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| 1/28/2012 12:00:00 AM

“En internet, la realidad social superó a la jurídica”

Para Carolina Botero, experta en el Derecho de los nuevos medios, regular el acceso a internet para combatir la piratería es una tarea tan difícil como absurda.

¿Es posible controlar la información en internet? Los intentos de regulación del acceso a la red alarman a los entusiastas de la tecnología y son impulsados por los sectores de la gran industria. Por eso hay tanto debate sobre leyes como Sinde, de España; o proyectos de ley como Lleras, en Colombia, y Stop Online Piracy Act (Sopa) y Protect Intellectual Property Act (Pipa) en Estados Unidos.
 
Carolina Botero, abogada especializada en el Derecho que regula a los nuevos medios, fue una de las personas que ayudó a traducir para Colombia las licencias Creative Commons (CC) que permiten hacer un uso de los contenidos de internet sin estar sometidos a la rigidez de los derechos reservados. En entrevista con SEMANA explica los alcances del debate que está en boga.
 
SEMANA: ¿Por qué los derechos de autor se han vuelto un tema de discusión tan importante?
 
Carolina Botero: Hay una tendencia a reforzar las leyes de derecho de autor, que buscan controlar la copia y criminalizar la piratería. El problema es el alcance de esas leyes. Sopa y Pipa tienen un alcance transnacional de muy difícil aceptación.
 
SEMANA: La captura de Kim Dotcom, el creador de Megaupload, fue un golpe a la piratería. Pero, ¿sí es efectivo?
 
C.B.: La piratería no se acaba de esa manera porque así también se acaba con el desarrollo de internet. Las autoridades estadounidenses van a tener dificultad en demostrar que el negocio base de Megaupload, el cyberlocker, era ilegal. Un cyberlocker es un espacio virtual que funciona como un locker de un sitio público: si quieres, le das la llave a alguien. Pero el dueño de los lockers no puede responsabilizarse por lo que otros ponen ahí.
 
SEMANA: Creative Commons es una alternativa dentro del debate. ¿Cómo funciona?
 
C.B.: Es un sistema de licenciamiento que ayuda a la gestión del derecho de autor. Las leyes de derecho de autor dicen que el creador de una obra tiene control sobre sus usos: reproducción, distribución y modificación. La idea es que el autor obtenga un beneficio, por eso impiden la copia. Con las nuevas tecnologías, la copia y la distribución son fáciles de hacer y son más baratas. Eso facilitó el acceso al conocimiento, pero chocó con la idea de negocio heredada del siglo XX. Con CC, que tiene seis tipos de licencias, los autores dicen: “queremos que las obras circulen” y limitan, a su gusto, sus usos.
 
SEMANA: Las sociedades de gestión de derechos, como Sayco y Acinpro, en países como Dinamarca y Holanda han incursionado en el uso de esas licencias. ¿Qué se espera?
 
C.B.: Las sociedades de gestión colectiva juegan un papel importante en la industria musical. Estas se han negado a gestionar los derechos de autor de músicos que utilizan CC, porque estas asociaciones funcionan para cobrar siempre y por todos los usos, porque distinguir cuando es o no comercial es difícil. Pero no ven que hay tres licencias que permiten cobrar cuando el uso del material es con fines comerciales.
 
En esos países estas definieron cuáles son los usos comerciales por los cuales se va a cobrar. La noticia es que este año la sociedad de gestión colectiva de Francia va a empezar a utilizar esas licencias. Ahí sí vamos a ver qué significa el uso para los artistas y para su público porque es decirles a los fans que usar el material es legal.
 
SEMANA: Pero no es lo mismo en Europa, donde culturalmente la gente paga impuestos, que en Colombia…

C.B.: Las situaciones sociológicas en cada país son diferentes, no solo desde el punto de vista cultural sino legal. De ahí el contenido político que tiene para algunos usar las licencias abiertas. Es el caso de Nine Inch Nails, que advirtió que un porcentaje de sus fans usan su música para remix y con su declaración hacen que ese uso se vuelva legal. A cambio son conocidos. No es gratuito tampoco. En países como el nuestro no hay ese incentivo político. Eso va a cambiar porque la presión legal es fuerte.
 
SEMANA: ¿Cómo se explica que el apagón de Wikipedia haya obligado a reconsiderar las regulaciones?
 
C.B.: Hasta hace poco los derechos de autor solo le importaban al empresario del entretenimiento porque la copia no afectaba la industria. Pero en la red también están ocurriendo fenómenos sociales. El año pasado fue la Primavera Árabe, y en España nacieron los indignados. Cuando se legisla con fines comerciales se afectan también movilizaciones sociales. Por eso la reacción: si por ley se empieza a permitir el bloqueo, estamos tocando el límite de la censura.
 
SEMANA: ¿Por qué la industria farmacéutica en Estados Unidos se ha metido a defender las leyes Pipa y Sopa?
 
C.B.: Sopa y Pipa no son solo de derecho de autor, sino de propiedad industrial, marcas y patentes. Se parecen más a los tratados ACTA (Anti-Counterfeiting Trade Agreement) y a TPP (Trans-Pacific Strategic Economic Partnership), que son acuerdos comerciales. En internet, hay empresas que ofrecen medicamentos de marcas registradas, pero no son originales. Por eso esta industria se ha metido a defender sus intereses. La aprobación de PIPA y Sopa nos empujaría a aceptar el contenido de acuerdos como ACTA o TPP.
 
SEMANA: ¿en qué consisten esos acuerdos?

C.B.: ACTA tuvo siete años de discusión. Fue un tratado secreto en el que participaron 12 países. De Latinoamérica solo estuvo México. Pero al final ni México, ni la Unión Europea lo ratificaron dijeron “hay que revisarlo”. Suiza lo analizó y dijo que por ahora no iba a ratificarlo. Estados Unidos, que lo impulsaba, en vista del debate decidió no llevarlo al Congreso con el argumento de que no es un tratado internacional. Pero tiene que ser revisado constitucionalmente. Esos acuerdos van lejos porque tienen controles transfronterizos. Por ejemplo, las autoridades podrían pararte en una frontera y pedir tu IPad para ver qué contiene. Se han discutido de manera secreta porque si se filtran se genera mucho ruido. ACTA se filtró y en Canadá, por ejemplo, los ciudadanos comenzaron a hacer derechos de petición para ver en qué términos se estaba negociando.
 
SEMANA: El escritor Dory Doctorow dice que esas iniciativas están condenadas al fracaso. ¿Usted piensa lo mismo?

C.B.: Esta es una situación parecida al voto de la mujer. Durante muchos años fue ilegal. Se creía inconveniente. Pero llegó un momento en que la realidad social superó a la jurídica. Y hay un momento de transición en el que, incluso, la posición contra la realidad social se vuelve más radical hasta que la jurídica termina cediendo al cambio. Tengo ese optimismo.
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