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| 8/28/2012 12:00:00 AM

“En los rostros se ve cuando hemos sufrido la violencia”

Testimonio de Ludivia Vanegas, sobreviviente de la masacre de Trujillo, Valle del Cauca, ocurrida en 1990.

Colombia es un muerto vivo. Es decir, en Colombia hay muchos muertos, cantidades. Tantos, que ni siquiera tenemos certeza de cuántos son. Algunos se olvidaron, otros más son costumbre, unos quedan por ahí como fantasmas, son muertos que flotan. Ya no acechan, se acomodaron o se apilaron y no se quieren tener en cuenta. La violencia ha dejado que todos vayamos muriendo de a poco. Los seres queridos asesinados por los violentos también masacraron a sus familiares, a la memoria. Quizás el perdón esté vivo. El arte no deja morir los hechos, pero más que ello, los sobrevivientes de la violencia no podrán jamás olvidar y narran, cuentan, apalabran el mundo y nos muestran su rostro, y desde sus soledades comprendemos lo trágico de los sucesos de nuestros tiempos.
 
Dice la Asociación de familiares y víctimas de Trujillo (Afavit): Tenemos recuerdos porque la vida lo merece, tenemos recuerdos porque no queremos el olvido. Hablamos acerca de nuestra historia, ¿Por qué si no lo hacemos nosotros entonces quién? Hablamos porque, si no, los recuerdos se hunden en el abismo oscuro del olvido.
 
En este relato, usted podrá conocer a doña Ludivia Vanegas, madre del silencio, Magdalena por el Cauca, familiar víctima del conflicto en Trujillo, Valle, donde no cesa la violencia.
 
He acá parte de su historia en su propia voz:
 
Cuando surgió la violencia vivía en la vereda Bajocaceres, yendo para la Sonora. En la actualidad vivo en el parque Monumento. La violencia más dura fue en el 90. Surgió a raíz de una manifestación que se hizo en 1989, donde salían todos los carros llenos de campesinos a Trujillo. Estando en la plaza, de noche, dijeron que en esa manifestación había guerrilla infiltrada, entonces la policía comenzó a disparar. La gente se asustó, corrió, los niños, las señoras, los ancianos, entonces, el padre Tiberio abrió las puertas de la iglesia para que entraran.
 
De ahí fue que después cogieron al padre Tiberio, sacaron a la gente de la vereda la Sonora y de todas esas partes. Lo que le sucedió a mi hijo Franklin Echeverry, de 18 años de edad, es que lo encontré de sorpresa tirado en un carro de una funeraria. En ese instante pues de verdad yo no presté atención, de tantos nervios tal vez, no sabía que le había sucedido a mi hijo hasta cuando sacaron los restos, que echamos de ver que estaba todo torturado, en la carita sí lo encontré que estaba todo aporreado, amarrado, las torturas más letales las vimos cuando sacamos el cuerpo. Yo en ese instante que encontramos a mi hijo sentí morirme a mi hijo, pensé que era como un mal sueño.

También aprovecho esta oportunidad para decirles a las personas que hacen todas esas cosas, ¡Que si es que no sienten remordimiento! ¡Que si es que no tienen familia¡ que miren que no le quitan la vida al ser querido sino que poco a poco se la van quitando a los que quedamos vivos. En nuestro corazón siempre queda ese sufrimiento de haber perdido a nuestros seres queridos.
 
No solamente en ese tiempo sucedieron cosas horribles, todo eso sigue sucediendo hasta hoy. En Puente Blanco no dejan estudiar a los jóvenes por los pasquines que mandan, papeles, pasquines como le decimos nosotros los campesinos. ¡¡Dejen estudiar a los niños, a los jóvenes, dejen a los campesinos tranquilos!! Eso es una cosa muy horrible uno no poder tener tranquilidad después de tantos años de vivir en la violencia, aún seguimos en la violencia. Trujillo es un lugar muy lindo.
 
