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| 7/24/2017 7:52:00 AM

La apretada disputa por los votos creyentes

La senadora Viviane Morales, el ex procurador Alejandro Ordóñez y el uribismo enarbolan las banderas de la "Colombia creyente".

“Convoco a las inmensas mayorías creyentes del país, al cristianismo todo, a los católicos y a los evangélicos a sembrar de valores esenciales de la sociedad”. La frase parece salida de la boca de algún líder de posiciones conservadoras, pero la pronunció una senadora liberal. Con esa expresión Viviane Morales saltó al ruedo y anunció que será precandidata presidencial. Será la única mujer que participará en la consulta, en la que seguramente tendrán lugar Juan Fernando Cristo, Humberto de la Calle y el senador Juan Manuel Galán.

Un mes atrás, un conservador de línea dura, Alejandro Ordóñez, salió a recoger firmas con una consigna similar. “Vamos a restaurar el país en perspectiva de valores y familia”. Nunca antes los creyentes habían tenido representación, con dirigentes de incidencia nacional, en unas elecciones presidenciales. Si en los años 90 era exótico encontrar un candidato cristiano en el tarjetón, ahora podrían tener hasta tres cartas. 

Esto, en buena parte, obedece a lo sucedido el 2 de octubre del año pasado con el plebiscito por la paz. Aunque es difícil establecerlo, se estima que los fieles  cristianos le pusieron más de 1,5 millones de votos a la victoria del No, aunque sus líderes aseguran que podrían ser muchos más. Ese caudal electoral será el que se disputen Viviane Morales, Alejandro Ordóñez, y (por qué no) el candidato de Álvaro Uribe, pues en el Centro Democrático hay algunas iglesias cristianas, como la de Claudia Rodríguez de Castellanos, quien fuera candidata presidencial en 1990, por el Partido Nacional Cristiano. En ese momento, sacó 33.000 votos.

Por ahora, tres corrientes distintas podrían conquistar el voto de las comunidades creyentes. Estas pueden ser sus opciones. 

Viviane Morales, una liberal cristiana

El liderazgo que ha asumido Viviane Morales frente a la comunidad cristiana ha molestado a algunos de sus colegas en el Partido Liberal, pero le ha hecho ganar un respaldo importante en ese sector religioso. La senadora levantó una polémica nacional por cuenta de un referendo que buscaba que los colombianos decidieran en las urnas quiénes debían adoptar a los niños abandonados. Con la consigna de "firme por papá y mamá", la ex fiscal logró recoger 2.3 millones de firmas.

El proyecto finalmente se hundió en la Cámara de Representantes, según ella, por cuenta de la presión del gobierno Santos. Aunque fue criticado por decenas de líderes de opinión, la comunidad LGBTI, las madres solteras y múltiples sectores que lo consideraban una iniciativa retrógrada y discriminadora, la iniciativa tuvo el respaldo de decenas de iglesias cristianas. Ella por su parte, cree que aunque perdió la batalla en el Congreso, la ganó en la calle.  

Aunque suene incoherente su posición dentro del liberalismo, Viviane Morales tiene una trayectoria con la que justifica su propósito. Toda su carrera política la ha construido de la mano de las iglesias evangélicas y cristianas. En una entrevista con Semana, la senadora asegura que "recientemente ha despertado una conciencia entre católicos y cristianos sobre la necesidad de incluir temas en el debate público". 

En contexto: El referendo de Viviane Morales no llegó a las urnas

Morales fue testigo de primera mano de la Asamblea Nacional Constituyente, en la que trabajaba como asesora de Jaime Ortiz Hurtado, del movimiento Unión Cristiana. En 1991 fue elegida representante a la Cámara por ese partido. En 1994 fue fórmula de Alfonso Gómez Méndez y empezó a acercarse al Liberalismo. Su paso por la Cámara se recuerda por el respaldo al presidente Ernesto Samper, en el proceso 8.000, pero también la ley de libertad religiosa. Cuando se posesionó como fiscal general en 2011 dedicó un saludo a las iglesias cristianas. En 2014 volvió a medirse en las urnas y con 53.383 votos obtuvo la undécima curul del Partido Liberal en el Senado. 

