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| 6/17/1996 12:00:00 AM

EN EL NOMBRE DEL PADRE

POLEMICA BIOGRAFIA DE JOSEPH KENNEDY MUESTRA AL PADRE DEL CLAN COMO UN ANIMAL SEXUAL QUIE COMPRO LA ELECCION DE SU HIJO A LA PRESENCIA. APARTES DEL LIBRO DE JOSEPH KESSLER

Hacía frío el 20 de enero de 1961, cuando Jack Kennedy se posesionó como el trigésimoquinto presidente de Estados Unidos. Era la primera escena de la era que aún se conoce como Camelot. Sin embargo, ni su célebre apellido era capaz de dejar atrás la escabrosa verdad sobre la forma como JFK había ganado su corona."Yo metí a Jack en la política. Yo fui el culpable", admitió una vez su padre Joe. "El no quería. Sentía que no tenía la capacidad, y aún lo siente así. Pero le dije que debía hacerlo". La orden llegó en la Navidad de 1944, luego de que Joe Jr., el hermano mayor de Jack, pereciera en un accidente de avión durante la guerra. Durante los siguientes 16 años la fortuna de los Kennedy _que había crecido a partir de sus raíces en la banca, el contrabando de alcohol y la manipulación del mercado de valores hasta llegar a cerca de los 500 millones de dólares_ sirvió para convertir al tímido Jack en una estrella de la política.
Estados Unidos ganó un trágico presidente cuyo nombre todavía resulta mágico, y de ello son testigos los millones de dólares pagados la semana pasada por los recuerdos de la familia en la subasta de Nueva York. Pero la hechura de Kennedy como presidente es una historia impregnada de deshonestidad y libertinaje.Jack inició su campaña por el Congreso justo cuando terminó la Segunda Guerra Mundial. Ebrios de júbilo por la culminación de la guerra, los estadounidenses buscaban héroes, y él era un héroe auténtico que había salvado a toda la tripulación del naufragio de su lancha torpedera PT-109. Joe, quien como embajador ante Gran Bretaña en tiempos de la conflagración había sido relacionado con Hitler, ahora convertía la PT-109 en el centro de atracción de la campaña de Jack. Igualmente escogió un distrito de Boston cuyas fuertes creencias católicas eran la plataforma perfecta para su lanzamiento. Un antiguo alcalde ocupaba su silla en el Congreso pero Joe Timilty, el cargaladrillos de Joe, le pagó 12.000 dólares por debajo de la mesa para que se retirara.Para Joe esto era una operación normal, reiteró Joe Kane, su primo y principal asesor político. "Todo lo que ganó _dijo Kane_lo compró y lo pagó. Y la política es como la guerra. Se necesitan tres elementos para ganar. La primera es plata y la segunda es plata y la tercera es plata".
Joe fundó una asociación de beneficencia en recuerdo de Joe Jr. y comenzó a bombear dinero para las instituciones católicas en el distrito adoptivo de Jack. "Los regalos por parte de la fundación eran fundamentales", dijo Joseph Casey, un congresista de Massachussets. "Había regalos para hospitales, para templos católicos y cosas por el estilo. Regalos perfectamente legítimos, finos y halagadores. Sin embargo también eran moneda corriente para la política".Joe dirigió la campaña electoral de su hijo. En realidad él era el candidato que inventaba estrategias de campaña y tomaba las decisiones. Jack era simplemente una sonrisa y una presencia carismática. Según James Landis, miembro del equipo, parecía como si Jack en un principio no hubiera querido postularse, pero cuando efectivamente lo hizo terminó por gustarle.
Joe todo lo pagó clandestinamente y en efectivo. David Powers, quien dirigió una de las oficinas de la campaña, comentó que un ayudante de Kennedy "me llevaba al baño de los hombres, donde, al poner una moneda de 10 dentro de una ranura, me encerraba en una cabina del baño. Luego, sin que nadie pudiera observar, me entregaba el efectivo". Joe inclusive pagó a un portero que tenía el mismo nombre del rival más importante de Jack para que entrara a las elecciones para así dividir la votación.Jack triunfó en la primera ronda por la candidatura demócrata y se dispuso a ganar su lugar en el Congreso. Una vez más, su padre tomó las riendas y pagó los gastos de la campaña en efectivo. "Existía una ley en la campaña que limitaba la cantidad de contribuciones a la misma", dijo John Galvin, el encargado de las relaciones publicas para Joe. "No nos afectó mucho". De acuerdo con Thomas 'Tip' O_Neill, el demócrata de Boston que después se convertiría en el presidente de la Cámara de Representantes, Joe gastó 300.000 dólares, que hoy en día equivalen a 2,2 millones.
