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| 1/7/2018 1:00:00 AM

¿Diferencias irreconciliables en la derecha?

A Ordóñez no lo quieren dejar entrar, y Duque y Marta Lucía no se ponen de acuerdo sobre las reglas de juego. La coalición está enredada.

Los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana fijaron como plazo el 20 de enero para que sus compromisarios definieran el mecanismo para escoger a un candidato único para la Presidencia de la República. Como se sabe, el candidato del Centro Democrático es Iván Duque y la de los conservadores pastranistas, Marta Lucía Ramírez.

No solo esos dos han querido formar parte de esa coalición. El exprocurador Alejandro Ordóñez quiso entrar, pero Pastrana le cerró la puerta. Preocupado porque Ordóñez le partiera el voto godo antisantista, le pidió a este llegar a un acuerdo con Marta Lucía para que uno de los dos fuera el candidato de la Nueva Fuerza Democrática para enfrentar a Iván Duque. Ordóñez no le jaló. Dijo que su electorado es diferente al de ella. Agregó que él no había militado en la Nueva Fuerza Democrática, un movimiento político de Pastrana que ya ni siquiera existía. El exprocurador insistió en que quería medir fuerzas con Duque y Marta Lucía en la consulta popular de marzo, que coincidiría con las elecciones al Congreso. Pastrana no ha aceptado esto y, a menos que le abran las puertas, él estaría dispuesto a seguir solo hasta la primera vuelta. Álvaro Uribe no se ha pronunciado sobre el tema.

Por otra parte, Viviane Morales, a quien le cerraron las puertas del Partido Liberal, está dándole vueltas a la posibilidad de sumarse a esa alianza. Ella, por ahora, es más bienvenida que Ordóñez, tal vez por el supuesto apoyo que podría tener del voto evangélico, que no necesariamente compite con el voto godo.

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A Germán Vargas, en definitiva, no lo dejaron entrar a esta coalición. Ese veto fue justificado supuestamente por su apoyo inicial al proceso de paz. Sin embargo, pudo haber tenido más peso la consideración de que él probablemente ganaría esa consulta. En todo caso, no descartan una alianza con Vargas en la segunda vuelta, pues su electorado es de centroderecha.

Mientras eso sucede, Iván Duque y Marta Lucía Ramírez disputan el mano a mano para escoger un candidato único de la alianza Uribe-Pastrana. Y el enredo es que va a ser muy difícil que se pongan de acuerdo sobre las reglas de juego para esa selección. Duque quiere consulta por voto popular el 11 de marzo cuando tendrán lugar las elecciones parlamentarias. En ese escenario habría una urna para que la gente después de votar por un congresista pueda también hacerlo por uno de ellos dos. A Marta Lucía no le gusta ese mecanismo. Quiere un consenso o una encuesta para escoger al ganador.

Cada uno tiene consideraciones electorales, pero ninguno las reconoce. Como Duque cuenta con el apoyo no solo del expresidente Uribe, sino con el de 80 candidatos al Congreso en las listas del Centro Democrático, no puede perder esa consulta. Marta Lucía no cuenta con mayor respaldo parlamentario y el expresidente Pastrana tampoco. Su declaración de guerra a los barones electorales del Partido Conservador ha significado romper con estos, que son los que tienen los votos. Marta Lucía Ramírez, por su parte, ya tuvo 2 millones en las elecciones de 2014 y cuenta con un voto de opinión importante que podría darle el triunfo en una encuesta si esta se hace pronto.

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Como ninguno está dispuesto a reconocer que le tiene miedo a la propuesta del otro, los dos se han inventado teorías para justificar sus respectivas posiciones. Marta Lucía, en lugar de decir “yo sin maquinaria no tengo posibilidad en una votación que coincida con las elecciones parlamentarias”, dice “marzo es demasiado tarde para una campaña como esta y para esa fecha nos habrán cogido ventaja el candidato del gobierno y el de la izquierda”. Ese argumento no es absurdo y por eso, según ella, hay que escoger por encuesta cuanto antes.

