Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2010/10/09 00:00

En la 'guerra olvidada'

Al cumplirse 60 años de la gesta del Batallón Colombia en la guerra de Corea, SEMANA le rinde este homenaje.

El Batallón Colombia hizo historia en la guerra de Corea. Aquí algunos soldados posan con la bandera que les entregó el presidente Laureano Gómez.

En 1950, el mundo estaba ya claramente dividido en dos bandos irreconciliables: los Estados Unidos, Occidente y capitalismo, y la Unión Soviética, Oriente y comunismo. La tensión entre ambos proyectos geopolíticos estalló en la península de Corea, que, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, había estado bajo el dominio de Japón y ahora se había dividido, por el famoso paralelo 38, en el norte comunista y el sur capitalista. Colombia quiso participar en el esfuerzo bélico convocado por las Naciones Unidas para defender la integridad del segundo, y para ello conformó el Batallón Colombia, un contingente que demostró su heroísmo al otro lado del mundo. Esta es su historia.

Rendido Japón en 1945, se crearon Corea del Norte y Corea del Sur en 1948, y la nueva frontera fue reconocida por la ONU. En el contexto geopolítico, se habían firmado la Otan y el Pacto de Varsovia. Y la revolución comunista china y el tratado Stalin-Mao entraban en el equilibrio geoestratégico de Asia. El 25 de junio de 1950, diez divisiones norcoreanas con tanques, artillería y aviones, apoyadas por China y Rusia, cruzaron la frontera y capturaron Seúl y toda la península. Las tropas surcoreanas y de Estados Unidos quedaron reducidas a un pequeño perímetro defensivo improvisado en el puerto de Pusán, al sudeste. Por iniciativa de Washington, el Consejo de Seguridad de la ONU creó un ejército encabezado por Estados Unidos y conformado por Australia, Canadá, Colombia, Francia, Grecia, Holanda y Nueva Zelanda, con unidades de tierra, aire y mar. Había un cuerpo aéreo de Sudáfrica, un pelotón de Luxemburgo, un batallón de infantería de Bélgica, tres de Etiopía, regimientos de Tailandia y Filipinas, una brigada de Turquía y un hospital de Italia, un buque-hospital de Dinamarca y quirúrgicos móviles de Noruega, Suecia e India (ambulancia paracaidista). El único que salvó su honor de cara a Latinoamérica fue Colombia, cuando ofreció ayudar con una fuerza de voluntarios.
 
El gobierno colombiano declaraba que por compromisos internacionales, como la Carta del Atlántico, que establecía la ayuda mutua en caso de agresión a un país miembro, lucharía al lado de Estados Unidos contra el comunismo internacional, en defensa de la democracia, la libertad y el cristianismo. En centros de reclutamiento del ejército colombiano, con influencia suiza, alemana y chilena, muchos se ofrecieron de voluntarios en esa cruzada contra el bolchevismo. Había reservistas, rebeldes y ambiciosos, aventureros, románticos, inexpertos, o seleccionados por la situación interna, o por el partido y el lugar de origen, y se envió proporcionalmente un número mayor de oficiales y suboficiales liberales. Según testimonio de un voluntario: “No tengo mayor conocimiento de lo que es y no es el comunismo; además, poco me interesa. Sé que niega a Dios, y para mí es suficiente como cristiano. (…) Me siento algo así como un cruzado potencial (…), pero también tengo mis reservas sobre lo que llamamos democracia. (…) Adoro mi carrera y me dolería mucho dejarla. Pero me siento hastiado y sin motivo para combatir en una contienda que habrá de cobrar vidas y sangre de hermanos. (...) Este viaje a Corea me abre la oportunidad de realizarme como soldado y llegar a vivir la emoción de la guerra y la ilusión de la gloria militar que no se podrá encontrar nunca en una lucha intestina (…) oportunidad de realizar mi carrera militar y de sustraerme a una lucha fratricida que me ha dejado tremendas decepciones (…) en los Llanos Orientales. No deja de ser irónico ir a luchar por una democracia tan lejos de nuestras fronteras (…)”.

Luego de problemas iniciales y de reservas entre ambos gobiernos, el batallón fue equipado, organizado y entrenado según el modelo estadounidense en cuatro meses. El presidente Laureano Gómez les entregó la bandera para izar en Corea. Desde Bogotá partió el batallón, y luego de 79 días por Hawái y Japón, desembarcó en la bahía de Pusán, Corea, el 15 de junio de 1951.

El jefe en el teatro de Corea, Douglas MacArthur, había desembarcado en Inchon para auxiliar el perímetro de Pusán, en 1950. Rompió el cerco, recapturó Seúl y cruzó el paralelo, capturó Pyongyang y avanzó en el territorio de China, donde propuso usar la bomba atómica. China reaccionó con el apoyo de la fuerza aérea soviética, y tropas norcoreanas y chinas recapturaron Pyongyang. En enero de 1951 capturaron Seúl, “un esqueleto de edificios y calles de escombros, y obligaron a los norteamericanos a retroceder”, y retrocedieron al paralelo 38. Allí estaba el frente estable aunque tenso cuando el batallón Colombia, que estaba a la reserva, tuvo su bautizo de fuego, el 7 de agosto, con tres patrullas de reconocimiento ofensivo.

