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| 8/22/2012 12:00:00 AM

En jaque los alfiles de la seguridad de la era Uribe

En qué momento los máximos funcionarios del expresidente encargados de la seguridad del país pasaron del aplauso general al banquillo de los acusados.

Hay una anécdota que ilustra cómo se empezó a cultivar en el imaginario popular la asociación Uribe = seguridad. Corría el año 2001 y el entonces desconocido aspirante a la Presidencia se iba a sitios de tumulto como el parque Jaime Duque, en el norte de Bogotá, y mientras una cámara lo grababa, un par de asistentes hacían que hablaban. Decían: “Ese es el hombre que va a acabar con las FARC”.
 
En el 2002, el hastío hacia esta guerrilla y a sus excesos desde el Caguán, catapultaron a Uribe como la única esperanza de acabar con este problema. Era tanto el rechazo, que el país miraba para otro lado cuando se hablaba del fenómeno paramilitar, al punto de que el general Rito Alejo del Río, a quien varias organizaciones de derechos humanos señalaron por sus excesos en Urabá, recibió de Uribe un homenaje que contó con la asistencia de no pocos representantes de la vida política y empresarial del país.
 
Ha pasado una década y la historia dio un giro de 180 grados. Tanto dentro como fuera del país, uno a uno los hombres del círculo más afecto a Uribe están en el banquillo de los acusados, bien sea por nexos con grupos criminales de extrema derecha, vínculos con grupos de narcos o por haber puesto las instituciones al servicio de estos.
 
El caso de Mauricio Santoyo, general retirado que aceptó colaboración con los paramilitares, no es un hecho aislado aunque sí de extrema gravedad por la posición que ocupó: jefe de seguridad. Por su nivel, su caso es comparable al del exdirector del DAS Jorge Noguera Cotes.
 
Noguera ocupó la agencia de inteligencia del Estado entre el 2002 y el 2006. Uribe siempre lo defendió con ahínco, al punto de decir que se había quedado en su casa durante la campaña a la Presidencia y que había confirmado su pálpito de que era “un buen muchacho”. Noguera salió del DAS, pero Uribe lo nombró cónsul en Milán, Italia. Meses más tarde, la Corte Suprema lo condenó y sentenció por haber puesto el DAS al servicio de los ‘paras’. No sólo con hechos anecdóticos como mandarles carros para que los jefes de las AUC se transportaran, sino por haberles entregado información precisa para que cometieran hechos como el asesinato del profesor Alfredo Correa de Andreis.
 
Un caso con igual resonancia internacional es el de María del Pilar Hurtado, directora del DAS en el 2007 y el 2008. Hurtado solicitó asilo en Panamá con la decisión de no regresar a Colombia a responder ante la justicia, con el pretexto de carecer de garantías. Esta tesis ha sido defendida por Uribe, lo que deja un mal sabor por tratarse de un exjefe de Estado quien de frente anuncia su incredulidad ante la justicia colombiana.
 
En Colombia se le adelantan a Hurtado procesos por los delitos de concierto para delinquir agravado, violación ilícita de comunicaciones, abuso de función pública, peculado por apropiación y falsedad ideológica en documento público.
 
También estaba en el exterior el general (r) Mario Montoya, comandante del Ejército en los años 2006-2008 y por quien Uribe dice poner las manos en el fuego. Una de las operaciones más recordadas de Montoya es la conocida como ‘Orión’, ejecutada en la comuna 13 de Medellín en octubre del 2002, cuando apenas despuntaba el gobierno de Uribe. En ese entonces, el uniformado era comandante de la Cuarta Brigada. Y el expresidente presentó la acción como el fin de la delincuencia en la capital de Antioquia. Luego Montoya fue nombrado embajador en República Dominicana, de donde tuvo que salir en medio de la presión mediática, en especial de los rotativos estadounidenses que señalaban su presunta relación con los ‘paras’.
 
Pero sin duda en el terreno de los afectos, el más cercano a Uribe ha sido su excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo. El autor de El Derecho a la ternura, y uno de los humanistas más valorados del país, dejó la vida intelectual para acompañar al exmandatario durante los años 2002 y 2009.
 
Restrepo hoy está prófugo y con una orden de Interpol para darle captura en el lugar que se encuentre. Salió al extranjero en busca de protección luego de que se conoció la imputación de cargos por la falsa desmovilización de la compañía ‘Cacica Gaitana’ en marzo del 2006. Según la Fiscalía, él sabía todo y se ideó toda la operación. En el escrito de formulación de imputación se dice que Restrepo se confabuló en “una empresa criminal” con dos oficiales del Ejército (los coroneles Hugo Castellanos, que era el oficial de enlace de la Oficina del Alto Comisionado, y Jaime Ariza, comandante de la Regional de Inteligencia del Ejército número 5) y con algunos de los supuestos desmovilizados. Uribe también lo defiende y a través de su más cercano colaborador, José Obdulio Gaviria, ha dicho que se comunica con él “telepáticamente”.
 
De quien sí se sabe el paradero es de José Miguel Narváez, subdirector del DAS en la era Noguera y otro uribista de primera línea. Actualmente, es procesado por ser el presunto determinador del crimen del periodista Jaime Garzón, ocurrido en agosto de 1999, y por haber instruido a los paramilitares en la clandestinidad.

Algunos de estos hombres acompañaron a Uribe en sus dos exitosas campañas a la Presidencia, lo aplaudieron y prometieron acompañarlo sin descanso hasta acabar con las FARC. Hoy Uribe los defiende desde la soledad de su twitter.
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