Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 9/29/2012 12:00:00 AM

Elecciones presidenciales: Venezuela en vilo

El domingo se juegan las elecciones más trascendentales en décadas. En la calle hay ambiente de fiesta, pero también de miedo ante lo que pueda suceder el 7 de octubre.

La vida de 20 millones de venezolanos está en pausa hasta el domingo 7 de octubre cuando acudan a las urnas a votar por el presidente Hugo Chávez o por su contendor, Henrique Capriles Radonski. En el tarjetón oficial hay otros candidatos, pero la elección está entre los dos. Los chavistas insisten en un triunfo contundente pero algunos están nerviosos por lo que pueda pasar. Y los opositores, hasta los más escépticos, sienten que por primera vez tienen una posibilidad real. Por eso lo que se respira, al menos en Caracas, es un espíritu triunfalista de parte y parte, al que ni siquiera le hacen mella los sondeos, polarizados y con su credibilidad en juego.

La verdadera encuesta está en la calle. Esta frase se oye con frecuencia y el propio Chávez sabe lo que significa. Siendo un candidato sin partido recorrió pueblo por pueblo para ganar las elecciones de 1998. Pero esta vez su contendor es el que ha pasado más tiempo entre la gente y eso podría marcar la diferencia. Durante la última semana, Capriles emprendió su gira final por las principales ciudades. Fue celebrado por miles de personas que invadieron emocionadas las avenidas para recibirlo. Al ver el apoyo popular que Capriles ha despertado, varios analistas sugieren que el candidato de la oposición es la Violeta Chamorro del momento, en alusión a su victoria sobre el favorito Daniel Ortega en las presidenciales de 1990 en Nicaragua.

En contraste, Chávez –al cierre de esta edición– no había anunciado ningún acto multitudinario de cierre. A pesar de que el presidente se ve con mejor semblante a pesar del cáncer, desde julio ha cancelado tres actos, y en algunos lugares tradicionalmente chavistas ha sido notorio que ya no atrae como antes. Tal vez por eso se ha enfocado más en una campaña mediática, abusando de las famosas cadenas de televisión para hacer promesas, inaugurar obras y descalificar a su adversario, al que le ha puesto todo tipo de apodos. Capriles había adoptado una postura no confrontacional, pero en las últimas semanas ha arreciado su ataque al “candidato del gobierno”, a quien tampoco nombra.

Por la fuerte polarización, el debate ha sido pobre. Pero más allá de la negativa de Chávez de aceptar el reto de Capriles a debatir, muchos venezolanos no están discutiendo la visión de cada uno ni han hecho un balance frío de los 14 años de gobierno. Se han centrado en las etiquetas, los estereotipos, los prejuicios y la paranoia, enfocándose sobre todo en los atributos; el joven versus el experimentado, el pobre versus el burgués, el político versus el tecnócrata, el ideólogo versus el pragmático. Y como es ya tradicional, el personalismo y los sentimientos, tanto de amor como de odio, terminarán siendo un factor clave en la elección.

La invasión de propaganda y el exceso de versiones, aunque no de información veraz, exacerba las pasiones. En las calles prácticamente no hay postes sin afiches y la música con las canciones de uno y otro suena hasta en los ring tones de los celulares. Hay puestos callejeros, a veces más de dos en una misma cuadra, donde venden memorabilia con la imagen de los candidatos y caravanas de motorizados y simpatizantes en pick-ups que anuncian su llegada a pito limpio y arrojan volantes al pasar.

Las noticias políticas dominan la agenda de los medios oficialistas y de oposición. A través de ellos se ha hecho una guerra sucia, atípica en las campañas tradicionales venezolanas. La rumorología también se ha sentido en las redes sociales, donde se libra una batalla intensa de mofa hacia uno u otro candidato. A pesar de su virtualidad, en las redes se palpa, como en ninguna elección anterior, la polarización política que está en uno de sus picos más altos, y también la zozobra en medio de la fiesta. Y es que estas elecciones se perciben como un momento histórico, demasiado trascendental en Venezuela para tomárselo a la ligera.

Para la oposición esta es la oportunidad más clara de llegar al poder. Solo 100.495 venezolanos están inscritos para votar en el exterior, pero en una elección reñida pueden marcar diferencia. Por eso los expatriados están hasta organizando charters para viajar a votar a Caracas porque no pudieron inscribirse en su país de residencia.

Para el oficialismo estas elecciones definen la consolidación y profundización del proyecto del presidente Chávez. Y para eso es clave ganar con una mayoría abultada, por lo que están organizando lo que llaman el 1x10, para que cada uno se haga responsable de llevar a otros 10 a votar Según el comando de campaña de Chávez, ya hay más de 900.000 personas listas para la operación.

Las pequeñas dádivas y los regalos que cada bando está entregando no se han quedado atrás, desde camisetas y gorras, hasta una vivienda nueva o una silla de ruedas. Pero en este punto el oficialismo tiene todas las de ganar. No hay chequera más millonaria que la del gobierno petrolero de Venezuela, aunque también a muchos venezolanos, ni de un bando ni de otro, les interesa vender su voto en esta coyuntura tan crucial.

Más allá de quién gane hay incertidumbre sobre cómo cada uno administrará el resultado y qué harán las fuerzas y los sectores que cada uno representa. Y hay desconfianza real entre ambos bandos. ¿Van a aceptar la derrota? ¿La confrontación política entre simpatizantes terminará en violencia? ¿Cómo van a actuar los militares?

Nadie tiene la respuesta a todos estos interrogantes, pero Chávez, que se ha despojado de su traje de jefe de Estado y solo habla como candidato, ha llegado al extremo de advertir que si pierde habrá una guerra civil. Algunos de los slogans de sus afiches refuerzan la idea: “Sin Chávez, plomo, con Chávez, todo”. La oposición, en cambio, ha llamado a respetar los resultados, pero ciertos sectores están convocando a un ‘cacerolazo’ para despedir al presidente el viernes antes de elecciones, un acto que puede ser interpretado como una provocación innecesaria.

Hay incertidumbre sobre la capacidad de intimidación y fuerza real de los colectivos armados, grupos paramilitares que controlan algunos barrios como el 23 de Enero, que defienden ‘la revolución’. El general Wilmer Barrientos, jefe del Plan República y quien coordina la seguridad el día de las elecciones, dijo que las Fuerzas Armadas en Venezuela combatirían cualquier foco de violencia “venga de donde venga” para garantizar la paz en los comicios. Y aunque tanto chavistas como opositores quieren creerle, en la institucionalidad castrense algunos generales generan dudas y hay temor de que las Fuerzs Armadas se puedan dividir.

La paranoia y la angustia, sumadas al hecho que el Consejo Nacional Electoral no aceptó una misión de observadores internacionales, ha hecho que la propia sociedad civil y los partidos se organicen, cada cual a su manera, para cuidar las elecciones. Ojalá los escenarios extremos que contemplan, desde la guerra civil hasta el fraude, no se concreten. Pero, por si acaso, es igual de importante que haya tanta gente pensando, más allá de los resultados, que todos deben proteger la ya maltrecha democracia venezolana. Pase lo que pase, el país político nunca volverá a ser igual después de esta elección.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.