Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 11/7/1994 12:00:00 AM

EN BOCA CERRADA

A los generales Bonett y Salcedo los censuraron, pero la tesis que expusieron terminó por imponerse.

LA HISTORIA SE REPITE CON alguna frecuencia. Desde hace décadas, a los gobiernos les ha tocado trancar una y otra vez a los altos oficiales que caen en la tentación de opinar en debates de alcance político. La novedad en el caso de los generales Juan Salcedo Lora y Manuel José Bonett, regañados la semana pasada por medio de una carta pública del ministro de Defensa, Fernando Botero, es que el 'tatequieto' gubernamental se produjo apenas dos meses después de iniciada la administración, algo que sin duda bate todas las marcas hasta ahora establecidas.

Los hechos se desencadenaron el lunes 3, cuando el Ministro de Defensa dio a conocer una carta para Salcedo y Bonett, en la cual registraba su "profundo malestar" con los comentarios de los altos oficiales "sobre los temas de derechos humanos, fuero militar y obediencia debida", dados a conocer en el primer número del periódico que bajo el combatido nombre de En Guardia, nacía a la vida con esa edición como vocero del Comando del Ejército.

En sendas colaboraciones para En Guardia, Salcedo y Bonett habían hecho gala de un lenguaje bastante crudo para expresar sus opiniones en torno del debate sobre la ley de desaparición forzada, objetada por el anterior gobierno de César Gaviria porque dejaba sin piso los principios del fuero militar y la obediencia debida. Salcedo, inspector general del Ejército, criticó a quienes han cuestionado la validez de estos principios y preguntó: "¿Qué es lo que verdaderamente se persigue? ¿Por qué tanta insistencia en pretender golpear la institución militar en pilares y vigas estructurales tan sólidas e importantes como son el cumplimiento de las órdenes y el fuero militar?". Por su parte, Bonett, comandante de la II División, planteó que los militares "extrañamos que nuestros derechos humanos no tienen defensores, nuestros hombres y los campesinos que han caído con sus miembros cercenados por las minas no merecen escándalos ni acusaciones".

La esencia del regaño de Botero se encontraba en una frase, según la cual, los comentarios de Salcedo y Bonett eran "un acto de deliberación (...) que no estoy dispuesto a aceptar". Este tono hizo pensar a muchos que las horas de los dos generales en el Ejército estaban contadas. Pero era una interpretación errónea. El propio Ministro despejó cualquier duda al afirmar que Salcedo y Bonett -dos generales de origen costeño que comparten un altísimo prestigio en la institución armada-, seguirían en sus puestos, pero calladitos.


VIEJA COSTUMBRE

La actitud de Salcedo y Bonett se inscribía en la tradición de otros generales que en el pasado no se aguantaron las ganas de opinar y, en la mayoría de los casos, terminaron vestidos de Everfit pocas horas después de haber hablado. Uno de los episodios más recordados sucedió bajo la administración del recientemente fallecido ex presidente Carlos Lleras Restrepo. El general Guillermo Pinzón Caicedo, entonces comandante de las Fuerzas Militares, había escrito algunos editoriales en la revista de la institución armada, sobre asuntos presupuestares del Ministerio de Defensa que se debatían entonces. Pinzón había criticado el nombramiento de un civil como director de presupuesto del Ministerio. Lleras cogió el toro por los cuernos y ordenó el paso a retiro del general el 27 de febrero de 1969.

Seis años después, el turno de poner en cintura a algunos oficiales fue para Alfonso López Michelsen. El 27 de mayo de 1975, el entonces mandatario y su ministro de Defensa, general Abraham Varón Valencia, definieron tras una discusión de nueve horas, el retiro del comandante del Ejército, general Alvaro Valencia Tovar, quien había discutido algunos cambios en la cúpula y había asumido lo que algunos llamaron entonces "un liderazgo militar inconveniente". En medio de especulaciones sobre ruido de sables y conspiración, López decidió respaldar a su Ministro y mandar a retiro al general Valencia.

A principios de 1984, Belisario Betancur tuvo que seguir el ejemplo de sus antecesores. El ministro de Defensa, general Fernando Landazábal, había inaugurado el año con una entrevista de televisión concedida a la periodista Margarita Vidal, en la cual había advertido de manera enérgica que "el país se acostumbraría a escuchar a sus generales". Y en desarrollo de ese anuncio, sobrevino una ola de declaraciones de los altos mandos en contra de la política de paz de Betancur.