Los barones de la prensa eran llamados para que saldaran su deuda con el viejo por algún favor del pasado. Henry Luce, director de la revista Time, lo consideraba superficial e inarticulado. Sin embargo le era imposible dejar de admirar el hecho de que Joe nunca perdió de vista su principal objetivo: ganar mucho dinero y tener el poder. Además, Joe sabía cómo utilizar el dinero para manipular a sus hijos. "Una vez me contó que él no pensaba que Jack fuera a llegar muy lejos, y comentó que no era muy inteligente", le dijo Luce a un reportero. En noviembre 5 de 1946 Jack fue elegido para el Congreso con un voto popular del 71,9 por ciento. Siete días después él mismo registró un documento en la secretaría de Massachusetts donde certificaba que no se habían recogido fondos ni se había gastado dinero en su campaña.
Poder y mujeres
Ahora que Jack se encontraba en el sector público, resultaba aún más atractivo para las jóvenes mujeres que compartía con su padre y su hermano Bobby. Según Langlon Marvin, un colaborador de Jack, quien sostiene haberle ayudado a conseguir mujeres, "una atmósfera casi incestuosa prevalecía en la casa de los Kennedy. Los hombres Kennedy se turnaban a las mujeres como si fueran una propiedad común, se robaban las citas entre ellos y las intercambiaban como fotos de béisbol".Joe jamás ocultó a sus hijos que traicionaba a su esposa Rose, e incluso inició a Jack en las revistas de sexo. Ahora, si Jack se sentaba junto a una mujer atractiva en un avión, o si entablaba una conversación con la azafata, se la llevaba a su hotel siempre que podía. "Cuando terminaba con la chica, le daba el número de teléfono de ella a su padre o a alguno de sus hermanos, y lo mismo hacían ellos con él", cuenta Marvin.
A pesar de todo Jack era un niño-hombre, todavía bajo las riendas de su papá. Mary Pitcairn, una amiga de los menores de los Kennedy, se sorprendió al ver que el viejo pagaba por las boletas del cine como si Jack fuera un niño de 10 años. Joe también estaba siempre al acecho, ella recuerda, y la besaba "como si fuera un joven".
Rose nunca vio "ni supo cosas que ella no quisiera", dijo Pitcairn. "Yo tenía la impresión de que los niños la ignoraban por completo. Papi era todo... Ella era una especie de no-persona". Jack "era un hombre sensible, y creo que eso lo confundía sobre qué tipo de objeto es una mujer", concluyó Pitcairn. Kay Halle, una mujer del jet set de Washington, se encontraba en un restaurante cuando el mesero le entregó una nota que la invitaba a sentarse con Jack y su hermano Bobby. "Cuando me acerqué, la conversación era esencialmente que su padre iba para Washington por unos días y necesitaba una compañera", contó ella. "Ellos se preguntaban a quién yo les podía sugerir y estaban hablando muy en serio".
Insatisfecho con las jóvenes mujeres que andaban con sus hijos, Joe reconoció a una modelo de nombre Carmen dell_Orefice en la portada de Vogue. Ella tenía apenas 16 años y él 57. Pero decidió que sería su amante y organizó todo con una amiga de ella para que la llevara a su apartamento de Park Avenue en Nueva York. La amiga la dejó en el lobby y le dijo que timbrara. "Yo estaba con media corta y rodilleras", dice dell_Orefice. "Normalmente patino a todos lados. La puerta se abrió, y nunca había visto un tapete de pared a pared que fuera beige claro o blanco", comentó ella. "Cada cuadro tenía su propia luz. Eso personalmente me impactó mucho. Miraba todo a mi alrededor. El señor Kennedy dijo, '¿Te gusta esto?' Yo dije 'sí'. El entonces dijo: 'Bueno, pues entones dile a tu mamá que todo esto te parece divino y que te gustaría que ella viviera aquí. Dile que me llame". Se fue corriendo hasta su casa y le contó a su madre, quien "era lo suficientemente sofisticada para saber exactamente cuál era la situación y cómo manejarla".
