Lunes, 27 de febrero de 2017

| 2005/04/03 00:00

En las entrañas del enemigo.

Una operación de infiltración de la Policía dejó al descubierto las actividades de tráfico de drogas y armas del ELN en Colombia y Venezuela.

En las entrañas del enemigo.

El pasado 18 de Marzo el ELN sufrió uno de los más duros golpes en los últimos años. Ese día, 24 integrantes del principal frente de guerra que tiene esa organización en el país, el nororiental, fueron arrestados por la Policía. La noticia no tuvo mucho despliegue y para algunos se trató de unas simples capturas masivas de subversivos. Sin embargo, la realidad es que detrás de esas detenciones se esconde uno de los operativos mejor desarrollados en la historia de la lucha contra la guerrilla.

La operación comenzó a gestarse a mediados del año pasado. El objetivo principal era la captura de Fabián Castro Castro, alias 'Eduardo', jefe de la columna 'Capitán Francisco Bossio' del ELN que hace parte del frente nororiental de guerra. Desde 1996 esa columna, que además hace parte del anillo de seguridad de los miembros del Comando Central del ELN, ha sido la responsable de la voladura del oleoducto Caño Limón-Coveñas, de la mayoría de los secuestros que ha efectuado el ELN en Norte de Santander y de la instalación de más de 20 carros bomba en ese departamento.

Durante varios años los organismos de seguridad del Estado intentaron infructuosamente capturar a 'Eduardo' o penetrar alguna de las estructuras del ELN en esa región del país. El guerrillero y sus hombres no sólo se movilizaban en una de las zonas más impenetrable para la Fuerza Pública, como es la región del Catatumbo, sino que algunas de sus actividades las desarrollaban desde varias poblaciones en Venezuela, lo que hacía imposible capturarlos.

Esa realidad y la importancia de 'Eduardo' y su columna llevaron a la Policía a planear una operación audaz: infiltrar al ELN. Los intentos anteriores de las autoridades de efectuar ese tipo de operaciones terminaron en varias oportunidades con la muerte de los agentes que intentaron infiltrarse. A pesar de ese antecedente, dos oficiales fueron seleccionados para la misión.

A comienzos de julio del año pasado un hombre y una mujer partieron desde Bogotá rumbo a Cúcuta. Las investigaciones previas le habían permitido a la Policía determinar que los hijos de 'Eduardo' vivían en una humilde casa en Cúcuta. De allí partió toda la operación que terminó haciendo los 24 arrestos. La pareja de policías llegó hasta ese barrio con la fachada de ser un matrimonio del interior que había ido a probar suerte en la frontera.

A los dos se les había creado una identidad totalmente nueva y el oficial aparentaba ser un hombre dedicado a ganarse la vida transportando mercancías en su viejo vehículo. Aunque la apariencia del carro era la de un destartalado Renault 12, en realidad se trataba de un automóvil equipado con los más modernos equipos de espionaje. Camufladas en partes estratégicas tenía varias cámaras de video y micrófonos internos y externos con los que podía realizar grabaciones continuas de hasta 30 horas. El auto tenía además un GPS (Sistema de Posicionamiento Global).

La pareja de policías infiltrados comenzó a ganarse la confianza de la gente que vivía en el barrio y que era cercana a 'Eduardo'. El proceso fue bastante lento. Sólo a los tres meses de estar viviendo en el lugar consiguieron acercarse a algunos milicianos. Con el paso del tiempo afianzaron los lazos de amistad con ellos y esto les permitió lentamente que les presentaran a otros miembros del ELN en Cúcuta. Pasados cuatro meses los policías finalmente se vieron cara a cara con 'Eduardo'. Para ese momento ya habían elaborado una completa lista de nombres, direcciones y teléfonos de los integrantes del ELN. Esos datos fueron entregados a la Fiscalía, que autorizó controles a varias líneas telefónicas.

La pareja de policías consiguió que 'Eduardo' confiara en ellos y después de ponerlos a prueba encargándoles, por ejemplo, llevar mensajes entre miembros del ELN, les permitió comenzar a asistir a las reuniones en diferentes campamentos con los integrantes de la columna. Algunas de esas reuniones fueron en el Catatumbo. Otras, en poblaciones venezolanas.

Durante seis meses la Policía y la Fiscalía recopilaron más de 1.000 horas de grabaciones, entre las que se hicieron con los equipos instalados en el carro y las interceptaciones a teléfonos celulares. Todas esas comunicaciones, sumadas a los datos que conseguían de primera mano la pareja de policías infiltrados, les permitieron a las autoridades identificar a todos los miembros del ELN involucrados en tráfico de armas desde Venezuela (ver recuadro). Establecieron las rutas de entrada al país y los contactos en los estados fronterizos. Junto con las rutas de las armas, las autoridades descubrieron algo que las sorprendió. Los vínculos del ELN con el narcotráfico.

Al igual que con las armas, las interceptaciones dejaron en claro que esa guerrilla, que tradicionalmente no ha estado muy ligada al narcotráfico, está enviando cargamentos de droga desde el Catatumbo hacia Cúcuta, desde donde es transportado a Maracaibo y otras poblaciones venezolanas para ser enviado a Estados Unidos y Europa. La investigación logró la plena identificación de 40 miembros del ELN relacionados directamente con tráfico de armas y droga. Veinticuatro de ellos fueron capturados. Los demás no pudieron ser arrestados porque están en territorio venezolano. Ante la contundencia de las pruebas, a la mayoría de los detenidos no les quedó otra opción que acogerse a sentencia anticipada en la Fiscalía. Aparte de las capturas, la labor de infiltración permitió a las autoridades encontrar varias caletas con armas y destruir algunos de los laboratorios para el procesamiento de droga que tenía el ELN en la zona. Los resultados hablan por sí mismos del éxito de una operación desarrollada en las entrañas del enemigo.

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