Según ella, "lo que es nuevo es que los cristianos tengan una agenda temática, con implicaciones políticas y que saltó a la luz después de tres hitos de 2016. Primero, la presentación de 2.300.000 firmas para apoyar el referendo en contra de la adopción de parejas del mismo sexo. Segundo, las marchas de agosto en contra de las cartillas de educación sexual. Y tercero, el plebiscito".

Puede leer: "Acepto la responsabilidad de asumir la candidatura presidencial": Viviane Morales

Lo que la senadora representa puede tener poca identidad con los principios liberales. Juan Manuel Galán, senador y precandidato, le dijo a SEMANA que para la inscripción de precandidatos a la consulta debe haber “unos criterios mínimos” que defiende el liberalismo, como el “respaldo al acuerdo de paz, de no discriminación y de inclusión y respeto a los derechos de las minorías”.

Morales ha sido una voz critica en todos esos enunciados. En el Congreso ha sido una de las senadoras que más ha analizado jurídicamete la implementación de los acuerdos de paz. "La implementación no puede cabalgar en el desprestigio de Santos y legitimarla requiere consensos más profundos sobre ciertos temas", le dijo a Semana. Por ejemplo, ha criticado el hecho de que los acuerdos entren al bloque de constitucionalidad, que la nueva justicia especial esté por encima de la justicia ordinaria y que se entreguen 176 municipios para según ella "hacer política en donde, excepto las Farc o nuevos grupos armados, no puede entrar ninguna otra fuerza".

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Alejandro Ordóñez en la búsqueda de un millón de firmas 

El ex procurador suele repetir una y otra vez que sale a las calles a buscar el respaldo de la "Colombia creyente". Su fe también es auténtica.  Ordóñez es fiel devoto de la doctrina lefebvrista, un ala más conservadora del catolicismo. Hace unos años habría podido ser el candidato ideal del Partido Conservador, sin embargo, él asegura que esta colectividad está tan alejada de sus banderas, por cuenta del apoyo que le han dado al gobierno Santos, que decidió lanzarse por firmas. Busca que un millón de colombianos lo acompañen en ese propósito. 

Orodóñez le apuesta a ser el candidato de la coalición que impulsó No el pasado 2 de octubre. Asegura que todas esas fuerzas deben unirse para poder ganar la presidencia en primera vuelta. Ordóñez es conservador de línea dura. Como se vio en su paso por la Procuraduría no cree en la despenalización del aborto, en la dosis personal, en la adopción por parte de parejas del mismo sexo ni en el matrimonio gay. También ha sido un crítico acérrimo del proceso de paz. Esas posiciones le hicieron ganarse el rechazo de miles de colombianos, pero el respaldo de otros tantos. "Nunca me he avergonzado de ello y nunca he pedido perdón por lo que soy.  Yo enarbolaré un discurso políticamente incorrecto, desafiando al establecimiento. Así será mi campaña", asegura. 

El ex procurador ha intentado capitalizar el malestar de los colombianos más conservadores con la agenda liberal que ha tenido el país en los últimos años. "Algunos creen que la religión se está metiendo en la política. Yo no creo. La política pretende interferir las creencias de millones de colombianos. Cuando eso acontece los ciudadanos tienen el derecho de defender y enfrentársele al Estado para que no adoctrine a su familia. El Estado no puede volver a los ciudadanos creyentes de segunda categoría. Si aquí hay una fobia cada vez más extendida es la cristianofobia. Hoy se persigue a quienes tienen creencias. Se pretende imponer una esquizofrenia constitucional porque aquí usted hoy puede pensar como quiere, creer lo que quiere, pero no puede vivir como cree porque eso es ilegitimo", le dijo a SEMANA.

