Martes, 2 de septiembre de 2014

366 guerrilleros han abandonado las filas en plenos diálogos de paz. Foto: Archivo SEMANA

| 2013/05/14 00:00

En La Habana se habla, aquí se deserta

Desde cuando se iniciaron los diálogos 366 guerrilleros de las FARC han abandonado sus filas.

¿Los guerrilleros de las FARC son escépticos frente a los diálogos de paz que se desarrollan en La Habana? ¿Las conversaciones van para largo y por eso es mejor dejar las armas ahora? ¿No se vislumbra ningún final al conflicto armado y por eso la alternativa es volver de inmediato a la vida civil?

Estas son algunas de las preguntas que los analistas se hacen por estos días al mirar el aumento de deserciones de integrantes de ese grupo insurgente. Las cifras son elocuentes: en el tiempo que ha transcurrido desde cuando se iniciaron las conversaciones en el 2013, se han desmovilizado 366 guerrilleros y lo más llamativo de esta cifra es que un buen segmento de ellos llevaban al menos diez años de militancia. Es decir, son insurgentes formados y no combatientes recién llegados.

Por ahora se evalúa cada uno de los casos. Como la historia de Lucía*, quien decidió ingresar a las FARC hace ocho años al creer que esta resolvería sus problemas económicos y quizá le brindaría un mejor futuro para su hijo. La mujer, que en ese entonces tenía sólo 17 años, llegó a ser enfermera de un frente y una de las personas de confianza de su comandante. Acepta que se equivocó y que ese no era el camino indicado.

O el dramático caso de Mario*. Se trata de un hombre de 26 años que vio en las FARC su salvación para no morir. Fue hace ocho años, cuando los paramilitares desplazaron su familia y empezaron una búsqueda frenética para matarlo. La guerrilla le dio protección. En su paso por allí escaló posiciones y llegó a ser jefe de escuadra. Hace tres meses y medio, cansado de estar en la selva, decidió volver a la vida civil.

Lucía y Mario no se conocen. Pero hacen parte de los 366 guerrilleros que se han desmovilizado este año en pleno auge de los diálogos de paz. Dicen que pese a que cada uno tenía razones personales para dejar las filas de las FARC, también los motivó el futuro incierto de la organización.

“El papá de mi hijo era un guerrillero. Cuando ingresé en la zona de Buenaventura me llevaron a darme un curso de enfermería y me dijeron que después de eso no podía salirme”, aseguró Lucía al recordar sus días en el grupo armado.

Una vez en las FARC, Lucía pasó por los frentes Manuel Cepeda y Arturo Ruiz. Debió olvidar que era madre, aunque permanecía con su esposo, los dos sólo podían ver el niño en las navidades, cuando les permitían llevarlos a los campamentos. El resto del tiempo una extraña asignada por la propia guerrilla lo cuidaba.

“En la guerrilla hay mujeres, adolescentes y niños de 13 y 14 años. En sus caras veía a mi hijo. Yo decía que cuando él tuviera esa edad seguramente estaría allá. No deseaba repetir nuestra historia. Ellos nos aseguraban que querían que él fuera médico y que le iban a costear la carrera”, indicó la mujer, quien se desmovilizó hace pocos días en la zona de Caloto, en Cauca, ante tropas de la Fuerza de Tarea Apolo junto a 10 de sus compañeros y su esposo.

Mario, en cambio, dejó las armas hace tres meses y medio ante miembros de la Fuerza de Tarea del Nudo del Paramillo. Para ese entonces estaba en el frente Aurelio Rodríguez, que actúa en la zona de Risaralda, el occidente de Caldas y en parte de Chocó. Asegura que ha podido recomponer su camino. Inició los estudios que nunca pudo hacer y su sueño es ser abogado.

“Uno toma la decisión por diferentes causas, entre ellas el aburrimiento, las circunstancias operativas, a veces el mal manejo que hay dentro y el futuro incierto. Todo eso lo lleva a entregarse”, aseguró.

¿Miedo por la paz?

Los dos coinciden en que los diálogos de paz que se desarrollan en La Habana, Cuba, pintan un panorama cargado de incertidumbre para los guerrilleros que están en las montañas del país.

Según el Programa de Atención Humanitaria al Desmovilizado del Ministerio de Defensa Nacional, de enero a abril del año en curso, 49 jefes reemplazantes de las FARC han dicho adiós a las armas.

“En el grupo donde estábamos nosotros estuvimos hablando del proceso de paz y siempre dijimos que los que iban a garantizar las cosas para ellos eran lo que estaban negociando allá. La guerrillerada sí confía en que se va dar el acuerdo y que seguramente van a quedar desamparados. Prefieren desmovilizarse ahora porque les van a brindar una oportunidad de mejor vida, y no esperar un futuro que no se sabe”, indicó Lucía.

Mario en un discurso casi similar, le manifestó a Semana.com que sabe que los acuerdos entre los que un día fueron sus máximos comandantes y el Gobierno se van a dar, pero que es consciente de que no todos los jefes acostumbrados a su vida actual van a someterse tan fácilmente.

“Eso es algo ante lo que se tiene que ser realista. Los grandes jefes dirán que ellos nunca entregarán las armas ni querrán dejar sus negocios, pero habrá mucha gente que sí buscará terminar con esa vida”, señaló.

De acuerdo con las cifras que maneja el Programa de Atención al Desmovilizado, de los 366 miembros de las FARC que se han entregado de enero a abril de este año, el 20,5 por ciento llevaban más diez años en la organización.

Los bloques más afectados con la deserción son el Oriental, con 29 por ciento; le sigue el Sur, con el 23; el Comando Conjunto de Occidente, con el 17, y el Noroccidental, con el 14.

Entre los desmovilizados hay diversos rangos. Sin embargo, los guerrilleros rasos son los que más han dejado las FARC: en lo corrido del año van 224, a ellos se le suman 74 milicianos y 19 especialistas (radistas, enfermeros, ecónomos, explosivitas, entre otros).

Los rasos, los que más se van

Sobre las cusas que los han llevado a abandonar la lucha armada está en primer lugar, con el 64 por ciento, el maltrato al que dicen ser sometidos por parte de sus jefes, y le sigue la presión de las fuerzas del Estado, con el 15 por ciento, los demás han manifestado diferentes causas.

Estos dos desmovilizados sueñan con un futuro diferente alejados de la guerra. Lucía quiere ser médico y así poder prestar un servicio social con el cual reparar el daño que alguna vez obligada les causó a sus propias compañeras, a las que estando embarazadas les debió practicar abortos. “Era su vida o la mía”, aseguró.

Mario, además de llegar a ser abogado, anhela nunca más tener que hacerles daño a sus “hermanos”, como él mismo llama a sus compatriotas. Dice que ahora sólo piensa en cambiar su vida y en recuperar el tiempo que perdió en la selva.

Las cifras son mayores si se toman los tiempos completos. Esto es que desde cuando se dieron a conocer los diálogos de paz con las FARC, en agosto del año pasado, y que el ELN también estaría dispuesto a sentarse a negociar, 813 guerrilleros de las dos organizaciones han dejado las armas.

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