Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/02/17 00:00

“En esa campaña se robaron mucho más de 1 millón de dólares”

Eduardo Mestre, el hombre clave del proceso 8.000, se destapa por primera vez.

Eduardo Mestre

SEMANA: Muchos creen que usted es el único hombre que sabe toda la verdad sobre el proceso 8000. ¿Por qué nunca ha hablado?
Eduardo Mestre: Porque en el proceso 8.000 no hay una verdad absoluta. Hay muchas verdades. Por lo tanto, los que creen que yo soy el único que sé todo, se equivocan .

SEMANA: Hablemos de su verdad. ¿Qué le parecieron las intervenciones de Fernando Botero esta semana?
E.M.: Digamos que el 'libreto' estaba perfectamente elaborado. Prefiero no hacer más comentarios.

SEMANA: Pero qué opina usted de la frase : "Fer, vamos a tener que recibir la plata de esa gente".
E.M.: Eso es simplemente parte del libreto. A mí me parece irrelevante el mano a mano que hay entre Samper y Botero sobre cuál de los dos sabía y cuándo supo cada uno. No porque fueran cómplices, sino porque cada uno dentro de su órbita manejaba información sobre asuntos claves.

SEMANA: Para usted, ¿cómo sucedieron las cosas?
E.M.: Botero dice que Samper propuso ese negocio en un carro. Pudo perfectamente ser al contrario. O que Botero fue el que dijo que tocaba recibir la plata de "esa gente" o incluso que lo dijo más abstracto "hay que abrir la caja a toda la gente". Si el dinero se hubiera empleado íntegramente en la campaña, sería fácil echarle la culpa a Samper, pero como se la gastaron en casas de cambio, en compras de propiedades y en quién sabe qué otras cosas, entonces pienso yo que fue más una estrategia de Botero y de Medina.

SEMANA: ¿Cuál fue su participación en ese episodio?
E.M.: En ese tema no voy a meterme. Solamente voy a reiterar que demostré ante la Fiscalía que era falsa la afirmación de Medina de que yo era quien había ido al aeropuerto a recibir las cajas con la plata y las había llevado a la casa de él. Quedó claro por mi lesión de espalda y por el peso de esas cajas que esto era un imposible. Fuera de eso, no quiero revivir capítulos con información que a estas horas es inútil.

SEMANA: Entonces suminístrenos alguna información que no esté directamente relacionada con usted, pero que tenga alguna utilidad.
E.M.: Hay tantas cosas importantes que no se saben, que no sé por dónde empezar. Pero le hago un adelanto. A la campaña de Ernesto Samper nunca le faltó financiación. Ni en la primera ni en la segunda vuelta. El dinero del narcotráfico que entró no era necesario.

SEMANA: Sorprende eso dicho por usted. Entonces ¿por qué entró?
E.M.: Entró porque después del fracaso electoral en la primera vuelta, el pánico acabó produciendo más recursos de los necesarios. No sólo ilegales, sino también legales.

SEMANA: Explíquese.
E.M.: Los grupos económicos tradicionales produjeron inmediatamente seis millones de dólares que eran suficientes para financiar la segunda vuelta. Los carteles produjeron más de los seis millones de dólares que se le atribuyen al cartel de Cali. Yo no tuve nada que ver con eso, pero Alberto Giraldo, que estaba más enterado que yo, siempre me sostuvo que el dinero del narcotráfico que entró por cuenta de los otros carteles era casi de la cuantía del aporte de los Rodríguez .

SEMANA: Entonces, según usted, ¿en la segunda vuelta entraron seis millones de los 'Cacaos', seis millones de los Rodríguez y seis millones de los otros carteles del país, es decir, 18 millones de dólares?
E.M.: La cifra exacta nunca se sabrá. Pero asumiendo que haya exageraciones, no hubo menos de 15 millones de dólares en la segunda vuelta. Giraldo siempre sostuvo que carteles como el del Norte del Valle, el de la Costa, el de Cartago, el de Bogotá, etc., al ver el aporte de los Rodríguez, pensaban que iba a haber algún tipo de sometimiento y no querían quedar por fuera .

