pasar agachado en las próximas elecciones.

Semana: ¿Por quién va a votar en las próximas elecciones?
A.L.M.: Pienso cumplir con mi deber de ciudadano y de miembro del Partido Liberal, porque no tendría presentación que yo fuera indiferente a estas jornadas democráticas. Algo muy distinto es que yo no quiera hacer proselitismo por ninguna candidatura ni estar pidiéndole garantías al gobierno, por intermedio del Ministro del Interior, a nombre de un determinado candidato.

Semana: ¿Y su deber de ciudadano por quién lo cumple y el de liberal qué alcance tiene?
A.L.M.: Voy a votar por Noemí Sanín en la primera vuelta y por Horacio Serpa en la segunda.

Semana: Si de antemano usted aclara que el voto en la segunda vuelta va a ser distinto que el de la primera, ¿quiere decir que no ha pensado que Noemí Sanín gane?
A.L.M.: Es que no voy a votar por ella porque crea que gane o no gane, sino por otras razones. Me rebelo contra la teoría del voto inútil puesta en circulación por quienes aspiran a que Noemí se retire dizque para evitar mayores gastos electorales o para facilitar el mantenimiento del orden público, propiciando una sola vuelta. Es algo que han debido pensar cuando se establecieron las dos vueltas, alegando sus costos y sus riesgos. Pero no se puede confundir la inconveniencia de que haya dos vueltas con la inconveniencia de que los terceros participen en la primera vuelta. La razón de ser de esta primera vuelta es auscultar, tantear, valorar opciones que no necesariamente van a ser victoriosas, mientras que la segunda vuelta sí es decisoria tras esta primera de diagnóstico.

Semana: Pero, ¿qué lo inclina a votar por ella?
A.L.M.: La conozco de cerca y sé que es una mujer muy preparada, que estaría en condiciones de manejar la situación por la cual atraviesa el país. La he conocido por años y me parece que poco a poco son muchas las gentes que abrigan la misma convicción después de escucharla en la plaza pública o en la pantalla chica.

Semana: Sorprende verlo a usted defendiendo el sistema de las dos vueltas, sobre todo si se tiene en cuenta que usted había sido uno de los más destacados críticos de la reforma constitucional de César Gaviria en 1991.
A.L.M.: Yo nunca he estado de acuerdo con la reforma de 1991. No es despreciable contar con una Constitución con más de un siglo de vigencia, como no la tenía otra institución del continente, con excepción de la norteamericana. La Argentina, que atravesó por una situación semejante, acabó restableciendo el espíritu de la Constitución de 1853, que había sido desvirtuado en 1947, mediante las reformas de los años 90, para contar precisamente con la experiencia jurisprudencial de un siglo. Hubiera bastado actualizarla, acogiendo muchas de las iniciativas que se incorporaron en la nueva Constitución pero prescindiendo de un repertorio de derechos retóricos que constituyen una tercera parte de la Carta. Además, instituciones tales como la circunscripción electoral para los senadores y el alcance de la tutela, que ha dado lugar a conflictos entre los distintos órganos jurisdiccionales, se han debido estudiar con mayor cuidado. Otro tanto ocurre con la vicepresidencia y con las famosas dos vueltas, que son trasplantes de constituciones foráneas. Pero una vez que se adoptaron, las opiniones personales no cuentan. La Constitución de 1991 es la que está vigente y mientras no sea reformada tenemos que regirnos por sus instituciones, entre las cuales se encuentra el sistema de las dos vueltas.

Semana: ¿No es un poco exótico que usted, siendo un ex presidente liberal, anuncie su voto por Noemí en la primera vuelta?
A.L.M.: Noemí representa algo distinto de los partidos políticos, como es la presencia de una mujer autónoma en la vida pública. Yo siempre le he rendido homenaje a la mujer en el servicio público y, aun cuando dudo de que llegue a derrotar a Pastrana o a Serpa, mi voto, como el de muchos otros ciudadanos, sería un testimonio de mi confianza en las nuevas generaciones y en la mujer colombiana.