La fragata ARC Almirante Padilla partió a astilleros en Estados Unidos para reparación, con 186 voluntarios. Más tarde se integró con la VII Flota que protegió Taiwán, y el 18 de mayo, el capitán Julio César Reyes Canal hacía los primeros disparos sobre el continente asiático. Desempeñó misiones de logística o patrullaje, destrucción de minas, escoltó a un portaviones e hizo un viaje de 27 días y 5.182 millas. Su contribución apareció en periódicos y se divulgó más allá con buques de cuatro nacionalidades. Al regresar, el jefe de la fuerza declaró: “La fragata de la Armada colombiana ha cumplido una labor en la Fuerza de Tarea 95 muy superior a la de la mayoría de las fragatas de los Estados Unidos y en mayor medida que las de Corea del Sur y Tailandia. (…) Gran parte del crédito lo merece su capitán”.

Como parte del regimiento 21, división 24 de Estados Unidos, el 13 de octubre el batallón participó en la Operación Nómada, y sin artillería capturó los cerros 23, 24 y 25, defendidos a muerte por los aterrorizados chinos. En la ofensiva asaltó casamatas, y hacia las alturas de Kumsong, fuego de ametralladora hirió al teniente coronel Jaime Polanía Puyo, su comandante, y destrozó la cara de su ayudante. Aun evacuado, siguió dirigiendo las operaciones por radio, cuando fue relevado por el mayor Luis Etilio Leyva. Bajando en helicóptero, según el comandante, dijo: “He visto luchar a los mejores soldados del mundo. Pensé que nada me faltaba ver, pero me faltaba (…) el soldado colombiano”.

En su primera Navidad en el frente, en medio del barro y la nieve de Corea, un pelotón con el subteniente Camilo Torres Cruz debió capturar la aldea Cho So-ri, pero tuvo que replegarse ante el avance chino. Informado, el capitán Álvaro Valencia Tovar, comandante temporal y un ejemplo de la generación que fue a Corea, ordenó regresar a las líneas con riesgo, y con el nuevo comandante en desacuerdo y furioso en su jeep, el subteniente regresó sin más bajas y recuperó dos heridos y dos muertos. El general le dijo: “Es la decisión más extraña que he oído. Yo no la hubiera tomado, pero lo felicito, capitán”.

Con la división 24 estacionada en Tokio, el batallón fue parte de la Séptima veterana, y el 11 de mayo estuvo en la Operación Thunderbolt. Valencia Tovar rescató un tanque impactado y fue oficial de operaciones del regimiento, y en la Climber capturó el formidable cerro 400. El Estado Mayor de la División comentaba “¡They’re crazy!”, y, según el comandante de esta división, luego supremo de la Otan, fue la mejor acción coordinada que había visto hasta en la Segunda Guerra Mundial.

Entre insistentes patrullajes y ataques limitados o de artillería, el teniente coronel Alberto Ruiz Novoa reemplazó a Jaime Polanía Puyo. El coronel William Kern decidió atacar con una sola compañía el cerro 180 en varios frentes, con un alto precio. Y, sin reponerse, reemplazó al primer batallón en un frente de tres kilómetros sin retaguardia, que incluía el cerro Old Baldy (Viejo Calvo), dominando tres direcciones, y la carretera que comunicaba directo con Seúl. La posición cambió mucho de manos y suscitó la desmoralización estadounidense. Las comunicaciones y desertores chinos presagiaban un ataque en masa señalado por Ruiz Novoa ante el incrédulo Kern.

Improvisado el perímetro, según un soldado que combatió guerrillas en montañas, la munición escaseaba y los chinos eran reforzados con opio. Atacaban frenéticamente, sus cadáveres se agolpaban, hasta que con una nueva oleada penetraron en algunos puntos. Los colombianos resistían con cordón o aisladamente con pistola, bayoneta u otros, entre la confusión. Contraatacando, Ruiz Novoa encontró, retirada sin autorización, una compañía estadounidense de reserva (y otro refuerzo estadounidense se retiró al llegar). El comandante enemigo, reforzado, comunicaba no poder tomar la altura 266, y aunque toda la noche esperaron refuerzos inexistentes, se alcanzó a romper el cerco apoyados por blindados o artillería, que incluían colombianos.

Fue una batalla que pocos recuerdan. Se pudo haber roto la línea principal y el frente aliado, lo que hubiera significado perder Seúl; pero se mantuvo la línea, causando bajas infinitamente superiores. En retaguardia aplaudían los estadounidenses, y el batallón fue reseñado en la revista Time. Con grupos relevándose en 1951-1954, participaron 4.314 hombres de infantería y 786 de marina, el batallón fue condecorado y objeto de citaciones presidenciales. Varios oficiales, como Valencia Tovar, fueron generales. Muchos años después, el Batallón Colombia, gloria de las armas nacionales, aún está en Sinaí, Egipto, representando al país en los confines del mundo.

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