SEMANA: Y si los seis millones de dólares de los 'Cacaos' eran suficientes, ¿qué pasó con el resto de la plata?
E.M.: Una parte entró a la campaña. Pero lo que se robaron, para mí, es más del orden de cinco millones de dólares, que de uno.

SEMANA: ¿Quiénes fueron los que se los robaron?
E.M.: Prefiero no dar nombres. Yo no quiero echarle agua sucia a nadie, sino hacer unas aclaraciones históricas. En las campañas políticas hay tantos intermediarios, que nadie sabe quién se queda con qué. En todo caso, tengo una convicción personal de que Samper no cogió un peso.

SEMANA: Usted dice que entraron más de seis millones de dólares por la expectativa de un sometimiento a la justicia. ¿Usted sabe qué esperaban los carteles?
E.M.: Al final del gobierno de Gaviria, el fiscal Gustavo de Greiff propició buscar alguna fórmula de sometimiento a la justicia que produjera el desmonte del cartel de Cali. Esas conversaciones estuvieron bastante avanzadas y se llegó a una fórmula en que los Rodríguez podrían ser objeto de un tratamiento comparable al que tuvo la familia Ochoa.

SEMANA: ¿Y por qué no se concretó?
E.M.: Hubo dos factores. Por un lado, el presidente Gaviria, quien estaba enterado de esas conversaciones, decidió súbitamente no respaldar ninguna fórmula de sometimiento con el cartel de Cali. Por esto no firmó su entrega. En ese momento la negociación quedó en el aire y la expectativa era que se reanudara cuando triunfara Ernesto Samper.

SEMANA: Denos sus opiniones sobre los protagonistas del procesos 8.000.
E.M.: No me pongan en eso. Yo sólo quiero hacer un aporte constructivo.

SEMANA: Entonces describa a Ernesto Samper en una frase.
E.M.: Demasiado ambicioso y demasiado confiado.

SEMANA: Y Fernando Botero.
E.M.: Pastorcito mentiroso.

SEMANA: Horacio Serpa.
E.M.: El hombre más calumniado en la historia contemporánea.

SEMANA: Defiende usted más a Serpa que a los otros.
E.M.: Él siempre fue mi rival político en Santander. Pero meterlo a él en el problema de las platas del proceso 8.000 es una infamia. Él es un político provinciano, puritano como nadie en su vida personal. Y en la campaña de Samper fue marginado por Fernando Botero para sacarlo de la sucesión presidencial. No sólo no le contaban lo de la plata, sino que no le contaban nada.

SEMANA: Bueno, cambiemos de tema. Usted antes de ser conocido por el proceso 8.000 era considerado el mejor estratega político de su generación. Háganos un análisis de la situación actual.
E.M.: Estoy tan alejado del mundo de las estrategias, que no siento una autoridad en análisis político. Sin embargo, sí me preocupa que el proceso en contra de la para-política que se está iniciando vaya a ser tan arbitrario y tan selectivo como fue el proceso 8.000. Eso sería muy grave para el país. En el 8.000 hubo enormes injusticias.

SEMANA: ¿Y anticipa muchas injusticias en el de la para-política?
E.M.: El Congreso de la República representa las realidades del país. No puede haber un Congreso de arcángeles en un país de pecadores. En Colombia hay guerrilla, paramilitares, narcotraficantes y bandidos. En el nivel departamental o el municipal nadie puede gobernar haciendo abstracción de estas realidades.

SEMANA: ¿Entonces usted cree que es normal lo que sucedió en Colombia con los paramilitares?
E.M.: Es una realidad. Así como era absolutamente imposible ser alcalde de Cali sin conocer a los Rodríguez Orejuela o ser gobernador de Antioquia sin conocer a Pablo Escobar en esa misma época, es imposible ser senador de la Costa sin conocer a los paramilitares.

SEMANA: ¿Cuál es su pronóstico sobre el futuro del país con Uribe?
E.M.: Para mí solo hay tres opciones. La victoria militar, que es utópica. La solución negociada que nunca funcionará mientras no sea conjunta y simultánea con la guerrilla y los paramilitares al mismo tiempo. Y por último, la división del país, como sucedió en Yugoslavia, que puede acabar siendo el único camino si seguimos fracasando en la solución negociada.

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