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| 10/23/2015 10:00:00 PM

¿Qué está en juego en estas elecciones?

Las 10 preguntas claves sobre lo que se definirá en estas elecciones.

1. ¿Cuál es la primera fuerza política en Colombia?



El ganador de las elecciones no va a ser evidente. Lo más probable es que el domingo a las 6 de la tarde todas las fuerzas políticas reclamen la victoria, apelando a un criterio diferente para interpretar los resultados. La gran novedad de estas elecciones fue la posibilidad de que los candidatos se inscribieran con el aval de varios partidos, y no de uno solo. En consecuencia, todos los que apoyaron cada candidatura ganadora reclamarán para sí esa victoria. Entre los parámetros para definir quién ganará y quién perderá, figuran: 1. El partido que obtuvo más gobernadores. Aunque haya triunfado una coalición es posible saber –por trayectoria en anteriores elecciones, y por el primer aval con que se inscribió ante la Registraduría– a qué colectividad pertenecen los nuevos gobernadores. 2. El número total de votos por partido. Este se podrá establecer al verificar los sufragios obtenidos por cada colectividad a un cuerpo en particular: a las asambleas o a los concejos. En estas elecciones, las listas sí son de un solo partido y no tienen multiavales. 3. Victorias simbólicas: Bogotá, en cerrada competencia, será la joya de la corona, pero otros triunfos –o derrotas– tendrán importantes repercusiones políticas. 4. Las tendencias: el resultado de comparar la votación de cada partido este domingo, con elecciones anteriores.

2. ¿Será el comienzo del fin de la Unidad Nacional?


Al comienzo de la campaña se anunció que los partidos de la Unidad Nacional –La U, Cambio Radical, el Partido Liberal y una fracción del Partido Conservador– presentarían candidatos únicos en los lugares en los que el uribismo es fuerte desde el punto de vista electoral. Esto no ocurrió. Esas fuerzas se aliaron de formas distintas en cada municipio y departamento y al final se generó una dura competencia entre La U, Cambio Radical y el liberalismo. Los tres aspiran a ocupar el primer lugar este domingo. La principal manzana de la discordia fue Bogotá, donde Cambio Radical se apartó de la candidatura de la Unidad Nacional y, en vez de avalar a Rafael Pardo, apoyó a Enrique Peñalosa. Todo indica que para 2018 esos tres partidos buscarán candidaturas presidenciales individuales, y desde la próxima semana empezarán a mover sus fichas en esa dirección. La hipótesis obligada es que la convivencia pacífica entre el vicepresidente Germán Vargas, jefe natural de Cambio Radical, y La U y los liberales va a ser difícil en los próximos tres años. La Unidad Nacional no fue, en esta campaña, una sola desde el punto de vista electoral y tampoco lo será en 2018. Falta ver si puede seguir unida dentro del gabinete del presidente Santos y como alianza de bancadas en el Congreso.

3. ¿Podrá sobrevivir la Alianza Verde?



La Alianza Verde puede salir herida de estas elecciones. Los verdes le apuestan a conquistar tres gobernaciones: Putumayo con Sorrel Aroca,  Nariño con Camilo Romero y Boyacá con Carlos Amaya; tienen alianzas con el Partido Liberal en Casanare, Meta y Pereira, donde esperan dar la pelea. En alcaldías concentraron sus esfuerzos en municipios pequeños, pero el partido no quiere medirse por número de elegidos. Para la senadora Claudia López eso sería “montarse al bus de la maquinaria y lo que nosotros buscamos es reunir gente decente, con trayectoria y no prontuario”.

En Bogotá arrancaron la campaña con Carlos Vicente de Roux, pero desde un principio la mitad del partido estaba con Clara López y la otra mitad, cuando de Roux se retiró, se partió entre Enrique Peñalosa y Rafael Pardo. Esa división puede dejar heridas abiertas. Lo más probable es que en el Concejo de la ciudad mantengan cinco curules con gente joven que le apuesta a la renovación, y otros más curtidos que encabezan esa y otras listas a cuerpos colegiados en todo el país.

En todo caso, la situación de los verdes no es muy distinta a la de hace cuatro años. En ese entonces se quedaron con 31 alcaldías, más que todo en Antioquia y Boyacá y ganaron la Gobernación de Amazonas con Carlos Arturo Rodríguez y de Antioquia con Sergio Fajardo. Hoy las cosas no pintan mejor y en el partido intentaron no caer en la lógica del ‘todo vale’ para ganar.

4. ¿El uribismo ganará perdiendo?



Esta es la primera vez que el Centro Democrático se mide en las regiones. Cuando lo hizo para Congreso, hace un año, todo era a otro precio porque llegó con lista cerrada y gracias al empuje del expresidente Uribe –que era candidato y encabezaba la lista– en el tarjetón. Pero hoy cada aspirante depende de sí mismo y competir contra la maquinaria de la Unidad Nacional, que lleva años en las regiones, no es fácil. Por eso, el uribismo no tiene muchas ilusiones. Es un partido joven que no tiene cuadros ni organización en todos los departamentos y municipios. Se la jugaron por ganar cupos en concejos y asambleas –que es donde se construyen las bases de un partido– y le apuestan al triunfo en la Alcaldía de Medellín, la cuna del CD. Llevan, además, candidatos propios en ciudades como Cartagena, Pasto, Valledupar, Leticia, Yopal y Montería.

