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| 2/10/2007 12:00:00 AM

¿En cuánto tiempo tendremos que botar nuestros actuales televisores por la ventana?

El presidente de la Comisión nacional de televisión le responde a María Isabel Rueda

María Isabel Rueda: En la primera campaña del Presidente Uribe, en la que usted lo acompañó, una de las consignas era acabar con la Comisión de televisión. Ahora que usted es su presidente, ¿piensa lo mismo?
Ricardo Galán: No creo que haya que acabarla, sino corregirla. Hay errores del pasado que le crearon una mala fama que no corresponde a lo que es hoy. La Comisión no es tan mala como la gente cree. La independencia de la comisión es muy importante.

M.I.R.: ¿Pero cuatro miembros de cinco no son del gobierno?
R.G.: No crea. La comisión es bastante independiente. Yo sólo cambiaría la elección de dos de sus miembros, que no es clara y que se presta para trampas y malas interpretaciones. Además, cada vez que cambia un comisionado cambian el decreto y cambian las reglas. Eso no es bueno.

M.I.R.: Me dice que a la Comisión pensó que llegaba a descansar, después de manejar la prensa de Palacio, y ha sido todo lo contrario…
R.G.: Estamos en un momento clave, espectacular para estar en la Comisión. Vamos a tomar decisiones que van a estar vigentes dentro de 30 o 40 años.

M.I.R.: ¿Como cuáles?
R.G.: Ante todo, el estándar de televisión que vamos a asumir cuando Colombia se pase del esquema de televisión análoga al de digital. Esa es una decisión que va a cambiar desde la manera de hacer televisión, hasta los televisores de las casas. Y de ahí en adelante tendremos que decidir si va a haber otros canales que compitan con la televisión privada.

M.I.R.: Para las personas que no entendemos: ¿por qué tenemos que cambiar en Colombia el sistema de televisión análogo por uno digital?
R.G.: Porque el mundo va para allá. Dentro de unos años la televisión va a ser toda digital.

M.I.R.: Si yo voy hoy a un almacén, ¿puedo comprar un televisor que todavía me sirva cuando se haga ese cambio?
R.G.: Hmmmm…..

M.I.R.: Dígame la verdad…
R.G.: Hay un boom de televisores de pantalla plana, que no son televisores digitales. Ceo que la recomendación prudente es que no la compre todavía.

M.I.R.: ¿O sea que a los que le metimos a un televisor de pantalla plana en el Mundial, en muy poco tiempo nos va a tocar botarlo por la ventana por inservible?
R.G.: Depende de lo que haya comprado. No tiene que botarlo a la caneca, pero de pronto sí le va a tocar comprar una cajita que, según los técnicos, va a costar alrededor de 50 dólares, para recibir televisión digital en el televisor que compró el año pasado. Lo prudente ahora es no comprar, aunque ya se consiguen digitales. Entonces, pague un poquito más, pero asegúrese de que le sirva en el futuro.

M.I.R.: Pero hay digitales de digitales….
R.G.: Sí, hay tres estándares, y un cuarto que está aprobando China, que todavía no es de dominio público: son el americano, el europeo y el japonés . En esencia son lo mismo: es como un ajiaco, pero cada uno, hecho con los mismos ingredientes, se presenta de distinta manera.

M.I.R.: ¿O sea que cualquier televisor que compremos ahora, siempre que sea digital, sirve para cualquiera de esos modelos?
R.G.: No. Lo prudente es no comprarlos.

M.I.R.: ¿No compramos este año más televisores?
R.G.: Esperemos un poquito. Esa decisión debe estar tomada este año.

M.I.R.: ¿De quién depende esa decisión?
R.G.: De la Comisión de Televisión y del Estado. Hoy instalamos una junta asesora con economistas, académicos, ingenieros eléctricos, es un grupo sólido, y la idea es mirar el impacto que eso va a tener en la vida de la gente.

