Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2001/06/18 00:00

En cuidados intensivos

El inminente hundimiento de la reforma política muestra la dificultad para que los congresistas cambien su comportamiento.

En cuidados intensivos

La reforma política, que busca purificar las viejas costumbres clientelistas y fortalecer los partidos está a punto de recibir un entierro de tercera. Pese a la buena voluntad de algunos senadores, entre ellos los ponentes Rodrigo Rivera y Juan Martín Caicedo, la semana pasada la plenaria del Senado tomó la decisión de hundir el proyecto de reforma. En estos momentos sólo un milagro podría salvarla y es por ello que varios senadores se resisten a sepultarla. “La reforma está herida de muerte pero no en la funeraria”, dijo a SEMANA el senador liberal Germán Vargas Lleras.

Aunque ya empezaron a surgir los responsables del posible fracaso del proyecto, lo cierto es que una vez más un buen número de congresistas dio muestras de su deseo de no reformar sus cuestionadas y controvertidas prácticas políticas. Y una vez más la opinión pública quedó con el mal sabor de que los políticos no se van a autorreformar ya que casi siempre anteponen sus intereses personales a los colectivos.

Tres fueron los factores que se conjugaron para herir de muerte la iniciativa. El primero de ellos es la ambivalencia que se presentó en el Partido Liberal, sobre todo en el presidente de la Dirección Nacional Liberal, senador Luis Guillermo Vélez, quien nunca se mostró totalmente convencido de las bondades del proyecto. En varias ocasiones Vélez se refirió a la iniciativa como “buena pero inoportuna”. Para el senador antioqueño no se puede hacer una reforma política cuando se han lanzado las campañas políticas y “los caballos están en el partidor”,dijo a SEMANA.

La actitud de Vélez contrastó con la de Horacio Serpa, quien —aunque inicialmente hizo unos reparos a la llamada lista única— terminó por ponerse la camiseta de la reforma y así se lo hizo saber a los senadores Rivera y Caicedo. Para Serpa decenas de partidos, cada uno con lista única, es poco menos que un absurdo.

Senadores consultados por SEMANA sostienen que Vélez cedió ante las presiones de algunos senadores, quienes consideran que debido al reducido número de votos que sacaron en las elecciones pasadas no tendrían cabida en una lista única.

Pero la responsabilidad del inminente hundimiento también recae en el Partido Conservador. En efecto, a pesar de los múltiples llamados del presidente Andrés Pastrana a los parlamentarios miembros de su partido, todo hace pensar que estos desobedecieron sus directrices. El mejor ejemplo de ello es que a la hora de la votación de los 20 senadores que debían respaldar la iniciativa sólo cinco estaban en el recinto. Las críticas también apuntan al precandidato Alvaro Uribe Vélez, quien se pronunció abierta y públicamente en contra del proyecto. Uribe Vélez ha sido uno de los mayores opositores de la iniciativa, sobre todo en lo que tiene que ver con la financiación estatal de la campaña presidencial. Quienes responsabilizan a Uribe sostienen que éste habría contado con la solidaridad de dos personas clave en el Congreso. Uno es el presidente del Senado, Mario Uribe, y otro el secretario, Manuel Rosero, quienes según varios senadores, están haciendo “uribismo en el Congreso”.

De cualquier manera el hecho de que la reforma política esté agonizando ha puesto sobre el tapete la revocatoria del mandato de los congresistas y una nueva Asamblea Constituyente que ponga fin a las viejas andanzas de los parlamentarios. Aunque estas propuestas apenas empiezan a cocinarse, todo hace pensar que por la vía del Congreso estas reformas no se van a dar. En este sentido, el eventual fracaso de la reforma política en el Congreso sería el primero hacia medidas más de fondo: por ejemplo, un referendo.

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