El Centro Democrático es un partido en formación, que puede obtener más votos que cuota de poder. La estrategia es ganar bases y tener de dónde conseguir los votos para llegar a la Casa de Nariño en tres años. Mientras tanto, según dice la senadora María del Rosario Guerra, “cualquier concejal es ganancia”.

5. ¿Serán las elecciones de Germán Vargas?

El vicepresidente no sale en el tarjetón, pero puede ser el gran ganador. Su partido, Cambio Radical, se dedicó a recoger los votos que Santos dejó sembrados en las regiones durante la segunda vuelta en 2014. Tiene candidatos fuertes y propios en Barranquilla, con Alex Char, en Magdalena con la baronesa Rosa Cotes, en Córdoba con Carlos Gómez, en Sucre con Edgar Martínez, en Quindío con Sandra Gómez, en Quibdó con Zulia Mena, y apoyó a aspirantes independientes de gran significado: Maurice Armitage en Cali y Enrique Peñalosa en Bogotá.

Con una cuidadosa estrategia de avales y coaliciones, Cambio Radical puede lograr lo contrario del Centro Democrático: más cuota de poder que el porcentaje de su votación. Esa sería una especie de cuota inicial para la aspiración presidencial del actual vicepresidente en 2018. Con esa base electoral, sumada a la chequera de las casas y las carreteras que manejan los ministerios que están bajo su control, el vicepresidente cree que está alineando a los astros para que lo acompañen en su futuro inmediato.

6. ¿Tiene futuro la izquierda?



En las elecciones de gobernadores y alcaldes no hay muchos lugares en los que la izquierda es competitiva. Muchos analistas consideraron que estas serían las elecciones de la paz: una especie de referendo sobre los diálogos de La Habana que le darían al Polo Democrtático y a otros sectores la oportunidad de asumir la bandera de su defensa. No fue así. Los temas locales y la política regional dominaron las agendas de las campañas y no hubo asuntos nacionales que pudieran catalogarse como tendencias. Los comicios del domingo no son un referendo por la paz.

Eso impactó a la izquierda. En el Catatumbo, Norte de Santander, Cauca, Chocó, Nariño y Arauca hay una explosión de movimientos sociales y organizaciones pensando en el nuevo capítulo que escribirá el país si se firman los acuerdos en marzo. Pero de ahí a que esas organizaciones conquisten el poder este domingo hay mucha distancia.

El Polo Democrático se juega el todo por el todo en Bogotá con Clara López y en Nariño con Afranio Rodríguez, aunque presentó listas en 550 municipios y en todos los departamentos. Si Clara López pierde en la capital, la izquierda perdería su mayor activo político en muchos años y se reforzaría el mensaje de sus enemigos, en el sentido de que la izquierda no está capacitada para gobernar con eficacia. La buena noticia es que en la campaña de Bogotá se empezaron a reagrupar las distintas facciones de izquierda: el Polo, la Unión Patriótica, los Progresistas y el Mais. La Unión Patriótica merece capítulo aparte: regresa luego de años en el exilio en los tarjetones de 25 departamentos del país. Compiten con su logo en seis gobernaciones: tres en coalición con el Polo, y llevan 74 candidatos a alcaldías, 114 listas a concejos y 91 a juntas administradoras locales.

Pero un resultado pobre en las elecciones del domingo haría más difícil el inmediato futuro del Polo, de la unidad de la izquierda, y de sus opciones para las elecciones presidenciales.

7. ¿Qué se juega en los territorios claves para el posconflicto?



El 23 de marzo de 2016, cuando se firme el fin del conflicto armado, empezará el duro camino de trasladar los acuerdos del papel a la realidad. La prueba de fuego serán las regiones donde nunca ha llegado el Estado. Al olvido histórico de estas zonas se suman las bandas criminales que controlan parte de ellas, la corrupción desbordada y los conflictos sociales que están al rojo vivo. Por eso, los alcaldes y gobernadores que se elijan el 25 de octubre en estos territorios serán cruciales para la construcción de la paz o para que sigan hundidas en la desesperanza.

Por ahora el panorama no es halagador. De acuerdo con el último informe de la Fundación Paz & Reconciliación (Pares), hay 152 candidatos cuestionados en 21 departamentos claves para la paz, que tienen un 81 por ciento de probabilidad de salir elegidos. Hay amenazas contra candidatos de la izquierda, especialmente los de la Unión Patriótica (UP), que ya ha reportado amenazas contra 29 de ellos. En contraste con este panorama, hay un auge de participación en las urnas de movimientos cívicos y organizaciones sociales que le apuestan a la apertura democrática que prometen los acuerdos de La Habana.

