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| 1/12/2008 12:00:00 AM

En buenas manos

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar demostró, con el caso de Emmanuel, que aun con pocos recursos, una entidad estatal puede dar ejemplo de efectividad.

En un país donde quejarse de las instituciones del Estado es una costumbre, la celeridad y la eficiencia con que actuó el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf) en el caso de Emmanuel sorprendió a todos. Incluso al presidente Álvaro Uribe, quien reservó un espacio en su reciente discurso tras la liberación de Clara Rojas para elogiar a la entidad, a la que calificó de "muy profesional". Aunque no debería ser una proeza que una entidad del Estado haga bien su trabajo, el Icbf, por esta vez, merece los mejores elogios.

Con Emmanuel quedó demostrado que el sistema de protección de menores está funcionando. Sin saber la verdadera identidad del niño que hasta hace un mes respondía al nombre de Juan David Gómez Tapiero, el Icbf lo sacó de las condiciones de abandono en las que vivía en un remoto municipio de Guaviare y le salvó la vida, al quitárselo sin saberlo a las Farc. Después le realizó una operación en Bogotá, para curarlo del brazo que se fracturó durante su nacimiento, el 16 de abril del 2004, en pleno cautiverio de su madre, y lo puso en un hogar sustituto en donde, a través del cariño, el alimento y la educación, se convirtió en un niño normal.

Todo esto ocurrió a pesar de la falta de presupuesto, la precariedad bajo la cual trabajan sus empleados y, en el caso de Emmanuel, en medio de amenazas a los funcionarios. Pues, después de la misteriosa muerte del defensor de familia Juan Alberto Cuta Cadena, quien fue encontrado degollado, varios de los que manejaron el caso en San José del Guaviare salieron de la zona amenazados.

"Hoy Emmanuel es un niño feliz, dulce y amoroso que se ha desarrollado gracias a la atención integral brindada por el instituto", afirmó su directora, Elvira Forero. Pero esta podría ser aun mejor y el sistema de protección podría llegar a estar al nivel de los países más desarrollados, si el Icbf contara con mayores recursos para trabajar.

A decir verdad, la entidad funciona gracias a la mística y la voluntad de sus funcionarios, pues el gobierno nacional no destina recursos suficientes para su funcionamiento. Así quedó demostrado cuando en 2005 el entonces contralor Antonio Hernández, denunció que 480.000 millones de pesos correspondientes a recaudos fiscales que le deberían entrar al Icbf, estaban siendo utilizados por el gobierno para financiar TES y pagar el déficit fiscal.

Fuera de esto, todo el esfuerzo que la entidad ha hecho en los últimos cinco años para optimizar los recaudos ha sido inútil. La razón es que los nuevos ingresos son retenidos por el Ministerio de Hacienda y la Tesorería General para financiar proyectos que no están relacionados con la atención a la niñez colombiana. Es más de un billón de pesos la suma que han desviado, incluso para programas de Familias en Acción.

Ese escándalo sigue pendiente de solución, pues a pesar de las promesas del gobierno, el tema no se ha resuelto. "Nos hacen gestión de calidad en medio de la miseria. En nuestro centro zonal hay un computador para más de 18 trabajadores sociales que todo el día tenemos que escribir resoluciones. Y nos toca pagar del bolsillo los juguetes, los colores y las hojas que utilizamos para evaluar sicológicamente a los niños", afirmó a SEMANA una funcionaria que trabaja en el Icbf de Antioquia.

"Es un voluntariado. Con poquito estamos haciendo nuestro trabajo", dijo a SEMANA una funcionaria de Cali.

El caso de Emmanuel demostró que el Estado y el Icbf están haciendo su labor. Pero como premio, además de felicitaciones y palmadas en la espalda, el gobierno debería darle los recursos que la entidad necesita y merece. Por lo menos, está demostrado que la plata se vería reflejada en las sonrisas de muchos niños desamparados.
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