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| 6/15/2014 12:10:00 AM

El legado del Zorro

Óscar Iván Zuluaga perdió la Presidencia pero ganó mucho. Cuenta con identidad propia, respeto y la simpatía de millones de colombianos.

Quiéralo o no, el  candidato del Centro Democrático pasó a la historia en las elecciones que terminaron el domingo, no solo porque llegó a poner en jaque la reelección del presidente Juan Manuel Santos, sino porque su campaña será en adelante un caso de estudio de publicistas, políticos o estrategas. Y no es para menos, pues Óscar Iván Zuluaga pasó hace tres meses de ser prácticamente un desconocido para la mayoría de los votantes a ganar la primera vuelta. Y cuando todo indicaba que era el favorito para imponerse en la segunda, Santos terminó ganándole por casi 6 puntos.

A finales de febrero, cuando Zuluaga fue escogido de manera sorpresiva como el candidato del uribismo, muchos pensaron que la reelección de Juan Manuel Santos estaba asegurada. El desconocimiento que los colombianos tenían de él, unido al poco carisma que se le atribuía y al poco entusiasmo que generaba, lo convertían sobre el papel en un candidato fácil de derrotar por un presidente en reelección.

Sin embargo, no fue así. En la etapa inicial el expresidente Álvaro Uribe logró con su enorme poder de convocatoria mantener a flote esa candidatura en la que pocos creían. Pero en la medida en que los colombianos fueron conociendo al candidato del Centro Democrático la cosa cambió. Como ser humano gustó y como estadista convenció. En pocas semanas comenzó a pelear cabeza a cabeza con el presidente Santos.  Gracias al entusiasmo que despierta Uribe y al escepticismo que antes de la primera vuelta despertaba el proceso de paz logró crear un libreto convincente para sus seguidores. Su momento de gloria fue la victoria en la primera vuelta. 

Después de eso todo cambió. Del escepticismo del proceso de paz el país pasó al miedo al rompimiento del mismo. La paz que nunca había sido registrada en encuestas como una prioridad pasó de la noche a la mañana a ser el eje de la campaña. Los programas de educación, salud, vivienda e infraestructura poco interesaron entre la primera y la segunda vuelta. No es tanto que la incertidumbre sobre los dialogos de La Habana hubiera desparecido, sino que se comenzó a valorar lo que se podía perder. La avalancha de apoyos que el presidente Santos consiguió en las últimas tres semanas contribuyó a crear conciencia del costo que podía tener perder esa oportunidad.  
  
Zuluaga se defendió bien en los debates. Demostró que podía ser la contraparte de un presidente en ejercicio. Hablaba con propiedad y manejaba todos los temas, y aunque a veces perdió la calma y se le fue la mano diciendo que el presidente Santos no inspiraba respeto, probablemente no perdió ni un voto de sus seguidores en esos mano a mano.  No solo eso, a pesar de que perdió logró casi duplicar su votación entre el 25 de mayo y el 15 de junio. Pasó de 3.759.862 votos a 6.903.381. 

En realidad la derrota de Óscar Iván Zuluaga no obedeció tanto a errores que él cometió, sino a 
nuevos escenarios que se crearon con su triunfo y que conspiraron contra él. Por un lado, el tsunami de apoyos que consiguió Santos después de su derrota fueron creando la conciencia de que algo muy importante estaba en juego si perdía. La actitud del expresidente Uribe en la campaña hizo resurgir el pánico de su regreso al poder y ese tema fue martillado sin piedad por casi todas las columnas de opinión del último mes.  

Y por último estaba el manejo acertado que le dio la campaña de Santos a esta última etapa. El presidente, además de salir muy bien librado de los debates, organizó su campaña para que los caciques políticos de la costa esta vez sí le funcionaran y para que la izquierda le diera el triunfo en Bogotá.  Ninguno de esos factores estaban en manos de Zuluaga, pero sí estaban en su contra. 

Entre miércoles y viernes el presidente candidato hizo todo tipo de anuncios y movimientos, mientras Zuluaga desapareció por una laringitis. A los progresos que Santos venía anunciando en las negociaciones con las Farc, como el reconocimiento de ese grupo a las víctimas del conflicto, ahora sumaba el comienzo de un diálogo con el ELN. Aunque esos anuncios producían acusaciones de oportunismo político, también dejaban en evidencia que en el camino hacia la paz se había recorrido mucho y que de pronto eso iba a funcionar. 

Óscar Iván Zuluaga al ver que la paz vendía y que a él definitivamente no le convenía ser asociado con la guerra, empezó a recoger velas sobre su rechazo categórico a los diálogos de La Habana. De rompimiento pasó a pausa y de ultimátum pasó a revisión. Aunque este giro le sirvió un poco con el electorado, también lo acusaron de oportunismo. Tan solo el viernes el candidato del Centro Democrático reanudó su agenda, pero ya era imposible acortar la ventaja mediática que le había tomado Santos. En un intento desesperado por sumar votos, el viernes en la mañana Álvaro Uribe dio una rueda de prensa en la que presentaba las pruebas del abuso de poder y el exceso de publicidad “ilegal”   del candidato-presidente. Sin embargo esa intervención fue más bien interpretada como el pronóstico de una posible derrota y para los antiuribistas como la prueba de que detrás de un gobierno de Zuluaga el verdadero poder sería Uribe. 

Pese a la derrota del domingo, Óscar Iván Zuluaga fue un ganador. De un relativo anonimato pasó a convertirse en una respetada figura nacional y su partido en una fuerza política importante. Seguramente no será flor de un día, sino que se convertirá en uno de los protagonistas de la vida política. A pesar de su lealtad con el expresidente Uribe, ya tiene vuelo propio. Su imagen de hombre decente y caballeroso se confirmó en su discurso del domingo pasado cuando felicitó al presidente, no mostró resentimientos y envió un mensaje de unidad y de respeto a las instituciones. De todas maneras, el solo hecho de que haya sacado casi 7 millones de votos lo deja en cabeza de un poderoso caudal político ya sea para hacer oposición o para buscar poder local y regional de cara a las presidenciales dentro de cuatro años. Teniendo en cuenta que el hombre de Pensilvania tiene 55 años, los colombianos van a tener ‘Zurriaga’ para largo.  
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