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| 11/10/2012 12:00:00 AM

Elecciones de 2014: deshojando margaritas

Cómo se están moviendo los congresistas, de cara a las elecciones de 2014, con las nuevas reglas electorales que perjudican a los partidos pequeños y a las disidencias.

En los pasillos del capitolio ya es evidente que empezó la campaña de 2014. Por esto, solo se oye una pregunta en boca de los congresistas: “¿Qué vamos a hacer?” Y lo cierto es que se enfrentan a una realidad muy distinta de la de 2010. Por un lado, el umbral electoral para los próximos comicios subirá al 3 por ciento, lo cual lo ubica en más o menos 450.000 los votos que deben alcanzar los partidos políticos para seguir existiendo. Esto pone en aprietos a los movimientos que buscan avalarse por firmas o a los partidos pequeños, debilitados o divididos internamente como los Verdes y el Mira, Cambio Radical, el PIN y hasta el Polo Democrático. Los Verdes sin la votación de Gilma Jiménez –cada vez más cercana al uribismo– tendrían dificultades, al igual que el Polo si el senador Jorge Robledo, el mayor elector, decide aspirar a la Alcaldía de Bogotá. Si las consultas internas de hace unos meses son una medida real de la capacidad electoral, varios tendrían problemas en alcanzar el umbral para mantenerse vigentes. Por ejemplo, los más juiciosos de todos, el Mira, obtuvieron apenas 280.000 votos. En otras palabras, su supervivencia estaría en peligro.

Por otro lado, como no hay ideología y las lealtades políticas han cambiado, hay senadores y representantes que no se sienten cómodos en sus partidos actuales. Es el caso, por ejemplo, de Miguel Gómez y Juan Carlos Vélez del Partido de la U, pues comulgan más con las tesis de los tres huevitos de Álvaro Uribe que con la prosperidad democrática de Juan Manuel Santos. Muchos esperan que abandonen La U para unirse al Puro Centro Democrático, aunque ellos aún no suelten prenda. También es el caso de Ángela María Robledo del Partido Verde e Iván Cepeda, del Polo, quienes están acercándose a la Marcha Patriótica.

En Cambio Radical hay un sector que quiere depurar al partido y sacar a miembros de mala reputación, pero hay otro sector que quiere rebelarse contra su jefe natural, el ministro Germán Vargas Lleras. Y en el interior del PIN se escuchan voces que piden disolver el partido mientras otros aseguran que tienen la billetera para financiar otra campaña en el Legislativo. Todos los anteriores están consultando a expertos constitucionalistas y estudiando la reglamentación de la reforma política de 2009 con lupa para tener claro qué hacer y cuándo renunciar para no incurrir en doble militancia. La última reforma políitica equiparó los movimientos independientes a los partidos, por lo cual todos jugarían bajo las mismas reglas.

Según el calendario electoral de 2014, las inscripciones para las elecciones del 9 de marzo de 2014 empiezan cuatro meses antes de los comicios, es decir en noviembre de 2013. Por ello quienes quieran renunciar y cambiarse de equipo con toda la seguridad jurídica del caso, deberían haber renunciado el 9 de noviembre, el viernes pasado.

¿Qué pueden hacer y qué va a pasar? El debate apenas comienza y lo más seguro es que diversos conceptos jurídicos empiecen a salir a flote en los próximos días. En cuanto a estrategia partidista, unos van a dar la pelea. Según Carlos Alberto Baena, presidente del Mira, están seguros de que se consolidarán como un partido independiente y crítico. Alfonso Prada, presidente del Partido Verde, también está dedicado a un proyecto de consolidación y está organizando un gran evento a finales de año con los 1.100 miembros que resultaron elegidos en las últimas elecciones para fortalecer la votación en 2014 desde la base. Otros, como el Polo, dividido entre tendencias como Progresistas, el Moir, la Nueva Ciudadanía de Camilo Romero y la Marcha Patriótica no tienen otra opción que tragarse el sapo de sus hondas diferencias y entender que la unión hace la fuerza. De otra manera, su división podría implicar su desaparición.

La fotografía del Congreso tendría a tres partidos grandes –La U, los conservadores, y los liberales–probablemente una lista uribista y algunas minorías que superen el umbral. Sin embargo, hay quienes no descartan un plan B si el proceso de paz prospera, pues la participación política de las Farc abrirâ el debate el próximo año y se podrían establecer algunas medidas excepcionales. Si esto no sucede, en menos de 20 años, el país habría pasado de una constelación de pequeños partidos políticos a un sistema de no más de cinco o seis.
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