Sábado, 25 de febrero de 2017

| 2001/04/30 00:00

Empate en Francia

Lo que sucedió en el tribunal de París fue un drama mejor que el del libro. ¿Será que ahora demanda Gaviria?

Empate en Francia

Los dos reclaman la victoria. El ex presidente Ernesto Samper considera que el veredicto de la justicia francesa significa el reconocimiento de una difamación en su contra. Ingrid Betancourt, por su parte, afirma que no la obligaron ni a retirar su libro del mercado ni a cambiarle una coma.

En realidad el veredicto fue salomónico. Lo único que se les exigió a los editores del libro fue insertar el siguiente texto en los ejemplares que se vendan de ahora en adelante: “Por orden de la justicia hacemos constar las protestas del doctor Ernesto Samper contra las imputaciones que lo conciernen en las páginas 10 a 13, 55, 149 a 151, 153 a 158, 174 y 193 de este libro, las cuales él considera difamatorias”.

El texto no pudo haber dejado muy feliz al ex presidente pues en el fondo no dice nada. Sin embargo su verdadera reivindicación estuvo en el hecho de que el juez ordenó a la casa editora pagarle 8.000 francos para cubrir los gastos de su defensa. Esta medida, aunque insignificante en términos económicos, constituye un reconocimiento indirecto de que su demanda tenía sustento.

Ingrid Betancourt puede sentirse ganadora en Francia pero no en Colombia. Las acusaciones de múltiples homicidios contra el presidente Samper eran tan grotescas que le quitaron credibilidad a un libro que, de no ser por estos excesos, muchas de sus denuncias hubieran podido haber tenido un impacto real.

El proceso giró alrededor de cuatro denuncias contra Samper contenidas en el libro de Ingrid Betancourt.

1. Que había sido elegido a la Presidencia con el dinero de los narcotraficantes.

2. Que mandó asesinar a todos los testigos que podían haberlo denunciado en este proceso.

3. Que había amenazado de muerte a Ingrid Betancourt y a sus hijos, advirtiéndoles que un equipo de sicarios había sido contratado para callarla.

4. Que había orquestado un atentado ficticio contra su abogado Antonio José Cancino para engañar a la opinión pública.

La incomodidad para Samper consistía en que si bien los puntos 2, 3 y 4 eran absurdos, el primero, el de la narcofinanciación de su campaña, era verdad. Por esto las barras estaban con Ingrid cuando se inició la audiencia judicial ante el Tribunal de gran instancia de París. En medio de una docena de periodistas y 30 militantes de ONG francesas y colombianas llegó la senadora con el ex vicefiscal Adolfo Salamanca. El primero en hablar fue el abogado de Samper, José Michele García, quien centró su intervención en dos preguntas: ¿Tiene ella pruebas contra Ernesto Samper? Si las tiene ¿por qué no instauró una denuncia penal en su país? Agregó que si el ex presidente de Colombia fuera el monstruo que decía Ingrid Betancourt no se hubieran reunido con él personajes como Juan Pablo II, Bill Clinton y François Mitterrand.

Ante esto el abogado de la casa editora, Jean Claude Zylberstein, sólo pudo defender las afirmaciones de la senadora alegando que se trataba de un “panfleto autobiográfico” que tenía que ser visto dentro del contexto de un “combate político”. Por esta razón no podía aplicársele el estatuto del periodista, que impone obligaciones de objetividad y de pruebas sobre las aseveraciones publicadas. Puntualizó que ese panfleto estaba inspirado en una “obra del espíritu” que haría improcedente una medida cautelar de embargo. Terminó su intervención con un grito al tribunal: “Señores, no se conviertan ustedes en los sicarios de la libertad de expresión”.

Se le preguntó entonces a Ingrid qué pruebas tenía de que el ex presidente hubiera dado personalmente la orden de asesinar a los testigos. Ella respondió: “Mis propias convicciones, yo me planteo preguntas y respondo con mi convicción íntima”. Súbitamente explotó en llanto y dijo en un perfecto francés: “Je suis tres emue”, que en español traduce “Estoy muy afectada”. Cuando se recuperó manifestó que la publicación del libro era de actualidad porque Horacio Serpa, el heredero político de Samper, estaba de candidato a la Presidencia.

Después de lo anterior le preguntaron a Adolfo Salamanca sobre los supuestos asesinatos de Samper. El contestó que no podía hacer afirmaciones sobre estos hechos pues la Fiscalía había iniciado investigaciones penales cuyos resultados él desconocía por haberse retirado de esa entidad. En su intervención expuso cómo la Fiscalía había acusado al presidente Samper ante el Congreso y sus apreciaciones acerca de la decisión de la Cámara de Representantes.

Al cierre de todo el proceso intervino el Procurador, que es el árbitro de todo el episodio, para decir de Ernesto Samper: “El es un hombre político. Si le tiene miedo a los puños, que no se suba al ring”.

Los anteriores fueron los antecedentes del fallo de la justicia francesa la semana pasada. El gran interrogante es ¿quién salió ganador? En términos jurídicos, probablemente ninguno. En términos comerciales, sin duda alguna Ingrid. Su libro se mantuvo en el primer lugar en ventas en los listados de Le Point, Nouvel Observateur y L’Express. Cuando se dio a conocer la demanda de Samper había vendido 52.000 ejemplares. Rápidamente llegó a 75.000. El día después de la audiencia en el tribunal la venta llegó a 4.000 ejemplares en un solo día. El periódico Le Parisien tituló: “No la pudieron matar, ahora quieren matar su libro”.

Todo esto hace pensar si tenían razón los amigos de Samper, quienes le recomendaron no meterse en una demanda que lo único que haría sería aumentar las ventas del libro. Mejor librado que él quedó el ex presidente César Gaviria, quien, en medio del pleito Samper-Betancourt, decidió pasar agachado en lo referente a las acusaciones que la senadora hacía contra él. Aunque más corta, la diatriba de Ingrid contra Gaviria es tan jugosa como la de Samper. En el libro asegura que Pablo Escobar y Gaviria tenían un pacto secreto negociado a espaldas del país. Este consistía en que Escobar podría tener una cárcel-club como La Catedral que le permitiera manejar desde allá sus negocios. Cuando se le fue la mano y decidió ejecutar a la familia Galeano en plena cárcel el Fiscal se indignó y le exigió a Gaviria trasladarlo a una cárcel de verdad. Gaviria, contra la pared por la presión de la Fiscalía, no tuvo otra opción que llamar a Escobar y decirle que se fugara.

De acuerdo con el libro, con Escobar otra vez libre Gaviria se aterrorizó de que el capo revelara públicamente los acuerdos secretos a que habían llegado. Sólo había una salida: asesinarlo. En esa forma explica Ingrid Betancourt el operativo con que Escobar fue dado de baja.

Lo que es increíble es todo lo que se ha alcanzado a decir de un libro que aún no se ha publicado en español y no lo ha leído ningún colombiano. Es tal la expectativa que se ha creado que es muy probable que cuando salga al mercado no haya mucho más que decir.

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