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| 2/5/2011 12:00:00 AM

En cuidados intensivos

Las próximas elecciones son cruciales para el Polo y la campaña empieza con las apuestas en contra. Bogotá y Nariño, sus bastiones electorales, están en entredicho.

Cómo cambian las cosas. Hace poco más de seis meses, Gustavo Petro, candidato presidencial del Polo Democrático Alternativo, se convirtió en el palo de las elecciones. A punta de debates y un carisma particular, Petro le mostró al país que sus propuestas tenían sentido y que había más de una forma de ver las cosas. Obtuvo 1.300.000 votos y se llevó por delante a los candidatos de los partidos tradicionales, Rafael Pardo y Noemí Sanín.
 
Pero la veleta del destino muy pronto se volteó: al comenzar la campaña para las elecciones regionales el Polo está de capa caída. Aunque pocos lo acepten y muchos afirmen que el partido ya superó el retiro de Gustavo Petro, su exitoso excandidato presidencial, es indudable que este hecho fue un golpe a la moral de sus militantes, y que también puede debilitar su votación. En Bogota, la joya de la Corona de las próximas elecciones, donde han mantenido el poder por siete años, se enfrentan a las recurrentes denuncias del cartel de contratación que han salpicado a varios miembros del partido -en especial a los hermanos Moreno- al caos de movilidad, a la creciente inseguridad de la capital y, sobre todo, a las malas calificaciones que ha recibido Samuel Moreno, que tiene el 70 por ciento de desaprobación.
 
La continuidad en la Gobernación de Nariño, actualmente bajo Antonio Navarro Wolf, también está en veremos. El más opcionado para sucederlo era Raúl Delgado, exalcalde de Pasto, que antes militaba en el Polo pero ahora hace parte del Partido Verde. Además, hay choques entre los políticos de la región, en especial entre el veterano dirigente Parmenio Cuéllar -quemado en las pasadas elecciones al Congreso- y Camilo Romero, el joven revelación que sí logró una curul. Y por si fuera poco, partidos como La U y el Conservador se están aliando bajo el nombre de Germán Chamorro, quien perdió frente a Navarro en 2006. Así las cosas, no sería descabellado pensar que el Polo podría perder sus dos bastiones de poder: Bogotá y Nariño.
 
Hace ocho años el panorama era otro. El Polo era un partido fresco que representaba la esperanza de que la izquierda -unida por fin bajo un partido que conglomeraba las distintas tendencias- tuviera una voz en la democracia del país y fuera una alternativa viable. Fue con banderas de cambio y propuestas que defendían la igualdad y la inversión social que Lucho Garzón logró la Alcaldía de Bogotá en 2003, frente a Juan Lozano. En 2006, el candidato presidencial del Polo, Carlos Gaviria, conquistó a dos millones y medio de colombianos que no creyeron en la reelección de Álvaro Uribe y prefirieron apostarle al cambio. Y en 2007, el partido repitió victoria con Samuel Moreno, que contra todas las expectativas le ganó al exalcalde Enrique Peñalosa. Pero para que estos "milagros" vuelvan a suceder, el Polo tendría que someterse a un duro examen de autocrítica. "El partido solo tiene futuro si ocurre un cambio muy profundo", vaticina un simpatizante.
 
Conocedores del partido afirman que el Polo se dejó llevar por el sectarismo, que las distintas tendencias de la izquierda ni se hablan y que hay evidentes problemas de liderazgo en su interior. Otra fuerte crítica es que actualmente está liderado por una alianza entre los sectores radicales de la izquierda, como el Partido Comunista y el Moir, con Jorge Robledo como líder, y el sector de la Anapo, identificado con la Casa Moreno. Según Petro, "mientras esté atenazado por los procesos de corrupción y el sectarismo de la izquierda tradicional, el Polo va a tener poco chance en las próximas elecciones y terminará marginado de la vida política nacional".
 
La realidad es que el partido está atravesando una crisis y las controversias internas, naturales a toda agrupación política, no se han manejado bien. Los debates se han hecho a través de los medios de comunicación y eso ha aumentado las fricciones internas. Por otra parte, los resultados de las elecciones parlamentarias fueron mediocres: aunque mantuvo su nivel de votación, el Polo bajó de diez a ocho senadores y se quedó solo en la oposición, porque el Partido Liberal se unió a la Unidad Nacional. También es evidente que la persistencia de antagonismos internos, intentos de caudillismo y el descuido de la política nacional han diezmado la fortaleza del partido. Como afirma el concejal Carlos Vicente de Roux, una de las debilidades más preocupantes del partido es la poca capacidad para construir propuestas aterrizadas para la realidad del país. "No hemos sido innovadores", acepta.
 
Y aunque hay quienes están listos para hacer una valoración crítica del propio partido, otros miembros insisten en que son los adversarios del partido los que se han dedicado a inventarse una tragedia en el Polo. Según Jorge Robledo, es evidente que ha habido un propósito muy grande de hacerle daño al partido: "Los enemigos tiran a matar", cuenta, mientras enumera las conspiraciones del expresidente Álvaro Urbe en contra del partido. Iván Cepeda, representante a la Cámara, también recuerda que el Polo fue el mayor blanco de ataques y persecuciones, amenazas e incluso procesos de espionaje bajo el anterior gobierno. Y también hay quienes piensan que existe un complot entre la gran prensa para invisibilizar los aportes del Polo en materia de educación, salud y alimentación de los sectores populares, en especial en Bogotá.
 
Dada la situación delicada en la que se encuentra el partido, la reunión de la Dirección Nacional que tuvo lugar este fin de semana sirvió, más que nada, para recargar baterías. Clara López recordó la importancia de trabajar por la cohesión del único partido opositor en Colombia, mientras que Carlos Gaviria dijo que no podían seguir llorando a quienes habían abandonado la causa. El llamado general buscó sacar a relucir la fortaleza y la cohesión que el partido ha amasado en sus cinco años de existencia.
 
Y aunque es posible que la fortaleza del Polo salga a relucir en medio de la tempestad, las perspectivas son sombrías y la campaña no va a ser fácil en todo el país. En el pasado, el partido ha sido reacio a las alianzas con otras fuerzas políticas, lo que disminuye su posibilidad de triunfo en las elecciones locales. En Bogotá, el panorama no es mejor, aunque la campaña es larga y muchas cosas pueden pasar de aquí a octubre. Nadie puede negar que el Polo ha sorprendido en el pasado y que se le conoce por ser un fenómeno fundamentalmente urbano y bogotano.
 
Tampoco se puede ignorar que después de siete años en el poder, el partido cuenta con una estructura política fuerte en la capital: once concejales y más de sesenta ediles. Pero aunque la administración empiece a entregar obras y la percepción de los ciudadanos cambie, y aunque la justicia no formule cargos contra el alcalde Moreno, el verdadero problema del Polo es que, hasta el momento, no tiene un candidato fuerte para dar la pelea. Carlos Gaviria ha dicho públicamente que no le interesa ser candidato, al igual que Clara López. El concejal Carlos Vicente de Roux, por su parte, sí esta interesado en ser candidato, pero todavía no es seguro que las directivas del partido lo apoyen dada su lealtad a la corriente petrista.
 
Lo cierto es que el Polo está a punto de empezar una de las batallas más difíciles de su corta vida, esta vez con las apuestas en contra.
 


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