Joe tenía más éxito levantando mujeres atractivas en los clubes y restaurantes en compañía de Oleg Cassini, el diseñador, quien siempre se rodeaba de lindas modelos. A estas jóvenes les hacía creer que no se iban a quedar modelando toda la vida, por lo cual debían planear su futuro. Era necesario que entablaran sus amistades en los lugares correctos.
"Las chicas aportaban un ego que era indispensable para un hombre con un enorme ego", dijo Cassini. "Ellas eran decoraciones para el mito del poder. La parte sexual era secundaria".
Romance dudoso
En 1952 Joe dispuso entrar a la siguiente fase de la carrera de Jack y puso su objetivo en la curul senatorial ocupada entonces por Henry Cabot Lodge Jr., uno de los grandes del Partido Republicano. Bobby se convirtió en el jefe de campaña, pero Joe siguió al mando del espectáculo. "El viejo gravitó sobre la situación como un pájaro sobre su presa", dijo Ralph Coghlan, quien trabajó para ellos como redactor de discursos.
La elección se mantuvo muy pareja hasta cuando Joe se enteró de que John Fox, un financista local que recién había comprado el conglomerado del periódico Boston Post, estaba desesperado por dinero. Fox "odiaba a JFK", pero dos días antes de elecciones Joe se reunió con él y el Post se cambió de bando. Jack ganó su curul.
De acuerdo con Raimond Faxon, uno de los amigos íntimos y socio de negocios, "todo el asunto fue un desempate... Fox necesitaba el dinero, y lo obtuvo gracias a Joe. Fueron 500.000 dólares (equivalentes a más de dos millones de hoy). Era un préstamo sin garantía que Fox eventualmente tuvo que pagar, aunque Joe tuvo que amenazarlo".
Ganada la competencia por el Senado, Jack reportó los gastos de la candidatura por 349.646, tal vez insuficiente para cubrir siquiera las vallas publicitarias. Se daba por hecho que el costo real era de varios millones de dólares. Pero ahora era senador, y Joe le dijo que se buscara una esposa. En Washington, durante una comida, Jack conoció a Jacqueline Lee Bouvier, una elegante debutante de sociedad que no tenía un centavo pero no lo aparentaba. Cuando Jack la llevó a Hyannis Port, la residencia de los Kennedy en Massachusetts, un fotógrafo de la revista Life los estaba esperando. Jackie creyó que ella y Jack se irían a navegar solos; pero el fotógrafo los siguió durante todo el trayecto. El titular de la revista fue "Life se va de cortejo con un senador de Estados Unidos".
Jackie cultivó a su suegro; ella sabía dónde se encontraban el poder y la plata. Ella no le tenía miedo, todo lo contrario, lo molestaba y lo adulaba. Como de costumbre, Jack siempre hacía lo que dijera su padre. Pocos meses más tarde monseñor Richard Cushing, un gran confidente de Joe, casaba a la pareja. "Joe Kennedy no solo aprobó el matrimonio sino que lo ordenó", contó Lem Billings, un amigo de Jack. Billings dijo que Jack y Jackie "eran actores, y pienso que admiraban los papeles representados por cada uno". Los fotógrafos del Times-Herald de Washington, donde ella había trabajado, pensaban en Jackie como en un 'niño'. Gore Vidal, el hijastro del padrastro de Jackie, dijo que ella era "super quisquillosa", razón por la cual "ella no se preocupaba por el sexo. Le parecía desaseado". Sus amigas más cercanas dicen que después de su primera experiencia sexual su reacción fue, "¡Huy! Y eso es todo?" No obstante, cuando Jackie conocía al hombre que buscaba, se convertía en el centro de atracción, que conquistaba todo a su alrededor. "Se concentra en ti con esos inmensos ojos y te escucha sin aliento y con una encantadora intensidad", dijo Vidal.

