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| 8/25/2015 9:00:00 PM

En cárcel de Bucaramanga antiguos guerrilleros y paramilitares conviven en paz

Alonso Monsalve nunca pensó que conviviría en paz con guerrilleros, los mismos que desaparecieron a su madre y a su hermano y que combatió como paramilitar.

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AFP
Alonso Monsalve tampoco pensó que, preso con ellos, buscaría enterrar la "guerra ilógica" que desangra a Colombia desde hace medio siglo.

"Nos estábamos aniquilando entre nosotros", dijo a la AFP Monsalve desde la cárcel La Modelo en Bucaramanga, uno de cinco centros penitenciarios del país donde 933 desmovilizados de grupos armados ilegales, tanto de derecha como de izquierda, comparten pabellón en el marco de un programa gubernamental de resocialización.

Exintegrante de las AUC, Monsalve ha pasado preso los últimos 13 de sus 43 años.

Ingresó a las Autodefensas a los 25 años, estuvo cinco en sus filas y fue condenado por concierto para delinquir, homicidio y desaparición forzada. "El daño que hemos hecho fue grande. Pero nuestro compromiso hoy es con las víctimas", afirmó.

Su compañero de celda, Roger Guamanga, de 36 años, un "señor" desmovilizado de la guerrilla FARC, con quien dialoga "cada noche", también lleva 13 años preso por delitos similares: homicidio, terrorismo y rebelión.

La lucha entre guerrilleros y paramilitares, que se concentró entre mediados de 1990 y mediados del 2000, signó uno de los períodos más violentos del extenso conflicto colombiano, durante el que sucedieron numerosas violaciones de derechos humanos, como masacres y desplazamientos masivos, muchas veces desencadenadas solo por sospechas de un grupo de que la población civil colaboraba con su enemigo.

Sin embargo, 'Guamanga', antiguo miembro de las FARC, principal guerrilla del país y actualmente en negociaciones de paz en Cuba con el Gobierno, estimó que "la convivencia ha sido buena". "El problema era antes, cuando éramos enemigos a muerte porque nos habían implantado una ideología", afirmó.

"Hay que apostarle a la reconciliación. Afuera nos ven como terroristas, pero vamos a salir cambiados", añadió.

'Guamanga' tenía 22 años cuando dejó su natal comunidad indígena del suroeste del país. "La presencia y la ley allí era la guerrilla", recordó, y dijo que de no ser por "el abandono del Estado", habría sido militar.

"Dos caras de la misma moneda"


Monsalve y 'Guamanga' "son dos caras de la misma moneda", explicó Natalia Casij, subdirectora de CITpax, ONG que ejecuta el programa de resocialización, implementado desde el 2014 y requisito para los 1.075 postulados de la ley de Justicia y Paz.

Esa ley del 2005, creada inicialmente para los paramilitares que dejaron las armas durante el primer gobierno de Álvaro Uribe (2002-2006) y luego extendida a desmovilizados de las guerrillas, ofrece reducción de penas a cambio de verdad, justicia, reparación a víctimas y no repetición.

"En el caso de los rasos, que son el 95 % de la población, son personas pobres, muchas veces marginados, que entraron al grupo armado que operaba en la zona en busca de una oportunidad", dijo Casij. "Según quien los haya victimizado se unen al bando contrario", agregó.

La experta señaló que incluso exparamilitares le han confesado coincidir con ideales de las FARC.

Agregó que la convivencia ha sido "armónica" y el programa es "un buen acercamiento" con miras a la reintegración de combatientes de las FARC, unos 7.000, según cifras oficiales, tras un eventual acuerdo de paz.

De 10 meses de duración, el programa está enfocado en derechos humanos, justicia restaurativa, atención psicosocial y emprendimiento personal.

 "Laboratorio" de reconciliación

"Esto es la preparación para el posconflicto", dijo a periodistas Carlos Medina, viceministro de Política Criminal y Justicia Restaurativa, durante su visita a La Modelo el viernes pasado.

Para el político, que dio a los internos una charla sobre métodos alternativos de solución de conflictos, convivir con los enemigos de antaño es un buen "laboratorio" de reconciliación.

"Me llena de tranquilidad ver la actitud de ustedes. Les agradezco este esfuerzo", subrayó luego de escuchar a exguerrilleros y exparamilitares hablar de superación de "la intolerancia" y búsqueda del "bien común".

"La historia del conflicto de Colombia es responsabilidad de todos. Y también es responsabilidad de ustedes mostrar que es posible tener una cara nueva", subrayó.

Poco antes, en un pasillo de La Modelo, donde 294 reclusos cumplen este programa, Raúl González, exguerrillero del extinto M-19, y John Alvarado, antiguo paramilitar, no dudaron en decir que para ellos, el pasado quedó atrás. "Ahora somos amigos", afirmaron, sonrientes.

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