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| 9/1/1997 12:00:00 AM

EN LA OLLA

POR PRIMERA VEZ EL BANCO DE LA REPUBLICA Y EL GOBIERNO SE PONEN DE ACUERDO| EL PROBLEMA FISCAL ESTA TENAZ.


La semana pasada ocurrio un hecho sorprendente en torno del futuro economico del pais. El gobierno y el Banco de la República, máximas autoridades en materia fiscal y monetaria, se pusieron de acuerdo sobre las alarmantes implicaciones del creciente desequilibrio en las finanzas del Estado. Parece que la contundencia de los planteamientos del Emisor obligó al gobierno a finalmente admitir lo que para todos los analistas era incontrovertible: el hueco fiscal es más hondo de lo que se pensaba. Dada la seriedad del problema, el hecho de que los dos coincidan al menos en el diagnóstico es alentador. No obstante, de hechos a acciones hay un largo trecho.
El miércoles anterior Miguel Urrutia Montoya, gerente del Banco de la República, expuso ante el Congreso el informe anual de gestión de la entidad emisora. Como parte de éste, presentó una radiografía de la situación económica del país. A pesar de que el informe abordaba todo el universo de indicadores macroeconómicos la atención de los colombianos se ha centrado en la magnitud del déficit fiscal.
La preocupación no es infundada. El faltante en las cuentas del gobierno ha alcanzado niveles récord. Se estima que el déficit del gobierno central para 1997 rondará el 4,1 por ciento del PIB. Si a esto se le deducen los ingresos por privatizaciones, que no son recurrentes, el porcentaje aumenta a cerca del 4,8. De continuar las cosas como están la cifra del año entrante sería aún mayor.
Más aún, el consenso entre los economistas es que con un desequilibrio fiscal de esas magnitudes será imposible producir una disminución importante en la inflación, devaluar el peso e incluso propiciar una recuperación sostenible del crecimiento económico. En otras palabras, no tenía razón el Presidente al afirmar el lunes que la economía había tocado fondo.
Lo más curioso de todo el tema es que el gobierno haya demorado tanto en admitirlo y lo más inquietante que haya sugerido que hacer el ajuste necesario está más allá de sus posibilidades. Hasta hace poco el Ministerio de Hacienda parecía hacer caso omiso de los comentarios de los expertos, incluido el propio Fondo Monetario Internacional, sobre la gravedad del problema. El Ministerio seguía sosteniendo la tesis de que se estaban haciendo los ajustes necesarios a la economía, los cuales estarían reflejados en el presupuesto de 1998.
Por esto el cambio radical en la posición del gobierno la semana pasada sorprendió a propios y extraños. En palabras del ministro de Hacienda encargado, Eduardo Fernández, "las cuentas lo hacen aterrizar a uno". El funcionario afirma que si bien el gobierno ha hecho esfuerzos importantes para reducir el déficit y continuará trabajando en ese sentido, el grueso del ajuste correrá por cuenta del sucesor de Samper. El gobierno aduce que las reformas necesarias requerirían modificaciones a la Constitución y que el ambiente político no está dado para las mismas. Es decir, que para que ocurra un ajuste fiscal, tendrá que ser a sus espaldas.
Armando Montenegro, presidente de Anif, quien lleva largo tiempo exponiendo la tesis de que los excesos fiscales pueden desembocar en una catástrofe económica, afirma que la aceptación por parte del gobierno de la gravedad del asunto es una muestra reconfortante de "realismo económico". No obstante, le preocupa la falta de voluntad para actuar. En opinión de Montenegro, el siguiente gobierno heredará un "taco de dinamita prendido".
A grandes rasgos, el problema radica en que el gobierno está gastando más de lo que tiene y, por lo tanto, alguien tiene que financiar ese faltante. Una manera de hacerlo es pedir plata prestada. Cuando el déficit se financia con endeudamiento local se presionan al alza las tasas de interés, desestimulando la actividad económica y atrayendo recursos del exterior, que a su vez generan revaluación. Así mismo, cuando se recurre a la deuda externa, la entrada de grandes cantidades de divisas al país diminuye la demanda de dólares y aumenta el precio de los pesos, redundando también en una mayor revaluación; y si hay algo que no aguantan más los exportadores y aquellos productores que compiten con artículos importados es que continúe el deterioro de su posición competitiva.
Una forma de disminuir el déficit y evitar una mayor revaluación sería a través de nuevos impuestos. Sin embargo el sector privado todavía no se ha recuperado del golpe de la última reforma tributaria. Además, una nueva alza en los impuestos debilitaría aún más la inversión y el consumo
Todos estos remedios son peores que la enfermedad. La única solución real a largo plazo es recortar el gasto público. Sin embargo esta alternativa no es tan sencilla. Aun si se lo propusiera, un gobierno de salida como el de Samper tendría dificultades en reunir el apoyo político del Congreso para disminuir el tamaño del Estado, especialmente en una coyuntura económica difícil como la que atraviesa el país en la actualidad. Además, no es claro que exista la voluntad política para una solución de este tipo, particularmente en un año electoral en el cual la burocracia oficial y el presupuesto de la Nación acabarán jugando un papel importante en la elección del próximo presidente.
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