Aún después de casados, el apetito de Jack por otras mujeres continuó. En las fiestas no tenía inconveniente en dejar a Jackie desamparada mientras él se iba a hacer levantes. Según George Smathers, un amigo, alquilaba un apartamento donde participaban en "grupos" con dos jóvenes secretarias.En contraste con la dura actitud de Rose, Jackie se afectaba muchísimo con la coquetería de Jack. "Jack constantemente nos aseguraba que Jackie no tenía sospechas, cuando era obvio que ella sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo", comentó James Reed, un amigo de Jack. "El en muchas cosas era muy disciplinado. La disciplina, después de todo, era el secreto de su éxito. Pero cuando se trataba de mujeres, era una persona distinta. Era el doctor Jekyll y Mr. Hyde"."Obviamente, en cuanto a las mujeres, Jack estaba influenciado por Joe", contó su amigo íntimo Charles Spalding. "Pienso que el hecho de que su viejo fuera tan explícito en cuanto a las mujeres hizo que Jack llegara a distintas conclusiones sobre ellas... Creo que Joe hizo esa división entre el matrimonio y la búsqueda de mujeres". Luego, cuando Spalding estaba por divorciarse, Jack le dijo, "¿para qué haces eso? aplica mi método". En otras palabras, conquista mujeres durante el matrimonio. Estaba bien acostarse con cualquiera. "Yo le contesté 'Tú no entiendes, yo me enamoro. Tú no'. El replicó, 'entonces todo está dicho". En noviembre de 1957 Joe almorzó con el cardenal Francis Spellman en su residencia de Madison Avenue, en Nueva York. El cardenal había iniciado una cruzada en contra de la actitud "inmoral e indecente" hacia el matrimonio presentada en Two Faced Woman, con Greta Garbo. Desde el púlpito, Spellman atacaba la falta de pudor en las revistas y el cine, y clamaba por el establecimiento de una censura oficial. Pero en privado se mostraba tolerante con Joe, quien le había dado millones de dólares para la iglesia. El cardenal además había oficiado los matrimonios de tres de sus hijos.
Manejar a los medios
El 2 de diciembre de 1957 el rostro sonriente de Jack apareció por primera vez en la portada de Time. El artículo principal significaba un tremendo impulso para quien llamaba "El genio democrático de 1957". Ese fue el punto de partida para su candidatura a las elecciones presidenciales de 1960.Si alguna especialidad tenía Joe era precisamente la de manipular a los medios. Mucho antes de que los gurúes políticos hablaran de 'comercializar' a los candidatos, Joe moldeó la imagen de Jack mejor que cualquier alto ejecutivo de Madison Avenue. "Vamos a vender a Jack como burbujas de jabón", dijo él. Joe ya había convencido a un ejecutivo de la mejor cadena de televisión de New England para que le dictara a Jack unas clases de manejo frente a las cámaras.El precio de todo ello sería muy alto. En noviembre de 1957 la revista Fortune mencionó a Joe como uno de los personajes más ricos del país, con una fortuna neta avaluada entre 200 y 400 millones de dólares. Joe estaba dispuesto a invertir una buena parte en la candidatura de Jack. En abril de 1960 Fortune rebajó su patrimonio a entre 200 y 300 millones. "¿ Qué son 100 millones de dólares si pueden ayudarle a Jack?", preguntó Joe a un amigo.Joe comenzó a comprar políticos a 1.000 dólares por cabeza para que apoyaran a Jack,y de esa forma alineó a los jefes en Nueva York, el sector del Bronx, California y Filadelfia. Y lo que resultó crucial, obtuvo el apoyo total del alcalde Richard Daley de Chicago.
Mientras tanto los Kennedy iniciaban en forma su campaña. En octubre de 1959 la revista Look empezó a publicar una serie de artículos que habrian podido ser escritos por el mismo Joe. Jack decía estar en un excelente estado de salud. Pero la realidad era que le habían diagnosticado en 1947 la enfermedad de Addison, que es una falla de las glándulas de adrenalina, responsable de su desgarbada apariencia. Jack comentaba en broma que ésta era "el resultado de la cocina de Jackie" y decía a los reporteros que su condición era una secuela de un ataque de malaria. Cuando un reportero de Boston sugirió que divulgara su historia clínica un asesor replicó: "No, el viejo Joe no quiere que eso se haga". Aunque su lema era el vigor, Jack en realidad estaba enfermo la mayor parte del tiempo. Además de Addison, persistentemente tenía complicaciones por una gonorrea que había pescado en Harvard. Como su padre y otros miembros de la familia, él también sufría del estómago. Su dieta se restringía a comidas blandas.
Cuando en enero de 1960 Jack anunció formalmente su candidatura a la presidencia, declaró que la Casa Blanca debía ser "el centro de liderazgo moral". Un mes después Frank Sinatra le presentó a Judith Exner, antigua actriz atractiva y espigada, en el Sands Hotel de Las Vegas, y Kennedy inició su romance con ella en el Hotel Plaza de Nueva York. "La actitud de Jack era que existía para ser servido", escribió Exner en sus memorias.