Ordóñez carga en su trayectoria el hecho de que el Consejo de Estado anuló su reelección por considerar que había incurrido en el llamado "yo te elijo tu me eliges". Sin embargo, aunque para sus criticos es prueba de que no tiene autoridad moral para hablar de corrupción, entre sus seguidores ese fallo fue más político que jurídico por cuenta del papel que él estaba jugando frente al proceso de paz. 

En política, Ordóñez ha demostrado que tiene cálculo. Y así se ha leído la elección del pastor barranquillero David Name Orozco como su fórmula vicepresidencial. Con ello busca asegurar votos creyentes y de una casa política tradicional, la de los Name. En una reciente columna, Daniel Coronell dejó ver las implicaciones económicas y de poder que podría tener esa alianza. 

En contexto: “Voy a hacer una campaña políticamente incorrecta”: Ordóñez 

Álvaro Uribe, devoto de la virgen y aliado de los cristianos 

La política de Álvaro Uribe se ha concentrado en tres “huevitos”, seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social. Pero desde que aspiró a la reelección, en el año 2006, ha tratado de añadir otras banderas a su ideario político. Los valores cristianos ocupan un lugar imprescindible dentro de su agenda.

Uribe es católico y ferviente devoto de la Virgen María, eso no significa que no comulgue con otras confesiones diferentes a la católica. Así como se le ha visto fiel a la Virgen de los Remedios (patrona de Riohacha), también ha subido al púlpito en varias iglesias donde no se venera a la madre de Cristo. Allí Uribe es respetado y reconocido como líder, y el expresidente ha sabido moverse entre ellos para granjearse el apoyo de este sector de ciudadanos.

En la campaña a la reelección, donde, por ejemplo, era común verlo en actos religiosos de distintos credos. Bautistas, carismáticos, misioneros del centro Bethesda y católicos de todos los santos fueron sus anfitriones en reuniones, cultos, encuentros espirituales, misas y demás celebraciones religiosas. Fue consagrado discípulo de la Misión Carismática, la misma que dirige el pastor César Castellanos, esposo de la líder Claudia Rodríguez de Castellanos, quien fuera candidata presidencial en 2010, y confesó que desde hacía una década asistía a la convención de la organización.  

Precisamente esta congregación hace parte del Centro Democrático, cuyas asambleas se realizan en el Centro de Convenciones G12, en Bogotá, sede de la Misión. En el año 2006 Uribe explicaba los valores cristianos en la política y exacerbar el sentimiento religioso confesional con las siguientes palabras: invocar a Dios en los actos públicos, sustituir las enseñanzas científicas por el confesionalismo y estimular las movilizaciones con el fin de condenar algunos campos de la investigación científica o políticas de apertura en el campo de la educación”.

Pero cuando se hizo más notorio el fervor cristiano con Uribe fue el año pasado, durante la campaña del plebiscito. El expresidente lideró el No a los acuerdos de paz, que finalmente se impuso en las urnas. Y aunque es difícil establecer cuál fue el respaldo cristiano a su cruzada, se estima que estos habrían puesto 1,5 millones de votos, en una campaña donde el tema de la ideología de género en los acuerdos entre el gobierno y la guerrilla fue casi que asunto prioritario, y por momentos el debate se concentró en el concepto de familia y sus valores.  

Es probable que el plebiscito haya sido la primera gran victoria de los cristianos en una elección política, a pesar de que en las últimas décadas han sido decenas de dirigentes los que se han hecho elegir con sus votos.

Por eso el Centro Democrático tiene con qué reivindicar el voto cristiano, y seguramente el candidato que elija Uribe para las elecciones del 2018, más allá de sus convicciones personales, también enarbolará los intereses que representan los creyentes.

Pero hay algo que diferenbcia a estos tres candidatos. Mientras Ordóñez y Uribe pretenden hacer trizas el acuerdo de paz, Morales, de convicción, lo respalda. Ha votado todos los proyectos de paz en el Congreso, e hizo campaña por el Sí en el plebiscito.

¿Podrá el voto religioso elegir Presidente de la República? En las próximas elecciones, y por primera vez, hasta tres candidaturas lo podrían representar.

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