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| 2/4/2017 12:00:00 AM

Se avecina una estampida ministerial

Los primeros vientos de la campaña electoral obligan a la salida del gobierno de los funcionarios con aspiraciones políticas. Santos, con el sol a la espalda, tendrá la difícil tarea de recomponer su equipo. Cuatro ministros hacen maletas.

Los miembros del gabinete se llevaron una sorpresa en su última reunión semanal, el lunes pasado. El presidente Juan Manuel Santos, el jefe de todos, les dijo que vería con buenos ojos que quienes tuvieran aspiraciones electorales las hicieran públicas y renunciaran a sus cargos.

La inesperada petición produjo en el Consejo de Ministros un silencio breve que a muchos les pareció eterno. Al día siguiente, el procurador general, Fernando Carrillo, se sumó a la convocatoria del presidente. En una inusual comunicación también les pidió a los servidores públicos de todos los niveles, y en especial a los directores de las entidades estatales, separarse de sus cargos con la suficiente antelación, si piensan entrar en el juego electoral.

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Se da por descontado que casi una cuarta parte del gabinete renunciará para participar en las elecciones. Pero aún no es claro quiénes componen el grupo, y cuál será la fecha de las renuncias. La indecisión se debe a dos factores. El primero, a los cálculos estratégicos de cada uno. No es claro que una campaña presidencial sin viabilidad sea mejor, para una hoja de vida, que un año más de ministerio. El segundo es que hay confusión sobre el día en que entran a regir las inhabilidades legales: si es un año antes de las elecciones –finales de mayo- o del registro formal de las candidaturas, en febrero.

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Una razón adicional es la susceptibilidad de otros candidatos, que no están en cargos públicos, sobre las ventajas que tienen los funcionarios. Los actos públicos de quienes están en ministerios y en otras posiciones reciben publicidad y atención de los medios, recorren el país por cuenta del Estado, y permiten mostrar obras realizadas en beneficio de los futuros electores. Las inauguraciones y anuncios son vistos como actos de campaña y, en consecuencia, como una ventaja. Y aunque es normal en cualquier democracia que los empleados del gobierno busquen el reconocimiento de sus gestiones para luego presentarlos al electorado, un abuso de esa facultad puede llevar a una conducta indebida: la participación en política y el uso de bienes públicos con fines electorales. Por eso el presidente, el procurador y los candidatos sin puestos piden que los funcionarios se retiren antes de que se cumplan los términos legales.

Lo más probable es que eso no ocurra. Esperar hasta el final tiene ventajas avaladas por la ley y da tiempo para decidir si lanzarse o no. En la Presidencia se rumora que el remezón se daría en marzo. Santos incorporó a su equipo ministerial a figuras con representación política, a diferencia de la naturaleza técnica de sus primeros gabinetes, y por eso hay un grupo de cuatro o cinco ministros deshojando la margarita. Al menos hay cuatro con evidentes aspiraciones presidenciales.

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El ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, encabeza la lista. Una candidatura sería el paso lógico después de haber sido presidente del Congreso y ministro del Interior, y de haberse convertido en un eficaz tramitador de los procesos parlamentarios necesarios para poner en marcha los acuerdos con las Farc. Esas posiciones le han dado un estatus en la primera línea de su partido, el Liberal. Lo cual, sin embargo, no significa que su decisión sea fácil. Primero, porque en su colectividad hay otra figura, Humberto de la Calle, apoyado por el gavirismo dentro del propio partido. Segundo, porque el prestigio de Cristo en el mundo político y de la paz no se traduce en la opinión general, donde es relativamente desconocido y la carrera parlamentaria no es tan apreciada.

Pero lo más importante es que el presidente Santos le ha pedido que lo siga acompañando en el ministerio. Cristo ha demostrado gran habilidad para lograr la aprobación de los proyectos de ley que se han sometido al sistema expedito de fast track, pero el paquete apenas se ha introducido y en los próximos meses crecerá con varias iniciativas más que son esenciales para la paz. Para la Casa de Nariño, cambiar de capitán en el momento clave no sería la mejor estrategia.

Otra cartera en veremos es la de Trabajo. La ministra Clara López es una carta atractiva para los sectores de izquierda y de centro-izquierda, que quieren un sucesor de Santos que se dedique a sacar adelante los acuerdos de La Habana. El Polo Social, el sector que lidera dentro de su partido, le ha pedido públicamente lanzarse al ruedo. Sin embargo, en el Polo ya ha ganado terreno el senador Jorge Robledo, por lo cual Clara tendría que evaluar opciones distintas a repetir la camiseta oficial amarilla, con la que en 2014 obtuvo casi 2 millones de votos.

Una es lanzarse por firmas. La otra sería regresar al Congreso y encabezar la lista del Polo en marzo de 2018. Los más cercanos a Clara aseguran que preferiría ser candidata a la Presidencia, porque le permitiría hacer parte de la gran coalición que se forme en la segunda vuelta para enfrentar a la derecha. En cualquier caso, a esa margarita aún le quedan pétalos por deshojar.

En el campo conservador la tribulación en el alma corresponde al ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas. No hay ninguna figura, como él, que haya ocupado tantas carteras ministeriales, y en cualquier país sería una opción presidencial. Además ejerce liderazgo en un sector de la colectividad azul: la que ha acompañado los dos mandatos de Santos y se jugó por el Sí en el plebiscito de octubre.

Sin embargo, su mayor dificultad está precisamente ahí: en el seno del Partido Conservador, donde hay toda una facción de oposición al gobierno, que votó por el No, encabezada por Marta Lucía Ramírez y el exprocurador Alejandro Ordóñez. Esa circunstancia avizora que será muy complejo definir al candidato. La línea santista es muy fuerte entre los congresistas, pero la de oposición considera que tiene más arraigo en las bases. A esto se suma que Cárdenas salió golpeado el año pasado luego de la reforma tributaria, elogiada en pequeños círculos académicos, pero impopular en la gente del común.

El último de los ministros seducido por el cupido de la política electoral es el de Agricultura, Aurelio Iragorri. En La U no hay candidatos obvios ni naturales, y necesitan nombres valiosos para entrar en el juego de la larga campaña presidencial. Iragorri tiene trayectoria, tradición familiar y apoyo regional en el Cauca, y su paso por el Ministerio de Agricultura lo ha ligado a uno de los puntos más importantes de los acuerdos de paz, el de Desarrollo Rural Integrado. Su principal problema es que –como suele ocurrir con los ministros- tiene un bajo nivel de conocimiento nacional, que implica una desventaja frente a otros candidatos como Germán Vargas, Clara López, Jorge Robledo y Humberto de la Calle. Tampoco lo beneficia la proliferación de aspiraciones en La U, donde hay una larga lista conformada por el embajador en Washington, Juan Carlos Pinzón, y el senador Roy Barreras.

Desde el punto de vista del presidente Santos, en las próximas horas tendrá que abrir espacio en su agenda para pensar, diseñar y acordar una estrategia para la recta final de su mandato. Seguramente habrá vacantes también en algunas embajadas y en cabezas de otras entidades estatales. Buscar reemplazos en carteras claves –si es que las renuncias se concretan- no es tan fácil como a comienzos de gobierno, porque el sol ya está en las espaldas y porque son tiempos de ejecución y de finalización de tareas, más que de nuevas propuestas. Pero en los hombros de este equipo de relevo se jugará, en buena medida, el legado futuro de ocho años de gobierno. 

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