M.I.R.: ¿Hay alguna consideración de tipo político sobre el sistema que vamos a elegir?
R.G.: Por lo menos, hay que mirar qué sistema adoptan los otros países. Porque lo que adoptemos aquí nos tiene que servir para que lo que produzcamos en televisión se pueda vender en otros países, y lo que produzcan allá, se pueda transmitir acá.

M.I.R.: ¿Y cuál es la decisión política?
R.G.: Hay que elegir entre Europa o Estados Unidos. Eso va a pesar. Básicamente hay esos dos, porque Japón se adapta a ambos. Va a depender de que los oferentes pongan una fábrica acá para vender televisores baratos. Ahora, ese tránsito va a durar 10 años.

M.I.R.: ¿O sea que la botada del actual televisor por la ventana va a tardar 10 años?
R.G.: Vamos despacio, hay que construir la red. Si es en Bogotá, va a ser más rápido, pero si es en una ciudad pequeña, se va a demorar más.

M.I.R.: ¿Es inevitable ese tránsito?
R.G.: Sí. No podemos quedarnos con una televisión análoga que no nos va a permitir ver más televisión porque nadie va a seguir produciendo televisión análoga.
M.I.R.: ¿ Es cierto que bajo el nuevo sistema, no cabría un tercer canal, sino hasta cuatro?
R.G.: Hasta siete.

M.I.R.: ¿Y hay mercado para tantos?
R.G.: Hasta ahora los estudios nos indican que hay mercado publicitario para un tercer canal privado, pero todo depende de lo que haga el canal Uno. Si se acaba, habría posibilidades hasta de un cuarto canal privado.

M.I.R.: ¿Y los nuevos canales van a tener que pagar los 95 millones de dólares que pagaron Caracol y RCN?
R.G.: De los cuales ya se le ha devuelto a cada uno como 20 millones. Pero el mercado ha cambiado mucho. Están creciendo los cables, la televisión satelital, viene la digital: hablar ahora de precios es muy prematuro. Primero decidiremos sobre la televisión digital; luego, sobre la prórroga de los actuales canales privados y la posibilidad de abrir un tercer canal, y luego lo de la televisión por cable.

M.I.R.: Está convaleciente de un infarto que le dio cuando era secretario de prensa del Presidente. Ante todas las declaraciones de Uribe durante la semana pasada que encendieron al país, ¿le habría dado otro infarto?
R.G.: Haber entrado a la Comisión de Televisión es más duro todavía. Estoy muy lejos de Palacio para opinar, y lo he sentido: ¡hombre, se está equivocando! El problema es que en mi nuevo cargo no puedo influir para que no siga la cosa.

M.I.R.: ¿Entonces tienen razón los que opinan que como Ricardo Galán no está en Palacio, “el hombre” tiene licencia para equivocarse?
R.G.: No creo que sea tanto. Igual lo iba a hacer.

M.I.R.: ¿Igual se iba a equivocar?
R.G.: Yo creo que sí.

M.I.R.: ¿Usted no lo habría dejado dar las declaraciones que dio en la última semana?
R.G.: “Dejar” no es una palabra para el Presidente. Uno puede decirle: no case esa pelea, y él de pronto oye el consejo, y no la da.

M.I.R.: ¿Por qué le parece que el Presidente se equivocó?
R.G.: Porque graduó de rival a alguien que no lo merece.

M.I.R.: ¿A Petro?
R.G.: Sí. Mi consejo como jefe de prensa habría sido: no case esa pelea. Eso, independientemente de si me habría hecho caso o no.

M.I.R.: ¿El Presidente oye los consejos?
R.G.: Los oye.

M.I.R.: O sea que, le repito, a usted le habría dado un segundo infarto esta semana…
R.G.: (risas). No, esto ya había pasado muchas veces antes.

M.I.R.: Y la teoría de que esas declaraciones no se le ‘chispotearon’ al Presidente sino que son totalmente pensadas…
R.G.: Se le ‘chispotearon’. No son planeadas. Se le metieron con la familia, y cuando se le meten con el papá, los hermanos o los hijos, ese es su talón de Aquiles.
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