Iván Duque también tiene su propio libreto. Sabe que Marta Lucía podría ganarle en una encuesta, pues ya fue candidata y es más conocida que él. En lugar de reconocer eso, afirma que no tiene sentido escoger el candidato antes de tener un programa común de los dos bloques de la coalición. Está implícito que como la elaboración de ese programa tomaría varias semanas, la fecha de selección del candidato solo podría tener lugar en marzo cuando él está seguro de ganar.

Los dos tienen razón. En encuestas de primera vuelta con siete u ocho candidatos Iván Duque queda de tercero o cuarto, por encima de Marta Lucía. Pero en encuestas en las que solo se miden el uno contra el otro, ella podría ganar por ahora. Todo puede cambiar cuando Duque recorra el país con Álvaro Uribe, pero eso todavía no ha sucedido. Está claro que a él le conviene aplazar y a ella acelerar.

Marta Lucía tiene más experiencia que Duque, pues ha sido ministra de Comercio Exterior y de Defensa, embajadora, senadora y candidata a la Presidencia. Pero la hoja de vida no define las reglas de juego, sino la artillería con la que cuenta cada una de las partes. Y en ese sentido Uribe barre a Andrés Pastrana.

Con el sartén por el mango, el Centro Democrático no está dispuesto a hacer concesiones que pongan en peligro el triunfo de Iván Duque en la coalición Uribe-Pastrana. Por eso, con el argumento del programa no va a aceptar encuestas ni en enero ni en febrero, sino que va a insistir en que el acuerdo original era una consulta el día de las elecciones parlamentarias. Paradójicamente, la primera que habló del programa fue la propia Marta Lucía en una entrevista que le concedió a El Tiempo a comienzos de este año.

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Detrás, el uribismo tiene una consideración válida. El Centro Democrático es un partido importante que aspira a tener la bancada más grande del país en las elecciones parlamentarias. Hoy tienen 20 senadores y 22 representantes a la Cámara. Su meta es aumentar el número de senadores y casi duplicar el número de representantes. Es decir, tener entre 20 y 25 senadores y casi 40 representantes.

Lo primero es menos probable que lo segundo. La lista abierta con voto preferente hace que haya un gran interrogante sobre si ese partido podrá mantener los 20 senadores que tiene en la actualidad. Pero en materia de representantes a la Cámara, sí va a haber un aumento importante. Hoy hay solo 19 departamentos en la Cámara con representación del Centro Democrático. Es seguro que en marzo pasarán de 30. Una bancada de esa dimensión requiere tener un candidato propio a la Presidencia para jalonar las listas. Y ese requisito no se cumple si la candidata es Marta Lucía Ramírez y no Iván Duque.

Eso deja a Marta Lucía en una encrucijada. Ella en esa fecha está en desventaja porque no tiene maquinaria. Iván Duque, en cambio, no solo cuenta con los 42 congresistas de su partido, sino con otros 40 nuevos aspirantes de las nuevas listas. Cada uno de ellos va a hacer una campaña que diga Álvaro Uribe-Iván Duque y el nombre del aspirante.

Ante ese escenario, Marta Lucía tiene dos opciones. 1) Participar en la consulta popular de marzo y si es derrotada, ser su vicepresidenta. 2) Argumentar que el Centro Democrático quiere imponer unilateralmente sus propias reglas de juego y que ante esto ella se iría por su cuenta hasta la primera vuelta.

Ninguno de los anteriores escenarios es bueno para ella. La Vicepresidencia no parece interesarle. Ella ha dicho que si pierde, no necesariamente tendría que ser la número dos, pero sí tener, con el expresidente Pastrana, la facultad de escoger quién lo sería. Eso hasta ahora no le ha gustado al Centro Democrático.

Tampoco es una alternativa interesante irse por su lado y dejarse contar en la primera vuelta como candidata independiente. Eso iría en contra del espíritu de los acuerdos Uribe-Pastrana, de los cuales ella ha sido la mayor defensora. La teoría es que hay que mantener unida a toda costa la coalición del No para asegurar el paso a la segunda vuelta. Además, aunque Marta Lucía sacó 2 millones de votos en 2014, sabe que no será fácil repetir en 2018 porque con el uribismo en juego en las urnas la ecuación es muy diferente.

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