Semana: ¿Cómo ve las cosas después de la primera vuelta?
A.L.M.: Las elecciones van a ser muy reñidas y paradójicamente me atrevo a pensar que a Serpa le convendría perder en la primera vuelta frente a Pastrana, porque con ello concientizaría al Partido Liberal. Recuerde que, en 1982, con motivo de mi reelección, mis partidarios, principalmente en la Costa, se confiaron en que, después de las elecciones de Congreso en las que derrotamos a Belisario y a Galán sumados, no había que trabajar activamente. No existía la segunda vuelta, pero la elección de Congreso equivalía a una primera vuelta en la que el exceso de confianza nos perjudicó. Se llegó a la conclusión de que mi nombre era inderrotable en la Costa, por mis vinculaciones familiares, políticas y afectivas con la región, y nos descuidamos.

Semana: ¿Entonces en la segunda vuelta va a votar por disciplina de partido?
A.L.M.: No necesariamente. Mi situación afectiva en este caso es muy particular, como lo relaté en mi necrología de Misael Pastrana. Mi infancia transcurrió entre los familiares de Andrés: Arangos, Vegas, Puyanas, Bickenbach, y con Horacio Serpa compartí mi vida pública porque militó tempranamente en el M.R.L. y en los movimientos de izquierda que lo sucedieron. Puedo decir que fuimos coequiperos. Pero así como tengo vinculaciones con los dos, políticamente estoy con Serpa. Puede que vaya en contra de la corriente pero yo todavía creo en el Partido Liberal. Toda mi vida luché contra las coaliciones de los dos partidos y si no me gustaban antes tampoco me gustan ahora. A la altura de mis años lo que me interesa es el bien de Colombia y yo quisiera poder contribuir en alguna forma a suavizar las relaciones entre los contendores, haciendo gala más de mi espíritu liberal que de mi filiación liberal.

Semana: Pero deja usted la impresión de que está votando más en contra de una coalición que a favor de Horacio Serpa.
A.L.M.: A primera vista Andrés Pastrana puede ser una figura más atractiva que Serpa, pero éste tiene más temple y más experiencia. Además tiene una fibra popular que es la esencia del Partido Liberal y que pesa enormemente dentro de la coyuntura actual.

Semana: ¿Y no le parece que Horacio Serpa tiene el lastre de este gobierno y que esto le quita maniobrabilidad como presidente?
A.L.M.: Le quita maniobrabilidad como candidato, que es otra cosa. Como presidente contaría con un apoyo en el Congreso que, por el contrario, le daría más capacidad de maniobra que a Andrés Pastrana. Gobernar con un Congreso mayoritario del otro partido no es cosa fácil en los países del Tercer Mundo. En Estados Unidos y aun en Francia es practicable civilizadamente el antagonismo entre el Congreso y el Ejecutivo; entre nosotros tenemos un ejemplo favorable en el caso de Belisario Betancur, que desconoció olímpicamente las jerarquías liberales y nos trató como una montonera, pero alcanzó ciertos logros, como la elección popular de alcaldes, con el concurso liberal. Sería totalmente lamentable que a los conflictos ya existentes se sumara un enfrentamiento partidista como el de la década de los 50.

Semana: Ya nos dijo cómo va a votar, ahora díganos ¿qué cree que va a pasar?
A.L.M.: Que uno y otro candidato van a tener que hacerle frente a una situación muy compleja como es la de la imposibilidad en la que se van a encontrar de cumplir sus promesas electorales. La clase dirigente colombiana está convencida de la necesidad de hacer un gran reajuste fiscal y económico a costa de grandes sacrificios; pero la gran masa, el pueblo, ya no tiene de dónde hacer sacrificios y sería la primera víctima a la hora de la austeridad y de la reducción presupuestal. Será necesaria una labor pedagógica de gran alcance para que el público no se sienta defraudado e impaciente, pese a la buena voluntad de los gobernantes. Y a mí me parece que esa labor de persuasión para hacer aceptar la austeridad colectiva la puede desarrollar con más éxito Serpa que Pastrana pero, cualquiera que sea el resultado final, los cuatro contendientes principales van a tener que ponerse de acuerdo en lo fundamental para rodear al gobierno de turno. De otra manera quedaríamos reducidos a la condición de un país paria, incapaz de decidir autónomamente sobre su futuro y al margen de la comunidad internacional.

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