Como Landazábal era quien había dado la largada a la avalancha de declaraciones, y como había llegado incluso a cuestionar la entrevista de Betancur con la dirigencia del M-19 meses antes en Madrid, su retiro no ofreció mayores dudas. Para invitarlo a decirle adiós al servicio activo, y para cortar de un tajo la locuacidad de los altos mandos, Betancur convocó a una reunión en la Casa de Nariño, durante la cual defendió el proceso de paz ante los generales e invitó a algunos de ellos a abrirle campo a quienes les seguían en jerarquía. Landazábal entendió el mensaje, se trasladó al Ministerio y redactó su solicitud de retiro. Mientras esto sucedía, hubo algunas horas de tensión en la Casa de Nariño. Un alto funcionario testigo de esos momentos recordó este viernes a SEMANA que "Belisario se sentía tranquilo, pero en todo caso llegó a decir que si las cosas se complicaban, a él no lo sacaban fácil, y que si lo sacaban, sería como a Salvador Allende". Al final, nada de ello fue necesario y el general Gustavo Matamoros asumió el Ministerio sin mayores sobresaltos.

En tiempos de Virgilio Barco, la historia volvió a repetirse. Esta vez el protagonista fue otra vez el titular de Defensa, a la sazón el general Rafael Samudio. A la salida del sepelio de 11 militares asesinados por las Farc, el Ministro dejó entrever lo poco que creía en los diálogos que entonces se desarrollaban con las Farc y el M-19. "La subversión está pidiendo una respuesta militar y se la vamos a dar (...) Yo no sé de diálogos. En este momento sé que las Fuerzas Militares van a responder con sus armas". El episodio era el remate de una serie de actitudes de Samudio que habían molestado a Barco, y que incluían, según el alto gobierno, errores en las prioridades de inversión y escasos resultados en el frente. Tanto que en ese entonces circularon versiones en el sentido de que Samudio se sentía tan débil que más que caerse por sus declaraciones, lo que había sucedido era que las había dado porque sabía que se iba a caer y quería decirle adiós a su cargo con un acto que resultaba popular en las filas castrenses. El hecho es que a las pocas horas se hizo cargo del Ministerio el general Manuel Jaime Guerrero Paz.

LOS LIMITES

Cada vez que se presenta un caso de estos, gobernantes y periodistas resucitan un discurso pronunciado por Alberto Lleras Camargo en el amanecer del Frente Nacional. A los pocos meses de asumir la Presidencia, Lleras debió enfrentar cierta agitación de la oficialidad y para zanjar cualquier discusión, reunió a gran número de oficiales en el Teatro Patria, en las instalaciones de la XIII Brigada al norte de Bogotá. El ya famoso discurso del Teatro Patria contiene las normas que desde entonces rigen la relación entre los militares y el poder civil. "No es lo mismo mandar en una universidad que en un regimiento -sostuvo Lleras en la parte central de su exposición-. Toda la vida de ustedes ha estado dedicada a aprenderá obedecer y, como consecuencia, a saber mandar, cuando les llegue su tiempo, pero a mandar a personas que no deliberan sus órdenes ni las discuten. Es un ejercicio radicalmente distinto al mando en la vida civil".
Aplicados al caso de Salcedo y Bonett, estos principios tienen un doble significado. Primero, los condena, pues no hay duda de que sus declaraciones significaron un acto de deliberación que les está vedado. Y segundo, los rescata, pues fue el propio Lleras el que en ese discurso estableció los alcances de la obediencia debida -"un mando sobre el que no se delibera ni se discute"- y de las particularidades del fuero militar -"un ejercicio del mando radicalmente distinto al civil"-, tesis que defendieron Bonett y Salcedo, y que el propio gobierno sostuvo en un debate el martes en el Congreso sobre la controvertida ley de desaparición forzada. Eso explica quizás que en este caso, a diferencia de los anteriores, los generales hayan salvado sus quepis, y que el ministro Botero le haya prendido una vela a Dios y otra al diablo, regañando a los generales pero obteniendo al mismo tiempo del Congreso la aceptación de las tesis que los dos oficiales estaban defendiendo.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.