La vida sin violencia en Trujillo es muy linda. Anteriormente había café, plátano, mora, tranquilidad, había mucha prosperidad. Eso salía uno al pueblo y esas calles eran llenas de gente, la galería donde yo más entraba, era muy amable, todo se veía muy alegre, las señoras haciendo el sancocho. Después de esa violencia, sí sale la gente, pero vayan y pongan cuidado a Tierra fría, ni mora hay o algún producto. Hay mucha pobreza, ya la gente no se ve como tan alegre sino toda triste ¿Por qué? Porque hemos perdido muchos seres queridos, ya no es lo mismo, somos muy amables, pero de verdad en los rostros se les ve a las personas cuando hemos sufrido la violencia. Es un pueblo muy bonito, Trujillo tiene cosas para mostrar, muchas bellezas: la gente, el río, la naturaleza, el agua, todo muy lindo. Sino que personas inescrupulosas destruyen las cosas bonitas que hay en Trujillo.
 
Las personas violentas en Trujillo son todos aquellos que no tienen corazón para hacerles el daño a los demás. Las personas violentas son todos aquellos que no miden las consecuencias de los actos que hacen. Por ejemplo, el mayor Alirio Urueña, ¿porqué llevar sus soldados? ¿Porqué generar esas violencias? Por tener el placer del poder. El Alacrán, Henry Loaiza, por tener dinero, inducir a los jóvenes a las drogas. Diego Montoya, que dicen que es inocente, ¿cómo va a ser inocentes? Ellos tenían poder, ellos conseguían personas para matar, con tanto dinero mandan y hacen lo que sean. Ellos así estén en la cárcel siguen haciendo lo mismo, ellos mandan, ellos no tienen corazón para mandar a matar a los demás. Diego Montoya, mantenía muchos rencores con la guerrilla porque una vez los interceptaron y le mataron a un guardaespaldas y por unas rencillas de unas caletas que les habían sacado, eso es entre ellos, entonces nosotros los campesinos pagábamos, nosotros inocentes pagamos por los pecadores.
 
El dolor lo superamos en parte con nosotros estar organizados en una asociación de víctimas, Afavit. El colectivo de abogados José Alvear Restrepo nos ayudó a hacer un salón, donde podemos reunirnos todos los de la junta. Acción Social también nos dio para hacer un salón para poder reunirnos, la hermana Carmen, a Fabio Serna, el padre Javier y muchos nos ayudan, el abogado Carreño, nos está acompañando en este proceso, por la colaboración de ellos podemos seguir adelante en esta asociación
Nosotros somos las Magdalenas por el Cauca a razón de lo bíblico, ¿qué hacían las Magdalenas? Llorar la pérdida de sus seres queridos, nosotras queremos rescatar a todas las personas que tiraron al río. En sí yo no lo he podido experimentar, esa sensación de olvido, pero el maestro Gabriel con esa idea, nos ha puesto a vivir con más esperanza, con las fotos, así aprendemos a vivir a construir, sin olvidar, con memoria. Magdalena lloró amargamente, así somos nosotras: lloramos la ausencia de nuestros seres queridos, por eso somos las Magdalenas.
 
Es posible que surjan de nuevo masacres, pero se pueden evitar, pidiéndole mucho a Dios, orando mucho, para que esas personas no tengan un corazón de piedra sino de carne. Que dejen tantas atrocidades, ellos nacieron de una mujer, tienen padres, ellos tienen familias, y no creo que les guste que les sucediera lo mismo que a los demás.
Uno siente muchas veces temor de comunicar estas cosas, de verdad que sí, nosotras apenas es que venimos a responder lo que nos están preguntando. El temor a que nos hagan daño a nosotros y nuestros seres queridos es muy grande. En Trujillo sigue la violencia y las torturas, no tan masivamente como esa noche que sacaron toda, pero sí las hacen.


Yo tengo una esperanza en que en un futuro, sea un Trujillo de Paz, armonía, justicia y que haya mucha paz para todo el mundo y que tengamos mucho amor para todo el mundo.

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