Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/10/22 00:00

Puja definitiva por la Procuraduría

Fernando Carrillo es el favorito en una elección crucial en la que hay muchas cosas en juego. Entre ellas, el futuro de la Unidad Nacional.

Fernando Carrillo, María Mercedes López y Jorge Perdomo. Foto: Liliana Corzo / Juan Carlos Sierra / León Darío Peláez

La elección del procurador se anticipó para este jueves. El dato normalmente sería irrelevante, pero en este caso es muy elocuente sobre las tensiones y polarización del momento político.

En contraste, la votación que ganó Néstor Humberto Martínez para convertirse en fiscal general se dilató tanto, que le permitió a Jorge Perdomo permanecer en una ‘paloma’ de un semestre. Pero ahora los movimientos del gran ajedrez de la política llevaron a que los pesos pesados anticiparan la escogencia del sucesor de Alejandro Ordóñez –que se posesionará en enero de 2017– para asegurar el control del proceso.

El panorama está agitado por dos temas: la reforma tributaria y el proceso de paz. El debate sobre los impuestos pone sal en las heridas que ya existen dentro de la Unidad Nacional. Al gobierno no le convendría que la elección del procurador coincida con la etapa final de debate y aprobación de los nuevos impuestos, porque podría perder margen de maniobra.

La segunda consideración tiene que ver con el delicado momento que atraviesa el proceso de paz, y la posibilidad de que llegue al Congreso el trámite de los acuerdos modificados con las Farc. Impuestos y paz son las dos prioridades del gobierno. Ambas implican decisiones duras y costosas, y en las dos la Casa de Nariño necesita del apoyo de la Unidad Nacional, cuyos integrantes ya empiezan a mirar hacia la campaña para 2018.

Al complejo panorama de la política se agrega que la Procuraduría se ha convertido en toda una joya de la corona. Después del poder que ejerció en el cargo Alejandro Ordóñez, el Ministerio Público quedó valorizado como instrumento. Y está el antecedente reciente de la elección de la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo.

A comienzos del año, en los círculos políticos se daba por seguro que con el fin del periodo de Eduardo Montealegre en la Fiscalía y la salida de Jorge Armando Otálora de la Defensoría, una de estas dos entidades quedaría a cargo de un liberal y otra de un candidato de La U. Y que la Procuraduría seguiría –como los últimos ocho años– en manos de un conservador.

Pero la victoria de Martínez Neira –aunque cantada al final– desbarató los cálculos políticos. El fiscal es uno de los más cercanos amigos políticos del vicepresidente Germán Vargas Lleras y la creciente guerra fría entre su partido, Cambio Radical, y las otras dos fuerzas santistas –La U y el Partido Liberal– alborotó el apetito por los otros dos cargos: la Defensoría y la Procuraduría.

Con la elección de Carlos Negret en la primera, rojos y azules se consideraron con una especie de derecho propio por la Procuraduría. Los liberales, porque lo consideran una fórmula de equilibrio político. Los conservadores, porque esa ha sido su cuota de ingreso a la Unidad Nacional. No por coincidencia, en la recta final hacia la elección la lucha se polarizó entre Fernando Carrillo y María Mercedes López, miembros de esos dos partidos, y perdió oxígeno Jorge Perdomo, quien en un principio había picado en punta.
La candidata formal de Santos es López, pues él la incluyó en la terna, en un gesto hacia el Partido Conservador. Pero para nadie es un secreto que el primer mandatario lleva la aspiración de Carrillo en su corazón. La cercanía entre los dos tiene una larga trayectoria. Compartieron gabinete en el gobierno de César Gaviria, y cuando Santos ganó las elecciones presidenciales rescató a Carrillo de un largo exilio en la burocracia internacional para que coordinara el comité de empalme con el gobierno saliente de Álvaro Uribe.

