Viernes, 20 de enero de 2017

| 2006/02/12 00:00

En familia

Las mismas roscas políticas que han dominado a Cartagena desde hace 30 años triunfarán el próximo domingo.

La última apuesta de los empresarios cartageneros en política fue Guillermo Paniza. Sin embargo, él no pudo como alcalde doblegar la oposición del Concejo encabezada por el hoy senador Javier Cáceres.

Para Nicolás Curi, candidato a la Alcaldía de Cartagena, es prácticamente imposible salir de una manifestación para llegar a otra. Decenas de cartageneros del barrio Blas de Lezo le impiden que arranque la lujosa camioneta en que se moviliza. Emocionados con su discurso y con el concierto de champeta que les acaba de regalar, le piden que baje la ventana para que les dé la mano. "Les prometo que cuidaré a mis viejitos", contesta con cortesía a una de las famélicas ancianas que lo logra saludar. Rumbo a La María, donde liderará la quinta manifestación del día, explica por qué en los barrios populares lo adoran. "Yo soy el Sisbén de Cartagena", dice al referirse a las 50.000 personas que ha carnetizado para que accedan al servicio de salud. Al finalizar la jornada, su equipo de campaña está optimista sobre las elecciones del domingo 30 de octubre. En particular su hija, la esposa del senador conservador William Montes, tiene la convicción de que su padre volverá a la Alcaldía. No en vano lo acompañó en las otras dos campañas en las que salió elegido. Primero en 1992 y después en 1998, cuando las múltiples irregularidades que encontraron los organismos de control en su administración le impidieron terminar el período de tres años. Y es que a pesar de que tiene 79 investigaciones en su contra, y de los rumores que señalan que su ostentosa campaña es financiada por la exitosa empresaria del chance en Bolívar, Enilse López, 'La Gata', las cifras confirman que es el candidato más popular. La encuesta realizada por SEMANA, El Universal y el Canal Cartagena, el pasado 7 de octubre, le da el triunfo con 26,9 por ciento de intención de voto. Para cualquier observador de la política cartagenera ese resultado es previsible. La crisis es de vieja data. Cinco de los siete alcaldes elegidos en Cartagena por votación popular (ver recuadro) han sido investigados por irregularidades en sus administraciones. Y a medida que pasa el tiempo, se vuelven más impopulares. Según el proyecto 'Cartagena Cómo Vamos', el 78 por ciento de los cartageneros que conocen al alcalde actual, Alberto Barbosa, tienen una imagen desfavorable de él, y el 67 por ciento no confía en su gestión. Algunos sectores, vinculados a la elite política y económica cartagenera, creen que datos como los anteriores permiten sustentar que la ciudad 'se jodió' con el proceso de elección popular de alcaldes implementado en 1988. Para ellos, la política y la gestión de los alcaldes era diferente cuando eran nombrados por el Presidente, quien buscaba personas 'idóneas' para ejercer el cargo. En una reciente entrevista en El Universal, el empresario Roberto Gedeón -presidente de Petco- señaló que "lo peor que le ha pasando a la ciudad viene de la elección popular de alcaldes. Cartagena no estaba preparada para una elección popular" y reiteró que en condiciones extremas de pobreza las personas tienen dificultades para elegir buenos gobernantes "cuando uno tiene la familia sin comer, la capacidad de elegir se hace a un lado. Si mis hijos llevan dos o tres días sin comer y un político corrupto me ofrece 20.000 pesos por el voto, yo también lo vendo". Paradójicamente, si hay algo en lo que políticos como Curi coinciden con intelectuales cartageneros, es que esa tesis es reaccionaria. "Es una idea clasista, de quienes perdieron en 1988 la posibilidad de escoger el alcalde a dedo entre quienes podían entrar al club Cartagena", dice Curi, refiriéndose a la nostalgia de poder que tienen muchos de quienes hacen parte de las familias tradicionales de la ciudad. La realidad es que ese poder era virtual, ya que desde los años 70, otras familias, provenientes de otros lugares de la Costa se tomaron la política local. Desde hace tiempos la ciudad ha sido el bastión de tres casas políticas que han dominado desde el Congreso y Concejo, y en esta última etapa, también desde la Alcaldía: los García, los Faciolince y la red del hoy senador Javier Cáceres (ver infografía). La mayoría de los protagonistas actuales ocuparon posiciones de poder desde antes de la elección popular. Curi fue durante 20 años concejal y trabajó de la mano con Cáceres, figura política de Cartagena desde hace más de 10 años y adalid en Bogotá de la lucha contra la corrupción y la politiquería. Al lado del congresista José María Imbett , el alcalde actual Barbosa y el ex alcalde Gabriel García Romero -involucrado en los escándalos que produjo la venta de la sociedad portuaria- formaron el Partido Único del Concejo (PUC) a finales de los 80 y sublimaron cualquier diferencia ideológica en aras de garantizar un enorme poder de negociación burocrática con la administración distrital. A Cartagena, como a muchos otros lugares del país, la descentralización y la elección de autoridades locales la cogieron por sorpresa. En esta ciudad la exclusión social y la pobreza extrema facilitaron el clientelismo. Muchos políticos cartageneros encontraron en los dineros del Estado la forma de perpetuar sus electorados