Al mismo tiempo que se veía con Jack, la Exner también salía con Sam Giancana, un jefe mafioso. En una historia de la revista People, ella afirmó que había presentado a Giancana y a Jack, quien le pidió la ayuda para la financiación de su campaña. Aunque de esto no hay pruebas documentales, es claro que Giancana efectivamente le dio el dinero. Después de la elección, el FBI le grabó a Jack una conversación mientras hablaba con un socio del mafioso. Este dijo que su donación había sido "aceptada", pero se quejó de que Bobby, a quien Jack había nombrado Fiscal General, estaba dirigiendo una gran ofensiva contra el crimen organizado.
Paralelamente, Joe estaba filtrando dinero entre los políticos para voltear la elección primaria en West Virginia, una prueba muy crítica sobre si un estado protestante, ampliamente anticatólico, podría inclinarse por un candidato católico como presidente.
Tip O' Neill recuerda que Eddie Ford, un emisario de Kennedy, "salió con el bolsillo lleno de plata". Según O'Neill, Ford buscaba al jefe de policía y le decía: "Sheriff, soy de Chicago. Estoy de camino al sur. Amo al pequeño Kennedy. Por Dios que él puede ayudar a esta nación. Tiene la sensibilidad para ello, y usted lo sabe. Hará cosas por la gente de West Virginia. Aquí tiene 3.000 dólares o aquí tiene 5.000 dólares. Usted conduzca a su gente y yo le daré una pequeña recompensa cuando vuelva. Ellos pasaron plata como nunca antes se había visto".
De acuerdo con O'Neill, Joe se encargó de todo. "Aunque Jack obviamente sabía que su padre estaba gastando mucho dinero, no siempre estaba al tanto de lo que hacía", afirma O'Neill en sus memorias. Pero durante la campaña era capaz de evadir las críticas sobre la plata de su padre repitiendo uno de sus famosos chistes. "Jack decía, acabo de recibir un telegrama de mi generoso padre: 'Querido Jack: no compres ni un solo voto más de lo necesario. Yo te ayudaré a ganar estas elecciones. Pero que me parta un rayo si yo voy a pagar por una victoria arrolladora".
Para transferir el dinero a la campaña de Jack, Joe utilizaba a la Iglesia Católica y, en particular, a Cushing, su amigo, el cardenal de Boston. Uno de los mensajeros luego explicó cómo funcionaba todo. Si las parroquias de Boston habían recolectado 950.000 dólares en efectivo durante un buen domingo de colectas, por ejemplo, Joe giraba un cheque a la diócesis por un millón, lo deducía de impuestos como parte de una obra de caridad, y recibía los 950.000 en efectivo. Así, la Iglesia recibía una donación de 50.000 dólares, Joe deducía un millón de sus impuestos y podía utilizar el dinero para sobornar a los políticos sin temor a que pudieran rastrearlo.
En 1966 Cushing admitió que había jugado un papel importante en la compra de políticos. Le dijo a Hubert Humphrey, que había sido el contendor de Jack: "Yo le diré quién eligió a Jack Kennedy. Fue su padre, Joe, y yo, en este mismo cuarto".