Posteriormente lo nombró primer director de la Agencia de Defensa Jurídica del Estado y ese mismo año, en 2012, llegó al Ministerio del Interior, cargo en el que estuvo hasta hace un año. Paradójicamente, a pesar de que Carrillo no es el candidato formal del presidente, su cercanía con el mandatario ha llevado a los senadores a entender que el voto por él es un voto de apoyo al gobierno, y que la opción de María Mercedes –ternada por el mandatario– es mal vista en palacio.

Carrillo es el favorito. Su perfil es sólido y su carácter conciliador y diplomático es bien recibido en estos tiempos de agitación política. SEMANA pudo verificar que los cálculos en los pasillos del Senado, le conceden alrededor de 60 votos, a Maria Mercedes López más de 25, y a Perdomo cerca de 10. La base de esta mayoría está garantizada por el apoyo de los liberales a Carrillo. Los cinco votos de Opción Ciudadana están con él. Y casi todas las otras fuerzas permanecen divididas.

En el Partido Conservador, por ejemplo, habría siete senadores en el lado de Carrillo y 11 en el de López. David Barguil, el presidente de la colectividad, se ha convertido en una especie de jefe de debate de María Mercedes López. Considera, junto con un grupo de senadores, que los azules han respondido al compromiso legislativo con las banderas de gobierno –sobre todo con la paz– y que merecen conservar la Procuraduría.

En Cambio Radical también hay divisiones. Los escuderos más cercanos a Vargas Lleras apoyarán a López y la otra mitad de los senadores del partido –ocho en total– respaldaría a Carrillo. Vale la pena anotar que el senador Horacio Serpa y el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, han liderado la campaña por Carrillo en el Congreso.
En La U también hay dos corrientes, pero la mayoría se inclina por Carrillo. La bancada costeña de siete senadores, sumada a Roy Barreras, Ángel Cabrera y otros cinco congresistas está con el exministro de Justicia, mientras que seis –cercanos a Mauricio Lizcano, presidente del Congreso– están con López. Dos siguen indecisos.

Las miradas se dirigen a los partidos de oposición, que juegan un papel de fieles de la balanza en el tire y afloje de las fuerzas gobiernistas. El Centro Democrático también estaría con Carrillo. Aunque no lo ha decidido, lo más seguro es que sus 20 senadores voten a favor suyo por dos razones. Primero, porque al estar en la oposición la mayoría de sus integrantes no están dispuestos a legitimar la aspiración de la candidata formal del presidente. Y segundo, porque arguyen que López es muy cercana al expresidente Ernesto Samper y algunos sectores del Polo Democrático, ubicados en la orilla contraria del espectro político.

En el Polo Democrático y en el Partido Alianza Verde todavía no hay decisiones formales. Se prevé que cuatro de los cinco senadores del Polo apoyarían a María Mercedes y cuatro de los cinco verdes harían lo mismo. En ambos hay malestar con Santos, porque consideran que los excluyó de las fórmulas de diálogo planteadas entre el Sí y el No después del plebiscito. Y en todo caso, a ambos les interesa reiterar con hechos lo que han dicho en palabras: que sus apoyos a la paz no significan que hayan dejado la oposición al gobierno.

Que Carrillo lleve la camiseta amarilla no significa que la suerte está echada. Los últimos días de campaña serán arduos y ni María Mercedes López ni Jorge Perdomo han dado su brazo a torcer. Al final de la semana, Barguil acusó al ministro del Interior de intervenir en forma indebida en favor de Carrillo, lo cual Cristo negó tajantemente. También hubo señalamientos contra el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, por apoyar a María Mercedes López. Podrían ser esfuerzos de último minuto, pero también un indicio de que la recta final será más dura y pugnaz que hasta ahora.

Para el presidente Santos será una decisión trascendental. No solo por quién resulte elegido –que, en cualquier caso le permitirá una relación más tranquila que la que tuvo con Ordóñez–, sino por la forma como se produzca el desenlace. Con el proceso de paz en el limbo y la reforma tributaria en la primera etapa, lo que menos necesita es que este pulso deteriore el clima de la Unidad Nacional.

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