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| 1/1/2001 12:00:00 AM

En Perú, después de la crisis política La lucha continúa pero... ¿contra quién?

Tras la caída de Alberto Fujimori, la oposición unida que lo derribó podría ahora fragmentarse ante las elecciones del 9 de abril del 2001 Carlos Alberto Fuentes.

Lima, Perú.- Una semana después del harakiri político del ex presidente peruano Alberto Fujimori, la bruma de desconcierto, desconfianza y decepción que ha dejado su destitución por "incapacidad moral", no termina de despejarse ante los acomodos y reacomodos de los diferentes sectores políticos que provocaron su caída, ahora de cara a las elecciones adelantadas convocadas por el propio Fujimori para el 9 de abril del año

2001.

Así, en medio de mutuas recriminaciones de los herederos de las ruinas del fujimorismo y de masivas renuncias a su otrora poderoso bloque parlamentario, la lucha contra Fujimori y su cuestionado asesor Vladimiro Montesinos, que unió a los entonces grupos opositores, ya no es el objetivo común que los unió y ahora cada cual trata de mejorar su propia posición.

Y es que la historia de América Latina en general, y la del Perú en particular, demuestra una y otra vez que en política más vale ser historiador que profeta, pues en este momento ninguno de los líderes opositores que se atribuye la caída del gobierno de Fujimori, podría considerarse como favorito para los comicios venideros.

Si bien a nivel institucional la crisis política parece resuelta con el encumbramiento del presidente del Congreso Unicameral, Valentín Paniagua, como gobernante de este país de 25 millones de habitantes, en el plano político la definición del gabinete ministerial que lo acompañará en su gobierno de transición hasta el 28 de julio del 2001, se ha convertido en un crucigrama difícil de resolver.

¿El motivo? La distancia que han comenzado a tomar de Paniagua -y por consiguiente de los resultados de su gobierno, por más transitorio que sea- los partidos que lo apoyaron, primero para su elección como presidente del Poder Legislativo y luego como gobernante tras la destitución de Fujimori y la obligada dimisión de sus vicepresidentes.

Para nadie es un secreto que es poco lo que podrá hacer Paniagua para atenuar siquiera la grave crisis económica y social que afecta a los peruanos, que agobiados por el desempleo y la recesión, exigen soluciones inmediatas a sus problemas.

Tampoco es un secreto que, en consecuencia, el descontento, los bajos sueldos y los despidos en los sectores público y privado continuarán en los ocho meses de su administración. Obviamente nadie quiere compartir esta responsabilidad que de una u otra manera afectaría a sus aspiraciones electorales.

Javier Pérez de Cuéllar, ex secretario general de las Naciones Unidas, ex candidato presidencial derrotado por Fujimori en los comicios de 1995, y considerado uno de los peruanos más ilustres, ha sido designado por Paniagua como jefe del Gabinete Ministerial que en las horas siguientes debe dar un "shock de confianza" que frene la corrida de ahorros e inversiones ocurrida antes, durante y dspués de la caída del fujimorismo.

Su primera mirada la dirigió a los grupos políticos que de un día para el otro dejaron de ser oposición, pero que se niegan a convertirse en oficialistas ante el desgaste que pueda acarrearles.

Si bien no se dice públicamente, habría un absoluto rechazo de la mayoría de estos grupos (Perú Posible de Alejandro Toledo, Frente Independiente

Moralizador de Fernando Olivera, Somos Perú del alcalde limeño Alberto Andrade y Partido Aprista del ex presidente Alan García) de "prestar" a sus técnicos o militantes para formar una especie de gobierno colegiado para apoyar a Paniagua.

Además la reformada legislación electoral establece que cuatro meses antes del proceso, ningún candidato debe ejercer cargo público alguno, y son pocos los que estarían dispuestos a dejar de lado una eventual postulación parlamentaria por un cargo ministerial efímero, sobre todo teniendo en cuenta que las agrupaciones que apoyaron a Fujimori están prácticamente fuera de carrera y han dejado la cancha libre.