y demostrar, como lo dice una de las personas cercanas a Curi, que "para hacer política no necesariamente hay que tener una empresa en Mamonal. También pueden ser políticos quienes vienen de barrios tan pobres como el Mandela o el Olaya". A esto se sumó el hecho que la sociedad cartagenera nunca le prestó atención a la participación popular. "Para acceder al poder, así sea a un formulario de Fedevivienda, siempre hemos tenido que acudir a los políticos. A los sectores populares nunca se nos prestó atención", afirma Carmen Blandón, la líder popular y veedora ciudadana que hace un mes levantó la voz para decirle al vicepresidente Francisco Santos que los pactos por la transparencia en Cartagena no estaban sirviendo para nada y que los órganos de control estaban invadidos por la politiquería. Y el auge del narcotráfico y las redes que estableció con políticos locales permitieron que a finales de los 90 surgieran nuevas formas de hacer campaña. Muchas de ellas apoyadas en la compra de votos con dineros de financistas que se encuentran en la zona gris que raya entre lo legal y lo ilegal. Los mismos con las mismas Tres de los candidatos a la Alcaldía en la actualidad cuentan con el apoyo de los clanes políticos tradicionales. Jaime Espinosa -quien hace poco más de una semana retiró su candidatura- era la última carta que se jugaba el 'faciolincismo'. Hermano del ex senador Carlos Espinosa Faciolince, contaba con el aval de Imbett. El poder de esta familia se remonta a los años 60 y a la fuerza electoral que heredaron de su madre, Elvira Faciolince, ex gobernadora de Bolívar. Se dice que ella se convirtió en la madrina política del empresario Alfonso 'E l Turco' Hilsaca al conseguirle su primer trabajo en Ecopetrol. El liberal Willy Martínez es respaldado por los García, encabezado por Gabriel García y la esposa de su primo Juan José -inactivo en la política desde cuando estalló el proceso 8.000-, la senadora Piedad Zuccardi. A medida que se acercan las elecciones, los García han ido desplazando su apoyo al candidato con más fuerza: Nicolás Curi. Es una tradición en Cartagena subirse al tren ganador. Por ello no sería sorprendente que la casa Faciolince hiciera lo mismo. Y aunque Cáceres apoye públicamente a Mery Luz Londoño por disciplina de partido, en el pasado fue un aliado incondicional de Barbosa y Curi. En otras palabras, los mismos con las mismas. Lo curioso es que así como Curi les gana a los demás candidatos, también empata técnicamente con una nueva opción electoral que ha surgido en Cartagena. La del voto en blanco, que respalda el 28,9 por ciento de los cartageneros. Si el voto en blanco logra superar el 50 por ciento de los votos, habrá que repetir las elecciones y ninguno de los candidatos inscritos podrá volver a presentarse. ¿Por qué ha tomado tanta fuerza el voto en blanco? Por las mismas razones por las que el proceso electoral en Cartagena está en el ojo del huracán, no sólo en el ámbito local sino en el nacional. Las acusaciones de la candidata del Polo Democrático Mery Luz Londoño en torno a las irregularidades de los gobiernos de Curi (ella fue quien desde la Contraloría General le abrió el proceso de investigación que lo obligó a dejar el cargo en 1999), sumadas al destape de financistas que -como 'La Gata' y 'El Turco' Hilsaca- apoyan las campañas a cambio de onerosos contratos con el Distrito, generaron un fuerte movimiento de resistencia en la ciudad. Este es el de empresarios, estudiantes y líderes populares, que promueven el lema 'Voto en blanco, Cartagena 1815' y que creen que las urnas son un buen escenario para demostrar el descontento popular ante la politiquería, una de las causas de que hoy el 70 por ciento de sus habitantes viva en condiciones de extrema pobreza. Cartagena parece vivir una pesadilla sin fin. En las calles de la ciudad se especula cada vez más sobre la forma como Curi está financiando su campaña (abundan los grafitos que lo llaman el 'candigato') pero, paradójicamente, se da por hecho que será el ganador nuevamente. El auge del movimiento del voto en blanco deja ver que hay un sector de la ciudad que quiere renovar la política, así como lo quiso hace 11 años, cuando varios empresarios y líderes cívicos apoyaron a Guillermo Paniza para oponerse a un García Romero. Ese triunfo, sin embargo, fue una frustración. El gobierno de Paniza no estaba preparado para las expectativas, no pudo doblegar la oposición del Concejo encabezado por Cáceres y compañía y terminó dependiendo del apoyo de Curi en menos de un año. La pregunta es si en esta ocasión el nuevo movimiento del voto en blanco tendrá mayor aguante y perseverancia para incidir en la transformación de la ciudad. Hay mucho en juego: no sólo el futuro político, sino la contratación de más de 300.000 millones de pesos en los próximos dos años en la realización de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en la construcción de la vía perimetral, en la puesta en marcha de Transcaribe y en el dragado del Canal del Dique, entre otros. A pesar de todo, aún quedan optimistas como la líder cívica Carmen Blandón: "En estas elecciones hemos tocado fondo, y después de llegar tan abajo sólo se puede mejorar". El reto de Cartagena es demostrar que no hay políticos que duren 100 años ni pueblos que los resistan.

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