El verdadero jefe
En los días finales de la campaña por la candidatura demócrata Jack sugirió un encuentro de tres con Judith Exner en la suite de Peter Lawford del Hotel Beverly Hilton. El era "un gran tomador de riesgos" contó Exner. "Jack sentía que podía hacer lo que quisiera, y hacía lo que quería". Como su padre, Jack compartimentalizaba su vida. "Nadie jamás supo cómo era en su totalidad John Kennedy", afirmó su amigo Charles Bartlett.Jackie reaccionaba con asco por la política. Cuando la conversación se dirigió hacia ese tema en una fiesta donde Roscoe Drummond, "ella literalmente cogió una silla, la volteó hacia una esquina, y permaneció allí sentada toda la noche sin dirigirle la palabra a nadie", dijo Drummond."La política era una especie de enemigo cuando se trataba de ver a Jack", explicó en una ocasión Jackie. "¿Mis teorías sobre el éxito de un matrimonio? Temía que me fuera a preguntar eso", le dijo sonriendo a un reportero. "No puedo decir que las tenga"."Ella estaba lista a divorciarse de Jack, y Joe le ofreció un millón de dólares si se quedaba con Jack hasta que él entrara a la Casa Blanca", contó el amigo de Joe, Cassini. "Pero a ella le gustó eso de ser primera dama, aunque sabía de todas las infidelidades. Joe le pagó un millón de dólares para que permaneciera con Jack hasta que fuera elegido". Durante la convención demócrata de ese verano en Los Angeles, Joe dirigió la campaña de Jack desde la residencia de la estrella del cine Marion Davies. "Joe era el cerebro de todo _dijo Timilty_. Yo solo recibía ordenes de Joe. Eso es lo que hice en todas las campañas; yo representé a Joe".Jack ganó la candidatura presidencial el 13 de julio de 1960. La mañana siguiente Joe se desayunó en la casa de Davies con Jack y su abogado Frank Morrisey. Empezaron a discutir sobre el candidato para la vicepresidencia. Joe le dijo a Jack que le diera una oportunidad a Lyndon Johnson, uno de los grandes políticos de ese tiempo. "El embajador insistió en que Jack escogiera a Johnson como vicepresidente porque de otra manera no ganaría", afirmó Morrisey. "Claro que tenía razón. En todos los momentos de la carrera del presidente, su juicio prevalecía en las decisiones importantes, Jack siempre llamaba a su papá. La opinión de su padre tenía mucho peso".
Una vez resuelto lo del vicepresidente, Joe viajó a Nueva York para ganar el apoyo de Luce, el director de Time. Después de la langosta en su suite del hotel Waldorf, Luce le planteó sus ideas: entendía que aparentemente Jack se mostraba de centroizquierda en asuntos internos para lograr la nominación de los demócratas, pero si Jack llegaba a ser débil frente al comunismo Time le cortaría la garganta. Joe replicó sin dudarlo: "¿Cómo puede un hijo mío ser un maldito liberal? No se preocupe de que él vaya a ser una hermana débil".
La maquinaria del Partido Demócrata tomó las riendas de la campaña. Pero Joe regularmente enviaba joyas costosas a las columnistas femeninas, contó un confidente, y le daba efectivo a los demás. "Distribuía a los periodistas sumas sustanciales, dijo el confidente. El sabía cuándo darles un juego completo de cubiertos en plata de Tiffany, y sabía cuándo decirles que no jugaran con él". Adicionalmente, "los reporteros recibían trabajos de consultoría". Los columnistas, en particular, estaban en venta, sin contar a los políticos.
En la tribuna, Jack opacaba fácilmente a su rival por la presidencia, Richard Nixon, mediante las técnicas televisivas que su padre le había enseñado. Pero cuando llegó el día de la elección, el 8 de noviembre de 1960, la diferencia entre los dos fue muy estrecha. Precisamente el distrito de Chicago _dominio del alcalde Richard Daley, a quien Joe ya había enganchado anteriormente_ hizo la famosa diferencia. Mucho se especuló sobre cómo hizo el equipo de Daley para agrandar la votación por Kennedy. Al parecer, por primera vez Joe no estaba involucrado. Lo cierto es que cuando despertó al día siguiente, un Kennedy había sido elegido por un margen de 0,1 por ciento.Ser presidente ayudó mucho a la vida amorosa de Jack, y a su padre de 72 años de edad. Jack y algunas chicas de la nómina de la Casa Blanca visitaron la casa de Bing Crosby en Palm Springs donde "se acostó al tiempo con dos mujeres", según un viejo amigo, Red Fay. Joe atendió a Daley en su casa de Palm Beach y a Sinatra en la de Hyannis Port. Frank Saunders, su conductor, recuerda que lo encontró acariciando a una mujer semidesnuda en una fiesta para Sinatra. "Las mujeres que trajeron esa tarde en un camión me parecían prostitutas", afirmó.Otros hábitos tampoco desaparecerían. Después de haber celebrado sus 44 años en mayo del 61, Jack esperaba un helicóptero de la Marina frente a la casa de la familia en Hyannis Port. "Ay papi, no tengo ni un centavo", dijo el presidente. Joe hizo que su secretaria diera a Jack un fajo de billetes. Jack tomó el dinero con una sonrisa y dijo: "Te lo devolveré tan pronto pueda". Mientras contemplaba el despegue del helicóptero, Joe murmuró: "¡Ese será mi día!".
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