Por eso Paniagua y Pérez de Cuéllar han terminado por convocar a técnicos sin vinculación política y a políticos "jubilados" sin aspiraciones electorales.

En qué medida un gabinete de estas características logrará generar confianza, dar las seguridades que tanta falta hacen y estar en capacidad de negociar con los agentes económicos y atraer nuevamente las inversiones extranjeras, es una pregunta sin respuesta. Lo es también cuánto durará la tregua primaveral que los ex grupos opositores puedan brindarle al régimen transitorio.

Hasta antes de la caída de Fujimori y Montesinos, éste era el objetivo común de toda la oposición peruana. Ahora, con Alberto Fujimori en Japón, a miles de kilómetros de distancia, inubicable al igual que su cuestionado asesor Vladimiro Montesinos y con los grupos que lo respaldaban agonizantes en medio del vendabal de graves acusaciones de corrupción que los envuelven, la ex oposición peruana no tiene rival al frente a quién mirar, no existe por el momento el argumento de culpar "al gobierno" de todos los males.

Motivo más que suficiente para que muchos analistas y la misma población estimen que será muy difícil que se logre una candidatura única de consenso de la ex oposición, pues llegará el momento en que nos les quedará sino mirar al costado y enfrentarse entre sí.

Las aspiraciones presidenciales y parlamentarias con miras al 9 de abril del 2001 son muchas.

El líder del Frente Independiente Moralizador, Fernando Olivera Vega, fue quien difundió el video en que se observó al entonces asesor presidencial, Vladimiro Montesinos, pagando una coima al congresista Alberto Kouri, de Perú Posible, para que se pase a la bancada fujimorista. Esta fue la bola de nieve que desencadenó el alud que semanas después sepultó a Fujimori.

Olivera no ha perdido tiempo en adelantar sus aspiraciones presidenciales y enfilar sus baterías contra Alejandro Toledo por lanzar su candidatura desde París y llamar a la unidad de la oposición peruana para respaldar una candidatura única... siempre que sea la suya.

Otra opción que se baraja es la del actual Defensor del Pueblo, Jorge Santiestevan de Noriega, una personalidad de mucho prestigio cívico y moral que intenta ser convencido por partidos más pequeños como el Popular Cristiano y Renovación.

A esta opción podrían sumarse Unión por el Perú, el partido de Pérez de Cuéllar, y Acción Popular de Valentín Paniagua.

Aunque algunos militantes acciopopulistas se sientes fortalecidos tras la súbita presidencia de Paniagua y han comenzado a buscar su propio candidato, incluso mencionan al ex presidente Fernando Belaunde para que aspire a un tercer mandato a pesar de sus 89 años.

Un dato interesante es que Acción Popular solo alcanzó tres parlamentarios en el actual Congreso Unicameral. Uno de ellos es Paniagua que ocupó el puesto 119 en la votación general del total de 120 congresistas, es decir, penúltimo.

Otra opción es la del Partido Aprista. Al momento de escribir estas líneas se comentaba la inminencia del retorno del ex presidente Alan García, quien desde abril de 1992 se encuentra asilado en Colombia, pero que reside la mayor parte de tiempo en París. El liderazgo de García en su agrupación es innegable, pues no existe otro líder que pueda competir con él.

Entre otros nombres que se mencionan figuran el del empresario Roque Benavides, presidente de la Confiep, el gremio que agrupa a las empresas más poderosas del país, y Lourdes Flores Nano del Partido Popular Cristiano.

En la vereda del frente, el panorama es sombrío.

Difícilmente las tres agrupaciones que formaron la ex alianza oficialista (Cambio 90 - Nueva Mayoría - Vamos Vecino), podrán articular una alternativa electoral aceptable por un sector amplio de la población.

Parece cumplirse el hecho de que el fin de Fujimori es el fin del fujimorismo en el Perú. Así estan las cosas en el Perú de hoy.
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