Lo que le preocupa a expertos como Eduardo Álvarez de la Fundación Ideas para la Paz (FIP) es que “los candidatos vean la paz como un botín y no como una oportunidad de cambio”. Se destinarán para el posconflicto 10 billones de pesos del presupuesto del año entrante y ya se calcula que se necesitarán unos 90 billones más en la próxima década. ¿Quién manejará esos recursos? Muy posiblemente los gobernantes que salgan elegidos el próximo domingo. En la mayoría hay presencia o control del ELN y las bandas criminales.  Casi todas son regiones donde tienen muchas posibilidades de ganar candidatos del uribismo, que están en contra de la negociación política, y en las que pululan los candidatos de la parapolítica a quienes la paz les pone en jaque sus feudos. El reto, por tanto, del posconflicto será mayúsculo en esas zonas alejadas, donde violencia y política se mezclan peligrosamente.

8. ¿Quedarán aún peor los partidos después de esta elección?



Si algo quedó claro en estas elecciones es que los partidos dejaron de ser un referente ideológico para el país y para los candidatos. En vez de ser plataformas políticas que promueven ideas, se convirtieron en máquinas de avales. Lo que en otras democracias se define por consultas internas o convenciones entre militantes, en Colombia lo decidió el dedo de las directivas. Y eso generó un imperio del pragmatismo. A los candidatos no les importó cambiarse de color político con tal de conseguir el aval. Y los partidos, como su prioridad es ganar, le dieron su aval a quien más posibilidades tuviera, independientemente de su historial.
Los partidos se convirtieron en federaciones de maquinarias locales y la pérdida de control es tal, que proliferaron los candidatos por fuera de sus estructuras. En total se presentaron 810 comités de ciudadanos que recogieron firmas por todo el país para inscribir aspirantes ‘sin partido’. Eso demuestra el nivel de descontento y desconfianza de los ciudadanos en los partidos tradicionales.

Lo preocupante es que el régimen legal de los partidos en Colombia se ha modificado varias veces. Se ha castigado la doble militancia y el transfuguismo y se han prohibido los de garaje bajo la lógica de consolidar partidos fuertes. Pero este domingo se sabrá si ese ha sido el antídoto efectivo para las enfermedades acumuladas de los últimos años, o si tanto fortalecimiento solo sirvió para crear monstruos electorales desideologizados.

9. ¿Se jugarán las encuestas su credibilidad?



Aunque el debate sobre las encuestas en épocas electorales siempre es muy intenso, en la campaña que acaba de terminar lo fue más. Hubo algunos elementos nuevos. Por una parte, las diferencias entre los resultados de las diversas firmas fueron mayores y se registraron grandes cambios en las tendencias de los candidatos, como se habían visto antes. Las firmas de investigación sobre opinión pública quedaron en el ojo del huracán. Por primera vez se notaron fisuras en el gremio de los encuestadores, que mostraron diferencias notables de sus metodologías, y que se tradujeron en conclusiones divergentes sobre las intenciones del electorado. El Consejo Nacional Electoral, en medio del calor del debate, abrió investigaciones sobre casos puntuales que involucran a casi todas las principales compañías que hacen investigación sobre intención de voto. Solo después de elecciones, y seguramente con una marea más baja, se conocerá hasta dónde llegarán esos procesos.

Todo dependerá de los resultados del domingo y de sus diferencias con los últimos pronósticos que hicieron las encuestas. En las últimas, publicadas horas antes de las elecciones, las predicciones de las principales se acercaron y en las ciudades más grandes –Bogotá, Cali y Medellín– concluyeron que había un “empate técnico”. El nivel de acierto o desacierto determinará finalmente si esta actividad científica y técnica ganará o perderá puntos en materia de credibilidad.

10. ¿Tendrán algún efecto estas elecciones sobre 2018?



Parece prematuro, pero a partir del domingo en la noche empezarán a circular nombres para las presidenciales de 2018. Este día se definirá el orden de la línea de partida. Precandidatos ya reconocidos, como el vicepresidente Germán Vargas Lleras y el senador del Polo Jorge Enrique Robledo, recibirán con expectativa los escrutinios sobre sus partidos, que determinarán la fortaleza de su base para lanzar sus campañas. El gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, deshojará un pétalo de su margarita en función del resultado de sus candidatos en Antioquia. Los otros partidos de la Unidad Nacional –liberales y La U– comenzarán a diseñar estrategias para construir candidatos viables: 2018, sin reelección, podría ser el escenario para que revivan las consultas internas para definir los candidatos.

La campaña de 2015, comparada con la del año pasado, refuerza la conclusión de que las elecciones locales tienen un comportamiento electoral muy distinto al de los comicios nacionales. Pero para nadie es un secreto que es muy difícil llegar al Palacio de Nariño sin una base política regional. Y esa es, precisamente, la que los colombianos construirán este domingo.
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