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| 2/6/2005 12:00:00 AM

El zar de la clonación

Durante más de 10 años Jaime Pulido robó 10.000 millones de pesos del sistema financiero. La semana pasada su lucrativa carrera delictiva llegó a su fin.

A las 6 de la tarde del pasado 29 de enero los compradores de un supermercado en el suroccidente de Bogotá quedaron sorprendidos cuando vieron ingresar un grupo de policías a la cafetería del lugar. Eran miembros de la unidad contra atracos de la Dirección Central de Investigaciones Judiciales -Dijin-. Frente al desconcierto de la multitud que a esa hora hacía compras, los investigadores se dirigieron hasta una mesa en donde estaba Jaime Pulido. Un hombre que, a pesar de ser un total desconocido, tiene un capítulo especial en la historia de los grandes delincuentes del país. Y no es para menos.

La razón es que a lo largo de la última década Pulido se convirtió en la peor pesadilla del sistema financiero colombiano. Las autoridades aseguran que durante ese tiempo robó por lo menos 10.000 millones de pesos, lo que lo convirtió en uno de los hombres más buscados por la Fiscalía.

Cuando los miembros de la Dijin le pidieron que se identificara, Pulido les enseñó documentos falsos y trató de negar su identidad. Los uniformados le dijeron que era inútil mentir pues llevaban años siguiéndolo, conocían todas sus actividades y por lo demás, en su contra había cuatro órdenes de captura de la Fiscalía. Sin inmutarse, Pulido les ofreció, a cambio de que lo dejaran ir, "el sueldo que se ganan en un mes". En ese momento lo esposaron y lo entregaron a la Fiscalía. Las autoridades esperan que sea el fin de una de las más lucrativas carreras delictivas en la historia del país.

Pulido nació en 1965 en Anolaima, Cundinamarca, y desde hace 10 años sus principales víctimas, los bancos, lo empezaron a llamar 'el zar de la clonación'. Según las autoridades, aunque sólo tiene educación básica primaria, Pulido desarrolló un método tan simple como efectivo para estafar.

Su modus operandi consistía en contactar a empleados de entidades financieras, cadenas de supermercados, restaurantes y mensajeros. Los funcionarios bancarios le suministraban información confidencial sobre las tarjetas débito y crédito de los clientes más importantes. Con estos datos Pulido no sólo sabía cuáles eran los cupos sino que establecía dónde y con qué frecuencia los clientes usaban sus tarjetas. Una vez determinaba eso conseguía empleados de supermercados o restaurantes para que cuando el cliente utilizara sus tarjetas para pagar una cuenta, la registraran en un lector de banda magnética, conocido como skimi. Después entregaban a Pulido el aparato, en donde quedaban grabadas la información de las cuentas y las claves de los clientes. Con esto Pulido clonaba las tarjetas y simplemente desocupaba las cuentas mediante transferencias o llenaba los cupos de las tarjetas realizando compras en diferentes ciudades del país y del exterior.

Otro método, aún más simple, era sobornar a los mensajeros de las entidades financieras para que antes de entregar las tarjetas a los clientes se las dieran a él. Las autoridades tienen pruebas de que Pulido abría con mucho cuidado los sobres de seguridad, clonaba las tarjetas y volvía a sellar el sobre. Para el momento en que el cliente recibía sus tarjetas, ya había utilizado todo el cupo. De acuerdo con las investigaciones, 100 clientes de un solo banco fueron afectados en período de un año.

A pesar de que Pulido era el responsable del 60 por ciento de este tipo de robos en Colombia, por años eludió a las autoridades y estableció una red de 'colaboradores' en todo el país que incluso extendió a Panamá, Venezuela y Ecuador. Aunque sospechaba que la justicia estaba tras de él, mantuvo un perfil muy bajo. Siempre invirtió el producido de sus robos en propiedades a nombre de terceros en Colombia y el exterior hasta alcanzar unos 5.000 millones de pesos.

En diciembre de 2003 la Policía capturó parte de la red de apoyo de Pulido, conformada por funcionarios bancarios, cajeros de supermercados, meseros de restaurantes y mensajeros, muchos de los cuales confesaron sus fechorías y se acogieron a sentencia anticipada. Cuando esto ocurrió Pulido se escondió durante más de cinco meses. Durante todo el año pasado los investigadores iniciaron una cacería por todo el país para dar con su paradero, lo que consiguieron delante de cientos de asombrados compradores de un centro comercial de Bogotá.
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